
"Un hijo es lo mejor que te puede pasar"
Por Fernando Arana Para LA NACION
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Cuando me enteré de que iba a ser papá tenía 17, y hacía un año y medio que estaba de novio con Pía. Yo estaba en quinto año del colegio secundario y empezando el ingreso a la Universidad. Pasaba casi todo el día en el colegio y cuando salía me dedicaba al deporte, rugby, futbol y natación.
Cuando Pía me contó la noticia mi primera reacción fue imaginarme como serían nuestras vidas a partir de ese momento, que cosas cambiarían y cuáles no. Tal vez la parte más difícil fue pensar cómo tomarían la noticia nuestras familias, que en definitiva terminó siendo la parte más fácil. Porque uno sabe que puede cambiar lo que sea por un hijo, pero no sabe cómo lo sentirán los demás.
Más allá de no estar ni un poco preparado para ser padre a esa edad, uno siente que lo puede ser sin problemas.
Por suerte todos en nuestras familias nos apoyaron en todo: su foco estuvo puesto en apoyarnos en nuestra función de padres sin meterse en nuestra relación de pareja. El poder contar diariamente con el apoyo familiar era indispensable para poder seguir teniendo una vida acorde con la edad que teníamos.
Recuerdo que cuando se lo dije a mi papá, más allá de lo que pudiera sentir por dentro, me miró y con su mejor sonrisa me dijo: "Voy a ser abuelo", y ése fue el alivio que necesitaba.
Desde que fui padre supe que Matías me había cambiado la vida. Empecé a tener una responsabilidad que antes no tenía. Porque saber que hay una persona que depende de uno, que quiere que estés a su lado, te dan ganas de mejorar tu vida y eso lo hicimos los dos con mucho gusto.
Debo reconocer que la situación de Pía fue más sacrificada que la mía. Teniendo el apoyo económico de nuestros padres yo pude continuar con mis estudios de contador y Pía fue quien más resignó para poder dedicarse más de lleno a su rol de madre.
Eramos chicos, sentíamos placer por lo que estábamos haciendo y si bien no hay un libro que te enseñe a ser padre o madre, las distintas circunstancias hicieron que fuéramos aprendiendo.
Siempre tuvimos en claro que no queríamos hacer las cosas por obligación y por eso decidimos no forzar nuestra relación de pareja. De hecho, recién 8 años más tarde elegimos casarnos y tuvimos 2 hijos más.
En la medida de lo posible la paternidad es un rol que hay que planificar y disfrutar. No hay que tenerle miedo ya que un hijo es lo mejor que te puede pasar.
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