La arquitecta e interiorista que encontró en el sudeste asiático el método y la armonía para los espacios que crea
Especialista en diseño sensorial, Claudia Faena trabaja sus espacios con fluidez en las circulaciones, equipamientos con curvas, formas orgánicas y luz cálida para lograr la armonía que busca
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Un viaje a Bali reafirmó su compromiso con la arquitectura y el interiorismo, las disciplinas que la convierten en una “médica de viviendas que promueven la salud y el bienestar de las personas”. Este verano, la arquitecta Claudia Faena saldó su cuenta pendiente y voló al sudeste asiático con una misión: conocer en profundidad la cultura, los rituales y la relevancia de los espacios armónicos que se rigen por las reglas del Feng Shui. Empaparse de esta práctica que busca armonizar a las personas con su entorno mediante la disposición consciente del espacio fue el objetivo central de un viaje inspirador. “Allí los espacios están vivos, no es solo decoración. Es un integrante más. En cada casa, cuyos lotes son familiares, hay un templo, la pieza fundamental de cualquier vivienda, sea grande o chica. Lo que más me impactó es que todo se hace desde la alegría, un estado de ánimo religioso”, explica Faena, al frente de Claudia Faena Studio.
La arquitecta (FADU-UBA) e interiorista volvió con su valija llena de nuevos conocimientos que se suman al catálogo de investigaciones que realiza hace más de 20 años. La neuroarquitectura es uno de sus fuertes. “Desde que me recibí me propuse diseñar espacios donde el bienestar sea el centro, donde el diseño promueva sensaciones, desde una mirada más humana, sensible y con base científica”, señala. Entre sus proyectos, se destacan los departamentos del complejo El Aleph, las nuevas suites del hotel Faena. Ambos emprendimientos fueron impulsados por su hermano, el empresario Alan Faena. Y le permitieron trabajar codo a codo con el emblemático diseñador Philippe Starck y con el arquitecto Norman Foster, dos estrellas internacionales. También, el interiorismo de la clínica Lemel y los edificios Lapacho e Infinity, los amenities para Cassa Isidro, Palmera Crespo y Palmera Caballito, entre otros.

Experta en el diseño sensorial, Faena proyecta espacios desde un material inusual: las frecuencias. “Está comprobado por la neurociencia que en ciertos espacios se generan nuevas neuronas, mientras en otros se estancan. La fluidez, las circulaciones, el equipamiento con curvas, las formas orgánicas y los espacios altos mejoran la creatividad. La luz cálida favorece la comunicación, la cercanía y el relax. Y la blanca, es ideal para oficinas, promueve la sinapsis”, enumera. En tanto, agrega que los colores también juegan sus cartas: El verde tranquiliza y se vincula con el amor; el azul impulsa el conocimiento y el blanco la inspiración.
“Cuando vi los relevamientos y estudios de tantos años sobre el feng shui, la física cuántica, el arte y la arquitectura plasmados en un solo lugar fue una fiesta. Y una revelación”, afirma Faena sobre la experiencia inmersiva en la cultura de Bali. De este diario de viaje surgió un sistema modular, integral y adaptable. “Exprés, práctico y accesible. Para modificar un ambiente por completo o también, mudarse solo con el cepillo de dientes”, describe la arquitecta.



De Bali a Villa Devoto, el primer paso fue armar un departamento modelo en el edificio Mil Aires, para replicar en otras viviendas: “El objetivo es trabajar la energía del espacio. Busco que funcione y sea estético, pero que también esté alineado con la persona que lo habita, su entorno y su energía”, dice. Así, bocetó, diseñó y desarrolló el equipamiento completo de un departamento de 3 ambientes inspirado en una primera vivienda, una necesidad real de su hija y sus amigas. Desde los muebles del living, la cocina y el cuarto, hasta las cortinas, luminarias y obras de arte. “Es clave que la energía fluya de un ambiente a otro, sobre todo cuando se trata de espacios chicos. Que no haya quiebres ni sobresaltos. Que la paleta sea cálida, que los materiales sean de calidad”, señala. Y agrega que el sistema de diseño integral está organizado en paquetes: “Se resuelve desde el mobiliario hasta la experiencia completa de habitar un espacio listo para usar.”

La experiencia de redefinir cada espacio, desde cero, le resulta un nuevo desafío. “Satisfacer la sensibilidad espacial desde texturas y objetos que identifiquen a quienes se animen al cambio es un nuevo nivel destrabado en mi camino de arquitecta. Los jóvenes tienen una gran capacidad de aceptación, son geniales. Saben lo que quieren y saben escuchar. Y el público adulto recibe la idea con alivio, les resuelve. Además, el límite de presupuesto no imposibilita la percepción espacial de la casa”, apunta Faena, que define a los arquitectos como “médicos del espacio que ayudamos a estar más a gusto en casa. En la facultad se hablaba de usuarios, no de personas. Hoy tenemos a disposición herramientas para mejorar la salud y el bienestar, desde el diseño sensorial, la neuroarquitectura y una mirada atenta, que funciona como catalizadora de procesos personales”.
Para Faena la escala no es una traba. Desde hoteles y edificios de categoría, a proyectos íntimos y personalizados, la arquitecta es especialista en activar conexiones que mejoran las formas de habitar. Sus materiales favoritos: la luz, los tonos neutros, las texturas cálidas y la madera que distribuye centímetro a centímetro para armonizar los espacios.
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