Redes Invisibles ¿A quién estás ayudando a salir de la pobreza?

Las palabras más mencionadas en relación a las personas pobres fueron miedo, hambre, villa y culpa
Las palabras más mencionadas en relación a las personas pobres fueron miedo, hambre, villa y culpa
Micaela Urdinez
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13 de junio de 2019  • 12:03

No importa quién seas ni cuál sea tu condición social, la pobreza genera muchos sentimientos encontrados. Cuando uno toma contacto con la exclusión, la marginalidad y la urgencia de una sola persona, no puede permanecer indiferente. Algo se modifica, surgen preguntas, y en algunos casos, la necesidad de actuar.

En los focus group que realizamos para el proyecto Redes Invisibles, las palabras más mencionadas en relación a las personas pobres fueron miedo, hambre, villa y culpa. Miedo a lo diferente, miedo a lo que no terminamos de entender, miedo a poder caer en la pobreza, miedo a no saber cómo acercarnos a alguien con una realidad distinta a la nuestra. Pero también culpa por sentirnos privilegiados de tener más confort que otros, culpa "porque tuvimos la suerte de nacer en otro lugar" o culpa por no estar haciendo lo suficiente para ayudar a otros.

Esta mezcla de sensaciones que surgen a partir de la desigualdad social también está reflejada en el relevamiento que la consultora Voices! realizó en 2019 a nivel nacional. Allí las más relevantes fueron la tristeza (40%), la preocupación (38%), las ganas de hacer algo (28%) y la impotencia (27%).

Más allá de los fuertes prejuicios que existen en relación a los pobres, también es cierto que hay muchas personas genuinamente preocupadas por la situación actual y con ganas de comprometerse. El desafío es tomarnos el tiempo de preguntarnos cuál es la mejor manera de ayudar a las familias más vulnerables.

A una persona pobre no le falta solo plata. También necesita una vivienda digna, calles de asfalto, acceso a servicios, tener una escuela cerca y referentes que la ayuden a poder salir adelante. Por eso donar plata no alcanza para romper con el círculo de pobreza.

Muchas veces los pequeños gestos son los que hacen la diferencia. Incluso, los que hacemos sin darnos cuenta del impacto que pueden tener en la vida de los demás. Un consejo dicho al pasar, ejercer con pasión la profesión sin saber que eso puede inspirar a otros, escucharlos, interesarnos por su realidad, intentar entenderla, abrazarlos, darles esperanzas.

Todas estas acciones cotidianas pueden abrir un mundo nuevo de posibilidades para otros que no cuentan con redes de apoyo o referentes que les muestren caminos diferentes. Que un joven de bajos recursos tenga alguien que lo acompañe a anotarse a la universidad, a quién preguntarle cómo se promociona una materia, cómo hacer un CV o cómo le conviene vestirse para su primera entrevista de trabajo, puede ser fundamental para sus posibilidades de futuro.

Lo económico puede ser un complemento pero no lo fundamental para generar un salto cualitativo en la vida de las personas. Aportar para una beca para que un chico pueda terminar la secundaria, ser voluntario en una ONG o donar un elemento que otro está necesitando para llevar adelante un microemprendimiento, tiene que ser parte de un combo más profundo.

Otro capital enorme que podemos poner a disposición de las personas de contextos más vulnerables es nuestra "agenda de contactos". Lo que para nosotros está a un llamado telefónico de distancia, para ellos puede ser un trámite imposible que los deja sin una cobertura médica, un plan social, un trabajo en blanco o una vivienda digna.

Todos podemos ser parte de diferentes Redes Invisibles que hoy le están cambiando la vida a alguien. Solo hay que estar atento, ampliar la mirada, hacerse un tiempo para charlar con las personas que la están pasando peor, preguntarles qué necesitan y empezar a ser parte de la solución de sus problemas.

Darle el tiempo a un empleado para que se capacite o termine sus estudios, acercar a una persona al trabajo si no tiene movilidad, ofrecerse como tutor para que un chico de bajos recursos pueda ingresar en la universidad, dar talleres de oficios en villas o asentamientos para que los jóvenes puedan tener una salida laboral. Todo suma.

Es cuestión de romper prejuicios, bajar barreras y acercarnos desde un lugar humano en el que todos salimos ganando. Porque ellos también tienen mucho para compartir, para enseñar, para aportar en su paso por nuestra vida. Hay que poner a prueba la escucha, la empatía, la humildad, la paciencia y la perseverancia.

Vos, ¿a quién estás ayudando en este momento?¿Para quién fuiste fundamental en sus oportunidades de futuro?¿Qué aprendiste mientras ayudabas a otro? Compartí cuáles son tus Redes Invisibles y las diferentes maneras que conocés de luchar contra la pobreza. Mandanos un mail a redesinvisibles@lanacion.com.ar. Tu experiencia puede inspirar a otros a sumarse.

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