
Una infancia tras las rejas
Las cárceles de la provincia de Buenos Aires muestran grandes déficits para responder a las necesidades de las mujeres que viven allí con sus hijos. Desde 2008, las madres con hijos menores de 5 años pueden gozar de prisión domiciliaria
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No todos los ingresos a la unidad penitenciaria Nº 31 de mujeres en Ezeiza son rejas con candados custodiadas por guardias uniformados. Hay cuatro puertas con decoraciones de papel maché que se llaman Cielitos, Nubecitas, Solcitos y Lunitas, que dan a las aulas del jardín maternal que funciona dentro de esta unidad penitenciaria federal.
En este establecimiento, inaugurado en 1996, las detenidas tienen la posibilidad de vivir en las unidades carcelarias junto a sus hijos menores de 4 años para fortalecer el vínculo madre-hijo. Ante esta realidad tan compleja, las cárceles deben redefinir las reglas de juego para evitar que los niños vivan como presos.
Si bien no existen cifras oficiales a nivel nacional, en la provincia de Buenos Aires ha aumentado la cantidad de mujeres alojadas en unidades penitenciarias. "Mientras que para 2007 representaba un número menor al 3%, para 2008 abarca el 4,1% del total de detenidos", explica el informe de 2008-2009 del Comité Contra la Tortura de Mujeres Detenidas en Unidades Carcelarias de la provincia de Buenos Aires, que depende de la Comisión Provincial por la Memoria.
El trabajo indica que el aumento de la población femenina es proporcional al crecimiento del número de mujeres detenidas alojadas junto a sus hijos y mujeres embarazadas. "Mientras que en mayo de 2008 se encontraban alojadas en la Unidad N° 33 de Los Hornos 60 niños, en abril de 2009 este número aumentó a 82 niños."
En la Unidad N° 31, una de las madres relata, mientras mece un cochecito, que dentro del penal, los chicos, en vez de jugar a la cajera de supermercado o a la secretaria, juegan a La visita, reproduciendo las visitas que reciben las presas. En el juego, además, incorporan vocabulario carcelario. "Celadora ábrame la reja", repite uno de los niños en pleno juego.
Esta institución alberga a 57 chicos y 8 mujeres embarazadas que viven en otro pabellón separado del resto de las mujeres detenidas. Alrededor de 44 chicos asisten al jardín maternal del penal. Cada madre tiene una pequeña celda individual compartida con su hijo. Según la última inspección de la Procuración Penitenciaria de la Nación, en esta unidad "queda en evidencia la no proyección arquitectónica de un penal destinado a reclusas con hijos".
Alrededor del 70% de las internadas en esta unidad está con causas por contrabando de drogas en las fronteras. Esto genera un gran número de extranjeras de regiones como América Central, Africa y Europa del Este que pierden sus lazos familiares por las distancias existentes. "En la unidad hay un curso de castellano a disposición de las internas extranjeras", expresa Juan Carlos Beltramo, director del penal. Además cuentan con otras ofertas educativas, laborales y de recreación como cursos de literatura, fotografía y serigrafía del grupo Yo no Fui.
Una interna búlgara de tez blanca, flaca, con piernas largas y jeans ajustados dice en un español dificultoso, mientras sostiene en sus faldas a su hija: "Ningún familiar me puede venir a visitar, y hablar con ellos se torna difícil. Yo trato de hablar en búlgaro con mi hija para enseñarle su idioma natal". Y agrega: "De todos modos nos tratamos de ayudar entre nosotras -las internas del penal-, compartiendo la ropa y otras cosas que falten".
Reforma legal
LA NACION tuvo la oportunidad de recorrer los pasillos de esta unidad. Al abrir la puerta de Cielitos se encontraban seis bebes de unos pocos meses en sus respectivos cochecitos. La maestra jardinera los observaba mientras ellos manipulaban objetos. En Solcitos, los chicos de un año y medio a dos y medio escuchaban música mientras la maestra les leía libros. "A esta edad incentivamos actividades que tengan que ver con el cuerpo u otras más plásticas", dice una maestra. En la sala había una caja llena de juguetes, figuras animadas que pendían de un hilo desde el techo y trabajos de los chicos empapelando las paredes. Beltramo dice: "Todos los cuadernos, lápices, la plastilina y otros elementos didácticos los provee la unidad penitenciaria".
Paula Litvachky, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), comenta: "El jardín y los pabellones separados son paliativos de la violación de derechos de los niños en situación de encierro. El derecho internacional dictamina que los chicos no deberían estar allí".
La reforma legal federal de la ley 24.660 en 2008 agrega en el artículo 33 el beneficio del arresto domiciliario en el caso de madres con hijos menores de 5 años. "El pleno goce de los derechos del niño y el encierro en las unidades carcelarias son una contradicción. Me parece utópico adecuar las cárceles para generar un ambiente adecuado para los niños", dice Laurana Malacalza, de la Comisión Provincial por la Memoria.
"El hecho de que haya un jardín en la unidad carcelaria de Ezeiza genera un mayor encierro de los niños que no satisface sus necesidades de sociabilización", expresa Malacalza.
Para paliar esta carencia, Mariana Barrios, jefa de Educación de la Unidad Nº 31, indica que los niños de dos años y medio hasta cuatro tienen la opción de ir a la mañana a la Sala de 3 años del penal y a la tarde trasladarse al Jardincito 919 de Ezeiza para conseguir más contacto con el mundo exterior.
María, interna paraguaya de la unidad con mirada sumisa, gel en el pelo y remera rosa con incrustaciones brillantes, dice mientras entrelaza sus manos: "Mi hija no se animaba a salir a pasear cuando la venía a buscar mi hermana. Tenía miedo de salir. Pero desde que un pastor saca a pasear a un grupo de chicos de la unidad, la nena se está empezando a animar".
Irregularidades
La realidad de pabellones separados y jardines maternales como se presenta en la Unidad Nº 31 no se repite en otras cárceles. De hecho, en la provincia de Buenos Aires, sólo la Unidad Nº 33 tiene pabellones exclusivos para madres con hijos.
El informe de la Comisión Provincial por la Memoria señala varias irregularidades en las cárceles en cuanto a salud y educación. En la Unidad Nº 50 destaca casos de menores con problemas de salud. A nivel educativo, el informe dice que en el jardín Las Palomitas de la localidad de Los Hornos al que concurren los hijos de las mujeres que residen en prisión, no les proveen material didáctico ni útiles escolares. Además señalan el alto porcentaje de inasistencias al jardín por la logística del traslado y reiterados problemas de salud de los niños.
En una ocasión, una menor de la Unidad Nº 33 de Los Hornos sufrió varias mordeduras cuando regresaba a la guardería Las Palomitas. Cuando la madre de la menor pidió explicaciones a las autoridades, le contestaron que "fue un descuido". Como forma de queja, las internas de la unidad hicieron una huelga de hambre.
Egreso de los niños
Cuando el niño cumple cuatro años no puede permanecer más en la cárcel con su madre y debe ir con un familiar, a una institución o con una madre sustituta. El monitoreo de la Procuración Penitenciaria de la Nación en 2006 en la Unidad Nº 31, señala que las madres no disponen de un adecuado acompañamiento psicológico a la hora de egreso de los niños. A pesar de esto, tres años más tarde Beltramo dice que la Unidad N° 31 cuenta con un equipo interdisciplinario de psicólogos y sociólogos para brindarle acompañamiento a las madres en aquellos momentos.
Es un día soleado. Son las 12.30 y una cola de cochecitos y niños agarrados de la mano de su madre cruza el patio de la unidad penitenciaria de Ezeiza. Una de las madres sostiene en su hombro una diminuta mochila de los Power Rangers mientras le pregunta a su hijo cómo le fue en el jardín antes de entrar a su celda.
Contactos
- Grupo de Mujeres: www.grupodemujeres.org.ar
- Comisión Provincial por la Memoria: www.comisionporlamemoria.org
- Procuración Penitenciaria de la Nación: www.ppn.gov.ar/
- CELS: www.cels.org.ar
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