Sobrepesca en el litoral argentino
Peligran las especies de la zona
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"Una crisis pesquera sin precedentes amenaza convertir al Paraná en un desierto de agua. Lo dicen los pescadores; lo confirman estudios científicos y lo comprueba la merma en las tallas, la menor cantidad de pescado más la pérdida de especies", comenta Jorge Capatto, coordinador nacional de la Fundación Proteger, creada en 1991, integrante de Amigos de la Tierra en la Argentina. En el país promueve la iniciativa el corredor de humedales del litoral fluvial, lanzada por la Convención Ramsar.
Las causas de tal pronóstico son la construcción de megaobras como es la de la represa Yacyretá; las grandes inundaciones; la contaminación y la sobrepesca generalmente depredadora.
"Esta es la mayor amenaza prevenible: entre 60.000 y 80.000 toneladas anuales de pescado, principalmente sábalo, se exportan en la actualidad a Brasil, Colombia, Bolivia, Nigeria y Sudáfrica, y desde hace poco también a Chile, Perú, Jordania y Rusia. Como una hemorragia imparable, el tonelaje anual no cesa de aumentar", dice Capatto.
El especialista comenta que junto con la merluza, el sábalo es hoy el pescado más exportado de la Argentina. "Pero hay una diferencia con la merluza -aclara-, los huevos y larvas del sábalo son indispensables como alimento de todas las otras especies de valor alimentario, deportivo y comercial como el surubí y el dorado entre las veinte más cotizadas."
Estrategias combinadas
¿Cómo se revierte esta crisis? En apariencia sólo será posible con el esfuerzo coordinado de todos los sectores: gobiernos, organismos de control y fuerzas de seguridad, pescadores artesanales y deportivos, organizaciones no gubernamentales, científicos, educadores, legisladores, empresarios turísticos, pequeños y medianos comerciantes de pescado y medios de comunicación. Según los especialistas, el fracaso sería de todos.
Capatto opina que la pesca deportiva ligada al turismo, por ejemplo, puede dejar más de 100 millones de pesos por año y muchos puestos de empleo en la región.
"Hoy -dice-, cuesta cada vez más pescar menos. Los pescadores de subsistencia suelen regresar con la canoa vacía. Con el colapso, miles de personas quedarían sin alimento y sin trabajo. Habríamos dejado matar la gallina de los huevos de oro para hacer una sopa distribuida entre muy pocos.
La salud, la ocupación y la calidad de vida de innumerables familias de escasos ingresos, dependen de que el río mantenga su capacidad de seguir entregando alimento de primera calidad por medio de la pesca.
Reponer recursos
"Sin embargo, la apetencia de unos pocos que pretenden extraer y exportar por encima de la tasa de reposición del recurso, presiona de diferentes modos con una mentalidad marcada por un cortoplacismo que va incluso en contra de la sostenibilidad de la propia pesca comercial", agrega Cappato.
Los cargamentos de pescado salen principalmente de San Javier, Cayastá, Santa Fe, Puerto Aragón, Gaboto y Rosario. En Entre Ríos, los principales puntos son Victoria, Diamante, Rincón del Nogoyá y Paraná. Prácticamente todas las especies se pescan y se comercializan fuera de medida. El pescado se traslada en camiones refrigerados pertenecientes -en su mayoría- a infractores reiterados, que compran piezas de tamaño menor a la talla reproductiva.
En la ruta, los camiones pasan los controles sin demasiados inconvenientes, hacia no más de 10 grandes frigoríficos del sur de Santa Fe y de Entre Ríos que exportan a Bolivia, Colombia, Brasil, Chile, Perú, Jordania, Angola, Nigeria y Rusia, entre otros países. En otros casos, al acopio lo hacen directamente camiones provenientes de países limítrofes, como Brasil.
En la práctica no existen cifras ciertas para cuantificar el negocio del pescado. Se estima que se exportan entre 60 mil y 80 mil toneladas anuales desde las provincias del litoral fluvial de la Argentina. El precio sería de entre 1400 y 1800 dólares la tonelada, lo que hace un negocio de entre 100 y 120 millones de dólares al año.
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