
Inspiración sin límites: la belleza perturbadora del hermafroditismo
La eterna discusión sobre dónde empiezan los géneros biológicos masculino y femenino se reavivó en los últimos tiempos. Ayer y hoy, han sido objeto de fascinación como de rechazo
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Fake news han vuelto a revivir el controvertido caso de Imane Khelif, la boxeadora argelina que, con sus durísimas piñas, ganó la medalla de oro en la categoría de 66 kilos en los últimos Juegos Olímpicos. Días atrás circuló en portales su supuesta suspensión de por vida en competiciones femeninas por orden de la Organización Mundial de Boxeo. ¿El motivo? La misma cantinela: que la deportista corría con ventaja al ser en realidad un joven fornido que se hacía pasar por atlética señorita. Pese a que el Comité Olímpico confirmó que, según sus parámetros, ella efectivamente es ella, el affaire Khelif prosigue en el candelero, avivando un debate eterno, que incomoda: ¿será que no la tenemos tan clara al momento de definir a hombres y a mujeres porque a veces los encasillamientos se quedan cortos?, ¿es posible que incluso a la biología a veces le resulte una tarea compleja?

