
“En el fondo, todo en el mundo tiene que ver con el control”
Rebecca Ferguson se consolidó como una de las heroínas más magnéticas de la ficción contemporánea; de Duna a Misión: Imposible y Silo, la actriz sueca cuenta qué le atrae de interpretar personajes que rompen moldes
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Hay actrices que construyen su carrera personaje a personaje, ladrillo sobre ladrillo, hasta configurar una identidad reconocible. Y hay otras, como Rebecca Ferguson, que parecen decidir con cada papel qué clase de mujer quieren interpretar a continuación, sin dejarse atar por la anterior.
En 2023 hizo algo que pocas estrellas de una franquicia multimillonaria se permiten: dejar que la mataran. Ilsa Faust, la espía del MI6 que había compartido con Tom Cruise tres películas de Misión: Imposible y con la mejor química de toda la saga, murió apuñalada en un canal de Venecia en Sentencia mortal. Dos años después, en La sentencia final, la franquicia confirmó lo que nadie quería creer: Ilsa no iba a resucitar.
Ferguson, que había construido a ese personaje desde Nación secreta (2015), decidió no volver, y esa salida sigue generando ruido en la industria. Una especulación fue que Ferguson se había transformado en una favorita de la saga, y eso a Tom Cruise no le caía bien, siendo siempre él el protagonista absoluto de la serie. Los más malintencionados continuaron con esta teoría y varios medios deslizaron que a la estrella de Hollywood no le gusta una mujer fuerte a su lado: siempre elige coprotagonistas varias décadas menos y que no le hagan sombra. Cambiar a Ferguson por Haley Atwell como Grace, en las últimas dos películas, bien podría leerse entre líneas de esa manera.
Hoy, con la misma tranquilidad con la que explica por qué dejó ir a un personaje amado por millones, Rebecca Ferguson protagoniza la serie que la instaló como una de las caras más reconocibles de la ciencia ficción contemporánea: Silo, de Apple TV+, basada en las novelas de Hugh Howey, cuya tercera temporada se estrenó el 3 de julio, con un episodio por semana. En diálogo con LA NACION, Ferguson habló de la evolución de Juliette Nichols, de la sombra que todavía proyecta Ilsa Faust, del vínculo entre verdad y control en la ficción distópica y hasta del fenómeno de los millonarios que construyen bunkers, un tema que, aseguró, “definitivamente” discutieron mientras filmaban.

Rebecca Louisa Ferguson Sundström nació el 19 de octubre de 1983 en Estocolmo, en el barrio de Vasastan. Es hija de Rosemary Ferguson, una mujer inglesa que a los 25 años se mudó a Suecia, y de Olov Sundström, un empresario sueco. Sus padres nunca se casaron y se separaron cuando ella tenía apenas tres años. Por parte materna, es pariente lejana de la duquesa Sarah Ferguson. Educada en una escuela de habla inglesa dentro de Suecia, Rebecca creció bilingüe y egresó en 1999 de la prestigiosa Adolf Fredrik’s Music School de Estocolmo. De adolescente firmó con una agencia de modelos por decisión de su madre, pero detestaba que la fotografiaran y rechazó casi todos los trabajos que le ofrecieron.
Su carrera empezó en la televisión sueca, con un papel en la telenovela Nya Tider en 1999 y una participación en la serie Ocean Ave., en 2002. En 2004 debutó en cine con el thriller de terror El fantasma del lago. Durante esos años intermedios fue instructora de diversos estilos de danza, incluido el tango, que enseñó varios años en Österlen, región al sudeste de Suecia, junto a su exmarido, Ludwig Hallberg.
El salto a la fama internacional llegó en 2013 con The White Queen, la miniserie de la BBC donde interpretó a la reina Isabel Woodville y que le valió una nominación al Globo de Oro. Un año después compartió elenco con Dwayne Johnson en Hércules. Pero el verdadero quiebre en su carrera fue Misión: Imposible - Nación secreta (2015), en la que debutó como Ilsa Faust frente a Tom Cruise. Ese papel reconfiguró por completo su perfil profesional y la instaló, de la noche a la mañana, como una de las actrices de acción más solicitadas de Hollywood.
Entre 2017 y 2021 encadenó una serie de papeles que confirmaron su versatilidad: interpretó a la cantante sueca Jenny Lind en El gran showman junto a Hugh Jackman, a la villana Rose en Doctor sueño (la adaptación de las secuela de El resplandor, de Stephen King, dirigida por Mike Flanagan), a una traficante de armas alienígena en Men in Black: International y, en 2021, a Lady Jessica Atreides en Duna, de Denis Villeneuve, personaje que retomó en Duna: parte dos (2024) y que volverá a encarnar en Duna: parte tres, prevista para diciembre de este año. En el plano personal, Ferguson es madre de dos hijos: Isac, nacido en 2007 fruto de su relación con Hallberg, y Saga, nacida en 2018, de su matrimonio con Rory St. Clair Gainer, con quien se casó a comienzos de 2019.
La salida de Ferguson de la franquicia protagonizada por Cruise no fue una decisión unilateral del estudio. La actriz explicó que su contrato incluía tres películas (Nación Secreta, Fallout y Sentencia mortal) y que, llegado el momento de negociar su continuidad para la octava entrega, sintió que el personaje ya no tenía el espacio que necesitaba. “Ilsa se estaba convirtiendo en una jugadora de equipo. Y todos podemos querer cosas distintas, pero para mí, Ilsa era una rebelde. Ilsa era traviesa. Ilsa era impredecible. Había muchos personajes nuevos entrando, y eso no dejaba espacio para lo que ella había sido”, explicó la actriz semanas antes de esta charla, en el podcast Happy Sad Confused.
La decisión de matar a Ilsa (apuñalada por el villano Gabriel, interpretado por Esai Morales, mientras protegía a la ladrona Grace en un puente de Venecia) generó una ola de indignación entre los fans, que calificaron la escena como un caso de “fridging”, el recurso narrativo por el cual un personaje femenino es asesinado con el único fin de motivar emocionalmente al protagonista masculino. El propio director y guionista de la saga, Christopher McQuarrie, debió salir a justificar la decisión públicamente: sostuvo que revivir a Ilsa habría devaluado el costo emocional que la franquicia había construido a lo largo de los años y que, hasta ese momento, ningún personaje tan querido por el público había muerto en la saga. Simon Pegg, compañero de elenco de Ferguson, fue incluso más directo al hablar del enojo de los seguidores: “Hablo con Rebecca todo el tiempo. Ha estado muy ocupada, filmando la temporada tres de Silo, y es una lástima: mucha gente se enojó porque mataron a Ilsa”.
Ferguson, de todos modos, evitó cualquier reproche hacia la producción. “Ilsa fue escrita de manera brillante y estuvo tan bien ejecutada”, dijo meses atrás sobre la escena de su muerte, aunque cuando le preguntaron si estaba conforme con la secuencia específica de su asesinato, se limitó a responder, con ironía: “Yo no la escribo”. Una frase que, leída entre líneas, sugiere que la actriz no tuvo injerencia creativa en cómo se resolvió el final de su personaje, algo que contrasta con la libertad que sí encontró para moldear a Juliette Nichols junto a Graham Yost, el showrunner, y su equipo de guionistas en Silo.
—Jessica, tu personaje en Duna, enfrenta un escenario tan difícil como el de Juliette en Silo. ¿Cómo es para vos interpretar a una mujer tan fuerte en la ficción?
—Es una pregunta interesante, pero lo interesante en realidad es qué es lo que hace atractivo a un personaje fuerte como Juliette. Y creo que, para mí, es cada pequeña parte de vulnerabilidad. Es cada grieta. Es el trauma que atravesó. Y en general, creo que es todo el arco que recorre desde la temporada uno hasta la cuatro.
—De la primera a la tercera temporada hay un quiebre muy marcado: pasaste de ser una heroína de acción, casi al estilo Misión: Imposible, a una mujer que despierta con la memoria fragmentada. ¿Cómo pensaste ese cambio de tu personaje?
—Es sutil, pero de a poco vas entendiendo, y mirás para atrás y pensás: esperá, ¿dónde empezó ella? Ah, sí, era bastante poco sociable y le gustaba construir cosas porque podía resolver problemas mecánicos, pero no podía resolver problemas emocionales. Eso es lo más grande para ella: la comunicación, la conexión con la humanidad y también poder cederle el control a otras personas. Es un cambio fundamental, y fue increíble atravesarlo.
Conectar con la esencia
—¿De qué trata realmente esta temporada?
—En nuestro mundo, tiene mucho que ver con la memoria, ¿no?. Pero nuestra temporada habla de conectar con tu ser, con tu esencia, con quién sos, cuál era tu propósito. Yo estoy tomando toda la temporada y aplicándola para mí misma; soy así de autocentrada. Es sobre el hecho de que la esencia siempre va a sobresalir. La necesidad genuina siempre le va a ganar a todas las capas forzadas que se te van poniendo encima.
—Silo trata sobre el control de la memoria, Duna sobre el control de linajes de sangre y Misión: Imposible sobre el control de la información. Mirando hacia atrás, ¿sentís que tu carrera se convirtió, sin buscarlo, en un estudio sobre el control?
—Creo que esa comparación se puede hacer con cualquier cosa. Nos encanta encontrar comparaciones. Nos gusta mirar las cosas y decir: “Ah, eso es muy comparable con la sociedad actual”, porque, en el fondo, todo en el mundo tiene que ver con el control, la codicia, la religión, la manipulación, la humanidad. Creo que hay cinco o seis temas que engloban todo.
—¿Quién o qué es el verdadero villano de la serie?
—Ya terminamos de filmar la temporada cuatro, la final. Vimos todos los episodios y está todo hecho. Lo único que puedo decir es que el verdadero villano sí emerge. Y que la temporada final es una batalla entre Juliette y ese villano.

—¿Es un villano tangible o más bien filosófico?
—Es un villano tangible. No es un villano filosófico. Es un ser humano. Lo cual está bueno. Como guionistas, actores y directores, nos esforzamos incluso en hacer de ese villano un ser humano que en algún momento es descrito como alguien que tenía miedo. A lo largo de la serie hay comportamientos villanescos, en los que creemos que alguien podría ser un villano, un malo haciendo algo en contra del silo, pero en realidad es humano: mucha gente no hace las cosas en contra de otra gente, las hace por sí misma. ¿Eso te convierte en un villano o estás tratando de proteger el bien común? No lo sé.
—Silo construye una sociedad donde la orientación sexual, el género y la etnia son un no-tema, algo muy distinto de nuestro propio mundo. ¿Fue una elección consciente?
—Creo que una de las cosas en las que caímos es en que hay algo muy mal en lo que eventualmente descubrimos sobre el Silo 18: desde el principio, con el sheriff y su esposa, hay algo mal en cómo está estructurado todo. No saben cuándo se construyó el silo, ni por qué, ni cuándo va a ser seguro salir afuera. Y lo que nos encantó del hecho de que les hayan borrado la memoria y no sepan de dónde vienen es que, en cierto modo, como seres humanos, se olvidaron de ser racistas. Se olvidaron de ser sexistas. Se olvidaron de ser heteronormativos en cuanto al género. Se olvidaron de ser homofóbicos. La gente simplemente vive su vida. A nadie le importa realmente a quién amás, ni qué pensás, ni cómo te ves, ni de qué color es tu piel. Ni siquiera lo entenderían. Y sin embargo hay tantas cosas que ignoran, como Juliette, que le tiene miedo al agua en la primera temporada porque nunca vio agua más profunda que una bañadera.
—En los últimos años vimos multimillonarios comprando tierras y construyendo arcas y búnkeres ante un eventual colapso global. ¿Lo discutieron mientras filmaban? ¿Ven a Silo como una especie de profecía autocumplida?
—Hablamos mucho de eso, de los preppers del apocalipsis, de los multimillonarios que compran un silo y esas cosas, definitivamente fue algo que pensamos. Creo que cuando Hugh estaba escribiendo los libros eso todavía no formaba parte de la conversación pública. Los escribió hace trece, catorce años, cuando Elon Musk todavía no era trillonario. Pero desde hace mucho existe gente que piensa en comprarse una estancia de ovejas en Nueva Zelanda para, cuando el mundo se vaya al demonio, llevar a la familia y listo. Una de las inspiraciones también fue Dr. Insólito: al final de esa película descubren que los soviéticos están construyendo túneles subterráneos para meter gente adentro. Creo que eso también pudo haber inspirado a Hugh.
—¿La ciencia ficción es una forma de escapar de la realidad o una herramienta más filosa para explorarla?
—Siento que debería ser muchísimo más inteligente para responder esto. La respuesta simple es que no lo sobre analizo demasiado. Podría hacerlo, podríamos tener un pensamiento filosófico larguísimo. Tengo mucha suerte con los papeles que consigo, me pagan el alquiler y disfruto lo que hago. Y por alguna razón hago mucha ciencia ficción. No leo ciencia ficción. No me atrae particularmente el género. Pero creo que crea un mundo que nos desconecta de nuestra realidad y nos da una libertad creativa para explorarla desde muchísimos ángulos distintos, aunque sea muy actual. ¿Pero es más actual ahora que durante la Guerra de las Rosas, en la época medieval? No sé. No sé si el mundo está en su peor momento comparado con antes, no soy quién para decir eso políticamente. Pero sí hay algo de escapismo. En el pasado, cuando había guerra, una de las cosas más importantes que surgían eran los musicales. Creo que, como humanos, nos atrae el escapismo. La ciencia ficción te da la libertad de irte literalmente del planeta, aunque en el fondo sigamos pegados a los mismos temas. No sé si respondí tu pregunta, no tengo idea de adónde fui a parar con esto.
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