
Meet cute entre la Argentina y Nepal
Basta un taxi compartido o una conversación para que quienes forman parte de una misma tribu se reconozcan, incluso viniendo de los lugares más alejados del planeta
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SOUTHAMPTON.- En las comedias románticas existe un recurso narrativo conocido como meet cute: ese encuentro casual, improbable y encantador entre dos personas que, a primera vista, parecen no tener absolutamente nada que ver. Esta cronista lo vivió al finalizar el Festival Gabo en Bogotá, aunque no fue en versión romántica, sino —casi más maravilloso— periodística.
Allí había sido invitada para hablar de Jane Austen y el fanatismo literario. Por supuesto que a cada evento se fue con vestimenta de la Regencia, con mucho rosado, encaje y cofia. La última mesa donde participó se llamaba, elocuentemente, “Locos por los libros”.
El hombre con quien compartió el taxi rumbo al aeropuerto venía del extremo opuesto del programa. Había participado en paneles más duros sobre corresponsales de guerra, desastres climáticos y algunos de los conflictos más urgentes del planeta. Él regresaba a Katmandú vía una ciudad universitaria donde lo esperaba una nietita recién nacida. Esta cronista volvía al balneario superficial de los manhattanitas, donde la esperaban los hijos adolescentes.
—En mi país todos hinchamos por Argentina —dijo ni bien intercambiados los datos biográficos básicos. Una sorpresa, dado el estado de la opinión extranjera en general y la guerra de las Malvinas en particular
Nada hacía pensar que hubiera muchísimo para intercambiar. Y, sin embargo, con Kunda Dixit, fundador del Nepali Times y uno de los periodistas y académicos más prestigiosos del sudeste asiático, la conexión fue inmediata.
—En mi país todos hinchamos por Argentina —dijo ni bien intercambiados los datos biográficos básicos. Una sorpresa, dado el estado de la opinión extranjera en general y la guerra de las Malvinas en particular.
—¿Todos? ¿Hasta los gurkhas?
—Hasta los gurkhas.
No era una exageración. Como prueba, mostró en su teléfono artículos, fotografías y tapas del Nepali Times. Incluso publicó una entrevista a un exgurkha que siguió a la albiceleste en EE.UU. “Claro que aliento por Argentina —dijo el excombatiente—. Tal vez ellos no simpaticen con Nepal porque nosotros entonces peleamos del lado enemigo, pero nosotros amamos a Messi y a la Argentina”. Según explicaba el propio Nepali Times, la fascinación había comenzado con Diego Maradona. Generaciones de nepalíes siguieron los Mundiales por televisores blanco y negro de imagen temblorosa seducidos por su origen humilde, su rebeldía y hasta por unos rasgos físicos que, según el propio medio, casi podían hacerlo pasar por uno de ellos.
A partir de allí la charla en el taxi se volvió, para ambos cronistas, una discusión existencial sobre lo asombroso que es que pueda existir gente, incluso tan cercana, que no necesite lo que es aire para uno: un relato para acomodar el caos
La conversación, sin embargo, no se quedó en el fútbol, sino que por supuesto pasó a los Himalayas y a los Andes. Entonces apareció una coincidencia mucho más inesperada, que era el haber reporteado sobre lo que muchos llamaron un milagro ocurrido dentro de las propias familias. En el caso de esta cronista, el accidente de su marido en la Patagonia. En el de Kunda Dixit, el de su hermano cerca del Annapurna. A pesar de compartir un pronóstico terrible, se recuperaron completamente. Lo aún más increíble para Dixit fue que cuando el hermano recuperó la conciencia y lo vio a junto a la cama, no preguntó qué había pasado. No preguntó cuánto tiempo había transcurrido. No preguntó si volvería a caminar. Como si fuera un día cualquiera, le consultó: “¿Ya fue a cierre el Nepali Times? ¿Con qué titulares arranca?“ Y luego siguió con su vida y no quiso volver al tema —sobre el cual Dixit, por supuesto, escribió. A partir de allí la charla en el taxi se volvió, para ambos cronistas, una discusión existencial sobre lo asombroso que es que pueda existir gente, incluso tan cercana, que no necesite lo que es aire para uno: un relato para acomodar el caos.
Quizá por eso resultan tan extraordinarios los festivales de periodismo como el Gabo. Más allá de los planteles oficiales y de los grandes nombres, siempre puede ocurrir un meet cute inesperado. Basta un taxi compartido, una conversación cualquiera, para que quienes creen que toda experiencia importante necesita convertirse en una historia descubran que pertenecen a la misma tribu, aunque hayan llegado desde algunos de los puntos más distantes del planeta.



