Sin final feliz. ¿Por qué muchas adopciones se truncan en el camino?

Las vinculaciones y guardas preadoptivas fallidas son más frecuentes de lo que se cree. Escuchar a los chicos, profundizar las evaluaciones y acompañar a las familias son los puntos claves
Las vinculaciones y guardas preadoptivas fallidas son más frecuentes de lo que se cree. Escuchar a los chicos, profundizar las evaluaciones y acompañar a las familias son los puntos claves Crédito: María Lavezzi
María Ayuso
Evangelina Bucari
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13 de mayo de 2019  • 20:39

Joaquín (16) y Nico (12) vivieron la mayor parte de su vida en hogares para chicos sin cuidados parentales de la ciudad de Buenos Aires. Durante diez años, esperaron "impacientemente" -así le dijeron al juez- encontrar "una mamá y un papá".

En 2017, el sueño parecía cerca de cumplirse: conocieron a un matrimonio, se mudaron con ellos y empezaron el proceso de guarda preadoptiva (el paso previo a la adopción definitiva). Pero la ilusión duró poco. La pareja se sintió sobrepasada y, primero, intentaron continuar solo con Joaquín, porque era el "menos problemático" de los dos. La fraternidad que había entre ellos, no lo hizo posible y el 22 de diciembre de ese año, fueron llevados de regreso al hogar.

Los fracasos en los procesos de vinculación -cuando el niño o niña y la posible familia adoptiva empiezan a conocerse- y durante la guarda -que implica la convivencia y dura un mínimo de seis meses-, son más frecuentes de lo que se cree.

Aunque ambas etapas fueron pensadas como un "período de prueba", los especialistas en el trabajo con niños, niñas y adolescentes privados de cuidados parentales, coinciden en que es fundamental destinar todos los recursos necesarios a evitar que estos desencuentros sucedan, por el duro impacto emocional que provoca en los chicos (ver aparte), con historias atravesadas por la violencia y la vulneración de sus derechos.

Según cifras del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad, el año pasado se acompañaron 188 procesos de adopción, que involucraron a 272 chicos, y se produjeron 11 desvinculaciones de 15 de ellos. La mayoría fueron durante la etapa de vinculación. Por otro lado, datos del Ministerio Público Tutelar porteño indican que en 2017 egresaron de los diferentes hogares un total de 109 chicos y chicas con guarda preadoptiva y las desvinculaciones fueron 23: el 87% correspondió a adolescentes y el 13% restante, a grupos de hermanos.

Para Yael Bendel, asesora general tutelar del Ministerio Público Tutelar, "los números de las devoluciones son alarmantes". "Un niño devuelto es un niño nuevamente abandonado, y el abandono es un maltrato emocional muy difícil de revertir", sostiene Bendel, quien plantea que la adopción siempre tuvo una mirada adultocéntrica y esto exige un cambio cultural. "El derecho es de los chicos a tener una familia -afirma-, no de los adultos a tener un hijo".

Trabajar fuertemente con los postulantes de los registros y su "disponibilidad adoptiva", para que comprendan cuáles son las características de los chicos "reales" que esperan en los hogares; fortalecer el proceso de evaluación y selección y profundizar el acompañamiento con equipos especializados durante todas las etapas, son para los referentes algunos de los desafíos.

Pero también lo es poner el foco siempre en las necesidades, deseos y respeto a los tiempos de los chicos y chicas, preparándolos para ese momento de sus vidas y acompañándolos.

"Hablo de 'devolución' en lugar de fracaso porque me parece que fracaso es una palabra demasiado suave y liviana para el daño que estas situaciones provocan en el niño", detalla Fabiana Isa, psicóloga y coordinadora general del programa de extensión Atención de Niños Privados del Cuidado Parental de la Facultad de Psicología de la UBA. Y describe: "Lo pienso en la línea de la metáfora digestiva: si un niño entra en el circuito de hijo no sería pasible de una devolución, pero a este niño que no pudo ser asimilado se lo devuelve a modo de algo fallado".

Según Isa, es fundamental el proceso de "evaluación de idoneidad parental", donde tiene que indagarse no solo la disponibilidad económica y física de los adultos, sino también la afectiva y emocional, brindándoles información veraz sobre las necesidades de los chicos que esperan en encontrar una familia.

En esa línea, Lucas Aón, a cargo del Juzgado Civil Nº 25 de CABA, explica: "Es muy importante el trabajo que hace el juzgado cuando elige a la familia, así como poner en conocimiento de los postulantes las historias de los chicos, en general muy duras. Les contamos absolutamente toda la verdad. Algunos te dicen que les parece que no van a poder afrontar eso".

Para María Laura Casal, directora del hogar La Casita de Manos Abiertas, "sería esencial que los equipos de los hogares participen de alguna manera en la selección de postulantes, ya que somos quienes más conocemos a los chicos. Algo que casi no se hace".

No quemar etapas

Además de trabajar con los postulantes, los especialistas subrayan que es clave escuchar al chico respecto de sus deseos de cómo conformar la familia. "Antes de pedir las carpetas de los postulantes, le contamos todas las alternativas que existen, para ver qué es lo que ellos quieren", dice Aón.

Crédito: María Lavezzi

Los niños y adolescentes no siempre están listos para pensar en una familia distinta a la que conocieron. "Deberán estar preparados para este encuentro, informándolos de todo el proceso y respetando sus tiempos y sus necesidades", enfatiza Adriana Donato, directora Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Dnrua).

Justamente, el no haber tenido información clara ni preparado a las menores es lo que hizo que el proceso de adopción que iniciaron Grace y Pablo con dos niñas no prosperara. La situación superaba lo que ellos podían hacer.

Después de esperar años, esta pareja se presentó a un llamado a convocatoria pública de dos hermanas de 11 y 14 años. Al conocerlas, sintieron que todo iba a ser perfecto, pero la mujer asegura que las chicas no estaban del todo convencidas de que una adopción era lo mejor para ellas. Las chicas guardaban ilusiones de regresar con su familia de origen, quienes al poco tiempo las contactaron por las redes sociales. "Decidir que no podíamos seguir adelante fue el momento más duro de mi vida, pero era lo mejor", asegura Grace.

Actualmente las nenas viven en el hogar donde las conocieron y Grace y su marido se transformaron en sus referentes afectivos.

Isa dice que hay un momento previo a la vinculación muy importante: "Es el primer encuentro, que llamo 'cita a ciegas', donde hay fantasías desde los dos lugares. Allí tiene que haber una decisión de volver a verse". Y agrega: "No hay que quemar etapas. Hay que darles la posibilidad a los chicos de elegir, y no la sensación de que es el último tren".

Los especialistas coinciden en que construir el vínculo requiere tiempo, paciencia y esfuerzo. Aquí aparece otro factor clave: el acompañamiento durante todo el proceso preadoptivo y adoptivo. En el momento en que los padres empiezan a sentir que no son capaces de manejar el problema (lo que suele ocurrir durante la convivencia) tienen que hacerlo saber y pedir ayuda.

Para Rosa Cabral, abogada especialista en derecho de familia y miembro del Poder Judicial, la vinculación "es un tsunami que arrasa con las expectativas de todos los involucrados", por eso, se necesita el sostén de un equipo interdisciplinario, "un recurso que el Estado no provee". "Debería ser externo al juzgado, porque el juzgado es contralor y, entonces, el postulante no va a querer poner todas las quejas o sentirse libre de decir lo que siente", opina Cabral.

Desde el Dnrua explican que cuentan con un "Programa de apoyo técnico y acompañamiento a familias para los períodos de vinculación, guarda y adopción". En estas dos últimas etapas, el acompañamiento se brinda a petición de los adultos, ofreciendo un espacio de escucha y reflexión. En la Ciudad, el Ruaga creó en 2017 un equipo de acompañamiento de vinculación: "Desde el momento en que se conocen los postulantes con los niños tenemos un equipo de apoyo 24 horas", dice Karina Leguizamón, presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la ciudad de Buenos Aires.

Respecto a la posibilidad de establecer sanciones para aquellos postulantes que devuelven a los chicos, Bendel, sostiene: "Consideramos que deberían quedar fuera de los registros de postulantes. Algunos juzgados lo han hecho".

Cuando regresaron al hogar, Nico y Joaquín contaron que esos papás no tenían paciencia, que eran muy exigentes y que no los acompañaban en el juego y en lo deportivo.

El fracaso para ellos fue muy duro. "Cuando Joaquín se dio cuenta que la guarda se iba cayendo porque su hermano era muy travieso y los adoptantes no sabían cómo manejarlo, se puso muy mal, pedía por favor una oportunidad. Los hermanos estaban desesperados por una familia, dispuestos a aguantar", recuerda Carolina Paladini, defensora pública de menores e encapaces a cargo de la Defensoría N° 7 de CABA.

Los chicos tuvieron su revancha. Gracias a una convocatoria pública que difundió LA NACION encontraron una nueva familia. "Cuando les empecé a contar a esa pareja cosas de los chicos y les leí la carta de agradecimiento que ellos le habían escrito al juez después de saber que tendrían otra oportunidad, se emocionaron de una forma que ya mostraba que eso iba a funcionar", cuenta Paladini.

Y concluye: "Me impresiona que chicos de 16 y 17 años sigan pidiendo una familia, no pierden esa ilusión a pesar de haber sufrido más de un abandono".

Las marcas en los chicos: cómo lograr que vuelvan a creer

"¿Qué pasa que nadie nos quiere?", "¿tenemos que separarnos?"; "¿por qué nos vuelven a abandonar?". Natalia tiene 29 años, pero recuerda como si fuera hoy lo que sintió a los 12, cuando una guarda fallida la hizo volver, junto a una de sus dos hermanas, al hogar de chicos sin cuidados parentales en el que vivían. Era la más grande; la seguían Malena, de 9, y Cristina, de 6.

A la distancia, sabe que fue lo mejor. "A la única que querían era a mi hermana del medio, que se quedó con ellos. La más chica y yo éramos un estorbo, nada de lo que hacíamos o decíamos les gustaba", sintetiza. Al volver al hogar, Natalia fue la más afectada: "No quería ir a la escuela, había perdido todo tipo de interés", cuenta.

Para estos chicos, atravesar una nueva situación de abandono es muy doloroso. "Suelen experimentar conductas depresivas o equivalentes, como trastornos en el sueño, en la alimentación, desinterés por lo que antes les gustaba, dificultades escolares", describe la psicóloga Fabiana Isa. De ahí la importancia de trabajar para que no sientan que están "fallados" o que "son culpables", advierte la especialista.

Sacar las culpas

Carolina Paladini, defensora pública de menores e incapaces de la Ciudad, subraya que estos niños y niñas "quedan con muchísima vulnerabilidad psicológica, con mucho miedo a iniciar una nueva vinculación", por lo que "en el marco terapéutico hay que enfocarse en qué significó esa devolución y buscar estrategias para que se rearmen".

Sin embargo, Isa aclara: "A la larga, para muchos chicos una devolución es lo mejor, porque estar condenados al desamor deja marcas subjetivas tremendas". Es lo que hoy piensa Natalia, que hace más de 16 vive en una familia que la quiere, donde pudo saber cómo era ser realmente una hija. Lo que lamenta es haberse separado de sus hermanas, a quienes volvió a ver de grandes.

Esa es una de las situaciones más difíciles para un grupo de hermanos. "Es terrible que la Justicia lo permita. Ese niño que quedó va a cargar consigo el terror de que, en algún momento, cuando haga algo que no cierre, va a tener el mismo destino que sus hermanos que fueron devueltos", señala Isa. Además, considera que "esa actitud expulsiva habla de la inconsistencia de esos adultos y de su imposibilidad de armar otros recursos".

La psicóloga agrega que a los equipos profesionales esto, por lo general, "los afecta mucho", ya que lo viven como un fracaso y, a veces, no quieren volver a exponerse ni exponer al chico. "Pero lo peor que le puede pasar es que lo olviden", dice. Por eso, destaca que es clave "poner rápido la escucha en el niño".

Paladini también conoce de cerca el desafío: "Vi caritas de mucha desilusión, de mucho dolor -relata-. Muchas veces, los niños y niñas ni se lo imaginan, están tan ilusionados y enganchados con la fantasía de la familia que les cae de sorpresa. Otras, te lo dicen directamente".

Por ejemplo, Francisco, que hoy tiene 13 años y una familia, tuvo a los 11 una guarda fallida. Vivió por algunos meses con una mamá, que tenía una vida muy tranquila, en un departamento, cuando él había aclarado que quería hermanos, una casa donde poder correr y jugar con mascotas. "Por supuesto, no funcionó, ni para él ni para ella -señala Isa-, que tenía expectativas de que al segundo mes el chico ya esté cursando felizmente en un colegio bilingüe".

A veces, el dolor hace que los niños desistan. "Tuvimos un caso de una adolescente que tuvo dos guardas frustradas y ella sola nos dijo que no quería intentarlo más, que prefería otro tipo de vinculación y nos pidió que sea a través de una referente afectiva del hogar", cuenta Paladini. "No insistimos -agrega-, porque ella nos dijo claramente que no podía atravesar un proceso así otra vez".

Laura Rubio, mamá adoptiva y especialista en la temática, advierte que "no es fácil sostener el dolor de un niño que no lo puede manifestar desde lo discursivo, sino en conductas y actitudes difíciles de comprender". Y recuerda: "Los niños que llegan a una situación de adoptabilidad no vienen de un 'lecho de rosas', son chicos sufrientes, con heridas emocionales y de las otras; a veces abusados, lastimados, vulnerados en sus derechos de modos que ni imaginamos, y a los que hay que ayudar a transitar esos duelos".

Para Laura Salvador, de la organización Familias por Adopción, adoptar implica comprender que ese chico es una persona ajena a nuestra familia, cultura y costumbres, y que el éxito tiene que ver con cuán flexibles y permeables podamos ser los adultos. "Estos niños, generalmente, vienen con una vivencia muy dolorosa. De la noche a la mañana, nadie puede cambiar la idea de lo que es una familia, y construir los vínculos lleva mucho trabajo, además de amor", concluye Salvador.

Desafíos para trabajar

1. Poner el foco en los deseos y necesidades de los chicos y chicas

No todos los niños y adolescentes desean tener el mismo tipo de familia ni requieren de la misma disponibilidad. Algunos, por ejemplo, prefieren familias monoparentales. En el caso de que tengan hermanos, la prioridad es siempre mantenerlos juntos o que puedan continuar con el vínculo una vez adoptados.

2. Garantizar una buena evaluación de los postulantes

Es muy importante asegurarse de que quienes desean adoptar cuenten con las suficientes herramientas para poder llevar acabo el proceso de forma positiva. Hay que explicarles cuáles son las necesidades de ese chico o grupo de hermanos. "No se puede enmascarar un trastorno y decir que ese niño lo único que necesita es mucho amor, porque además de eso va a requerir una disponibilidad emocional y económica para acompañar un tratamiento", dice la psicóloga Fabiana Isa.

3. Brindar información veraz sobre los menores

Respetar la identidad de cada niño, niña o adolescente debe ser prioritario. Se debe poner en conocimiento de los postulantes sus historias, que suelen estar atravesadas por múltiples violaciones de derechos. A partir de conocerlas, los adultos podrán manifestar si están dispuestos a acompañar a esos chicos, o no.

4. Acompañar durante todo el proceso de pre y postadopción

Generalmente, las mayores dificultades surgen durante la convivencia, es decir, en el período de guarda preadoptiva. La preadolescencia y adolescencia, también suelen ser etapas de más conflictivas, como ocurre con todos los hijos. Por eso, que exista un acompañamiento o asesoramiento a disposición de los postulantes, sea cual fuera el momento en que lo requieran, es clave.

5. Contar con más equipos especializados

Para los referentes en la temática de adopción, actualmente no existen suficientes equipos interdisciplinarios especializados en adopción que estén a disposición de las familias. Consideran que es fundamental la formación de pregrado, por ejemplo, en las carreras de psicología o psiquiatría infantojuvenil.

Propuestas para informase y buscar contención

Charlas y talleres gratuitos

"Lazos y vínculos" es uno de los talleres gratuitos que ofrece Laura Rubio Escuela de Adopción, dirigido a quienes estén transitando una vinculación o guarda. También dictan uno para familias que ya tienen la sentencia de adopción, para quienes necesitan asesoramiento legal y otros. Mail: laurarubiorr@gmail.com

Asesoramiento y convocatorias en CABA

El Ruaga tiene "talleres de espera" para postulantes y equipos de acompañamiento para vinculación, que funcionan las 24 horas. Además, el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes porteño lanzó una web para difundir convocatorias públicas de niños y adolescentes que esperan una familia. Línea 102.

Acompañamiento desde el Estado

En la Dnrua, se realizan charlas dirigidas a quienes desean inscribirse en el registro y encuentros para personas inscriptas, guardadores y padres adoptivos. Además, brindan apoyo en los períodos de vinculación, guarda y en la postadopción para quienes lo soliciten.

Sostenerse entre pares

La organización Ser Familia por Adopción tiene como objetivo fortalecer los procesos que restituyen el derecho de niños, niñas y adolescentes a tener su familia definitiva. Ofrecen capacitaciones, charlas y brindan información a quienes piensan en adoptar o están transitando el proceso.

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