
“Todos tenemos algo extraordinario para aportar al mundo”
La cantante Isabelle Geffroy, más conocida como Zaz, cenó con personas en situación de calle en la Plaza de Mayo y compartió su compromiso con una educación que cuide del planeta y valore al ser humano
1 minuto de lectura'

Cae la tarde. 17 de marzo. Camina sola. Nadie la mira. Es una persona más. Vestido corto, saco y ojotas. Cigarrillo en mano. Así llega Isabelle Geffroy, más conocida por su nombre artístico Zaz, a la Plaza de Mayo. Lejos de los flashes, debajo del escenario, en contacto con la realidad social, es donde Zaz se encuentra con su esencia más pura. Sólo acompañada por algunos de sus músicos y equipo se mezcla entre carteles de Nunca más y Verdad, memoria y justicia , una cantante de tango a la gorra y transeúntes nocturnos.
La convoca la necesidad ajena y aportar lo propio para mejorar el mundo. Por eso además de apoyar al Movimiento Colibris con la venta de todo su merchandising, en cada recital lleva adelante una acción solidaria con una organización local. En Buenos Aires invitó a sus seguidores a sumarse junto a 1minutodevos a tejer cuadraditos de lana en el Luna Park, para después repartirlos entre personas vulnerables. Además, esta noche se prepara para apoyar la iniciativa Frío Cero de la Red Solidaria, que consiste en compartir una cena con personas en situación de calle y eso la pone feliz.
"Son las ganas de participar en la comunidad, de reunir, de transformar, lo que me motiva a cantar. Solos no podemos hacer mucho, pero si estamos juntos podemos hacer cosas increíbles. Y no necesariamente con dinero. Con dinero quizá pueda ser un poco más fácil porque abre puertas. Pero es sólo una herramienta. Mucho más lo hace el talento de cada uno. Y cada uno tiene un talento. No estamos en la Tierra para nada. La vida es tan extremadamente inteligente que no puede ser que no sirva para nada", dice esta cantautora francesa que fusiona la canción francesa con el gypsy jazz, a la vez que confiesa un pasado de enojo universal que luego dio paso a una mirada más constructiva.
— ¿Por qué hacer participar a las organizaciones sociales locales?
—Antes hacía merchandising, pero no había una historia detrás. La gente compraba la remera y no había ninguna explicación detrás de eso. Un día llevamos a una asociación al recital para que contara con pasión lo que hacía y de pronto la gente vio la posibilidad de llevar adelante cosas en su propia comunidad. Entonces ya no importa si estoy yo ahí, ellos se conocieron y reconocieron, y vieron la posibilidad de hacer cosas en su propia comunidad. Y todo empieza de golpe a tener sentido. De pronto encontramos el contexto humano, el vínculo. Esos encuentros humanos nos hacen sentir bien y que estamos vivos.
Se empiezan a preparar las mesas de madera sobre la vereda frente a la Catedral de Buenos Aires y Zaz quiere ayudar con todo lo que puede. Saluda con un abrazo al cocinero, corta los panes, pone la salsa de tomate en las ollas, acerca las paneras a las mesas. El menú es fideos a la boloñesa. Cuando Juan Carr le agradece por su participación, ella responde: "Esto es importante para mí. Yo estoy en la Tierra para esto". Se nota que su compromiso es genuino, fruto de una búsqueda que la llevó a tener una idea clara de cuál es su misión en el mundo. No se considera una persona de izquierda, sino una humanista que quiere respetar el mundo y a las personas.
"Cuando pensás en todos los elementos que tienen que darse simultáneamente para que pueda haber vida en la Tierra, cuando pensás que dos personas se encuentran y quizá nueve meses después nazca un bebe. Que estamos acá y podemos cantar, respirar, tocar. Es mágico. Nos acostumbramos, pero es mágico. Plantás una semilla y puede crecer un árbol que viva 1500 años. Es extraordinario. Hemos olvidado el sentido de lo sagrado de la vida. No nos enseñan ni en el colegio ni en la familia a explorar por qué estamos acá, a buscar lo más bello que hay dentro nuestro, el talento que todos tenemos. No debemos convertirnos en algo que nos indiquen y no es lo que nosotros queremos. Ni convertirnos en lo que el otro espera de nosotros. Todos tenemos algo de particular y extraordinario para aportar al mundo y hacer que este diseño sea cada vez más bello. Si hay cosas que no me gustan depende de mí hacer algo para que esas cosas se transformen y empiecen a gustarme. El simple hecho de intentarlo es sencillamente genial y te lleva a empezar a entender por qué estás vivo", dice esta joven de 34 años y un metro y medio de rebeldía positiva.
— ¿Qué sentido tiene hacer algo solidario en el mundo?
–Yo siempre supe que iba a ser conocida en el mundo. Y cuando sucedió me dije que quería tener un merchandising que sirviera para difundir un mensaje al mundo. Empecé a buscar en la agricultura, la educación, la infancia, la enfermedad. Hay tantas cosas que podrían estar mejor. Y fue ahí que me encontré con Pierre Rabhi, un ecologista campesino que es un visionario. Y también un filósofo que desarrolla la idea de sobriedad feliz. Concebir la vida como una manera de reducir voluntariamente el consumo y el impacto que tiene ese consumo sobre la Tierra y la ecología. Era un campesino que vivía bien de lo que producía, y que entendía que en la naturaleza hay que respetar los ciclos de la vida para que podamos tener buenos alimentos y vitaminas.
Zaz es un diminutivo de Isabelle. Algo así como alfa y omega, la primera y la última del alfabeto. Le gustó ese nombre porque se relaciona con el concepto de ciclo: lo que se muere vuelve a renacer más tarde, en otra cosa. Parecido al proverbio chino que sostiene que el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. Todo está conectado y por eso cada acción, por más mínima que sea, tiene un impacto en la salud del planeta y el bienestar general.
Su encuentro con Rabhi la adentró en el Movimiento Colibris –colibrí– que promueve otra visión del mundo actual. Propone organizarse y crear proyectos educativos, ligados a la agricultura y que tienen que ver con la autosustentabilidad. A ese movimiento se va toda la venta de sus remeras y merchandising en general.
"Somos parte de la sociedad y si queremos cambiar algo verdaderamente, hay que entrar en el sistema. Esa es la elección que yo hice. Conocí a Colibris, que tiene una enorme cantidad de proyectos, alternativas a la educación, la cultura, el hábitat, proyectos respetuosos del ser y de la Tierra, cosas muy simples de llevar a cabo. Y lo que hace falta es comunicarlo y darle a la gente una cantidad de herramientas y dispositivos que revelen qué cosas podemos hacer y de qué manera. A través de la música lo que quiero hacer es que la gente vea esto y que se pueda reconocer en todo esto que digo y canto", explica Zaz con un entusiasmo explosivo. Una frase tras otra. Casi no respira. No hay lugar para repreguntas. "Y el problema de todo esto es el reconocimiento. Porque cuando no somos reconocidos en lo que hacemos se crea estrés, angustia y una sensación de injusticia porque no tenés un lugar en el mundo. Y en vez de hacer que la gente sea lo que nosotros queremos que sea, tenemos que ayudarlos a desarrollar lo que verdaderamente son. Nos hacen creer que vivimos en un mundo material, pero somos seres sensibles por sobre todas las cosas. Por eso vamos a crear una fundación donde podamos también recaudar dinero para hacer este tipo de proyectos. Queremos hacer festivales para que mucha gente pueda reunirse y conocerse, queremos hacer conciertos donde también haya arte y mucha solidaridad. Y que la gente pueda entender que otra pedagogía es posible, que sea más respetuosa, que haga el bien, que permita a la gente ser reconocida por lo que es. Creo que cuando aprendemos a conocernos a nosotros mismos, a aceptarnos, eso crea una apertura y hace que puedas vivir mucho más fácilmente en esta vida. Sos más consciente y más apto de reaccionar a tu entorno. Cambiando vos, cambiás al mundo."
Cuando todo está listo, Zaz se sienta en la cabecera de la mesa para conocer las historias de estas 50 personas que tanto la conmueven. "Sos hermosa", le dice a una señora que le regala una sonrisa a su lado. En un español rústico y haciendo señas con las manos, ambas entablan una conversación que va más allá de los idiomas, las culturas, los estereotipos. Son dos almas que se encuentran.
—Contanos qué va a pasar aquí esta noche para vos.
—La gente se reúne en esta plaza. Gente en situación de calle, que tiene necesidades. Y gente de otras clases sociales que quieren compartir algo. Y compartimos algo donde ya no hay una clasificación. Somos sólo humanos que queremos compartir algo. Cocinamos juntos, servimos la comida juntos, comemos todos juntos. Y siento que hay una dignidad de humano a humano. Dejamos de pertenecer a una clase social. Todos tenemos ganas de conocer al otro y la necesidad de estar juntos. Si reaccionamos, las cosas pueden cambiar muy rápido, la energía del amor puede hacer esto. La palabra amor fue tan bastardeada y por eso es complicado usarla. Pero lo digo en el sentido de esa energía, y esa sensación cuando te sentís bien con alguien, sentís que hay un respeto y no hay juicios. Es genial cuando alguien te ama incondicionalmente y amás igual. Uno de los problemas del mundo es que no sabemos amar incondicionalmente. Amamos con la condición de que el otro corresponda a nuestros criterios. Pero el amor no es eso, es amar al otro tal cual es. Muchos de los problemas que tenemos es porque no nos aceptaron tal cual somos y eso puede generar enormes traumatismos. Si vos te aceptás a vos mismo como sos, no vas a ir a juzgar al otro según tu criterio. Y la paz es parte de eso. La paz dentro tuyo es una sensación muy envidiable. Y el mundo necesita ese tipo de amor incondicional. Cuando mirás al otro no conocés su historia, no sabes nada de él, no podés juzgarlo por su apariencia. Puede ser que esa persona haya sido un gran guerrero, cuando conocés a alguien no tenés que tener aprioris. Ahí es cuando algo bello puede pasar entre dos personas y poder realmente
aprender del otro.
—Es cierto que a veces sentimos que no podemos hacer nada para cambiar algo de la realidad, pero tu testimonio hace pensar que estamos equivocados.
—Nosotros dentro nuestro tenemos un poder enorme. Y sin embargo muchas veces lo abandonamos y dejamos de lado, creyendo que alguien nos va a salvar, que alguien va a hacer algo por nosotros. Yo creo que no va a haber un Jesucristo que va a volver, no hay gobierno en el mundo que vaya a crear lo que nosotros verdaderamente creemos que tiene que ser la realidad. Cada uno aportará lo suyo. No hay que esperar. Si no hacemos nada, el mundo va a ser noqueado. Yo tengo esa visión de hacer cosas ahora, de hacerlas yo. Eso me nutre y me entusiasma. Cada día cuando me despierto y veo una sonrisa, eso me entusiasma. Mientras sienta que no estoy sola y la gente me diga que cuando canto sienten que les estoy hablando personalmente y eso los ayude a reaccionar, y a no sentirnos nunca más víctimas, estoy feliz. No somos víctimas, elegimos ser víctimas. Yo me sentí una víctima durante mucho tiempo. Pero entendí que si quería cambiar, algo tenía que hacerlo yo.
Una guitarra y un bandoneón acompañan la voz dulce y enérgica de esta joven que está convencida de que puede mover montañas. Los comensales, que escuchan sus canciones por primera vez, acompañan con aplausos y grandes sonrisas. Es el poder de la música, el poder del amor. Termina el repertorio con la canción Historia de un amor que todos corean animados.
"Mi compromiso es tan grande y verdadero que a veces me da un poco de miedo. Y al mismo tiempo es lo que verdaderamente deseo. Un poco siento ganas de llorar porque esto es por lo que luché toda mi vida. Y por primera vez siento que estoy empezando a sentir que se materializa. Yo hago lo que sé hacer. Lo que me anima. Soy como todo el mundo. Salvo que hago lo que amo hacer. Y tengo la suerte de que a la gente le gusta. Pero todo el mundo es excepcional de alguna manera. Si cada uno logra reconocer eso excepcional dentro suyo es capaz de hacer milagros. Es extraordinario a los límites que puede llegar. Porque entonces nos sentimos justos, exactamente en nuestro verdadero eje, y todo comienza a ser más fácil, sano", dice Zaz, quien minutos más tarde come sus fideos (los suyos sin gluten porque es celíaca) mientras disfruta del momento. No tiene apuro, está donde quiere estar.
1
2Es ejecutiva en una multinacional y lucha por un mundo laboral más inclusivo: “Cuando decía que era sorda no me querían contratar”
- 3
María Migliore: “El solo hecho de crecer en un barrio popular define tu trayectoria de vida”
4“Sueño con verlo nadar en un Juego Paralímpico”: la campaña de una madre para que su hijo haga un tratamiento clave


