Omar Gutiérrez tiene una obsesión: convertirse en el primer abogado de Misión Chaqueña, la comunidad wichi en la que nació hace 25 años. Su destino era ser carpintero como su papá, pero ya en la secundaria se le despertó la idea de estudiar para poder defender los derechos de su pueblo. El problema era que en la zona rural en la que vivía no existen carreras universitarias y no tenía los recursos ni los contactos para irse a una gran ciudad.
Su sueño de conocer "el afuera" para ir a la universidad sólo fue posible gracias a un amigo impensado: Martín de Dios - un chico que apareció un día en la comunidad en un viaje solidario con su colegio, el Florida Day School - y un grupo de compañeros y personas que se fueron sumando para darle el sostén que necesitaba para poder enfrentar el desarraigo. Hoy vive en la ciudad de Buenos Aires y está en segundo año de la carrera de Derecho en la Universidad de Flores.
Esta historia de perseverancia y de resiliencia integra la tercera entrega deRedes Invisibles, un proyecto de LA NACION que apunta a mostrar cómo los prejuicios limitan las oportunidades de los jóvenes más vulnerables, y refuerzan su situación de pobreza.
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