“Telestafadoras”. Eran vendedoras de espiritualidad y de productos inútiles, pero se convirtieron en protagonistas de una serie
Wanna Marchi y su hija Stefania Nobile eran las reinas de las ventas por TV en Italia, pero fueron desenmascaradas con una cámara oculta
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Castel Guelfo, a pasos de Bologna, Italia, es un pueblo medieval conocido por su plaza de forma triangular del siglo XVIII, que conduce al pueblo encerrado por muros y torres. Ahí nació Wanna Marchi, en 1942. Hija de agricultores humildes, su papá falleció cuando ella acababa de cumplir 15 años. Entonces decidió que nunca más pasaría penurias. Hizo todo tipo de trabajos, como maquillar difuntos en la morgue de su pueblo. “Yo era una niña alegre –relata a LA NACION–. Una niña muy curiosa y muy pobre”.
Se casó con “un buen partido”, Raimundo Nobile, hijo de una familia adinerada. hijo de un boloñés burgués, de buenos orígenes, parecía perfecto para solucionar los vaivenes económicos presentes y futuros. Deslumbrada, se casó rápidamente, aún en contra de los consejos de su madre. De ese matrimonio nacieron Maurizio (1961) y Stefania (1964). Él, hoy anticuario, decidió desaparecer de la escena pública, y su ausencia total fue la única condición que se debió cumplir durante la filmación de la serie de Netflix (Wanna Marchi: La telestafadora de Italia) que se estrenó en 2022 y relata las aventuras de su madre y su hermana.
El buen partido no resultó tal. Wanna volvió a ofrecer servicios estéticos hasta que pudo montar su salón. Diseñó productos de belleza y le ofrecieron ponerlos a la venta en un programa de televisión. Fue un fracaso en dos ocasiones, pero la tercera vez, con ella al frente, la catapultó a la fama (y a la riqueza) esencialmente vendiendo productos inútiles.
Todo comenzó con un nuevo producto de belleza, esta vez un reductor que, desde el comienzo, fue diseñado sabiendo que no tenía ningún efecto. Entre finales de los 70 y comienzos de los 80 se convirtió en la “reina de las teletiendas”, sobre todo gracias a su estilo comunicativo estridente y agresivo.
Un modo que ahora se sabe impostado, según declaró en la presentación de prensa de la serie su director, Alessandro Garramone: “Con las cámaras apagadas es una mujer tranquila. Habla en voz mucho más baja y dice muy pocas malas palabras. Sólo se enciende cuando sabe que está siendo filmada”.
“No sé si soy un personaje –dice la televendedora–, soy Wanna Marchi y listo. Soy una persona muy verdadera, todo lo que tengo ganas de decir, lo digo. Haber trabajado más de 40 años en televisión no significa nada, porque cada uno de nosotros es un personaje en lo que hace. Sólo Dios sabe por qué uno se destaca y otros no”.
Llegó a ganar varios millones de liras al día. Más tarde empezó a vender espiritualidad, de la mano del Maestro Mario Pacheo Do Nascimento, un brasileño que era en realidad un mayordomo, a quien Marchi transformó en un psíquico que adivinaba números de lotería y amuletos.
Además de las telecompras, se lanzaron al telemarketing. Instalaron un método de seguimiento que “reforzaba” la eficiencia no conseguida con otros productos hasta que fue desenmascarada con una cámara en Striscia la notizia, un programa satírico y de investigación de la tevé.

Aunque sus dos hijos la acompañaron en sus emisiones desde pequeños, fue Stefanía la compañera inseparable. Ya en 1983 comenzó a apoyarla las televentas del Wanna Marchi Show. Cuando Wanna fue investigada y condenada, la arrastró a la cárcel. Allí compartieron celda por un año y once meses.
–¿Cómo definiría a la audiencia que la siguió y compró sus productos?
–Wanna: Como gente inteligente. Digamos que siempre reina la inteligencia.
Una base de estafa hubo, aunque no sólo de nuestra parte. Estaban los canales, que ganaban millones, y el Estado”
–¿Alguna vez han comprado cosas en la televisión?
–Stefania: No, yo nunca compraría, ni siquiera hoy. Porque el contacto humano es importante para mí. Telecompra, como lo hacíamos, seguía siendo un contacto porque nuestros chicos de centralita hablaban durante horas con un cliente. La persona que pedía un producto adelgazante no era como quien compra un producto online y no tiene contacto con nadie. También les dimos la oportunidad de llamar todos los días, si tenían un momento de inactividad porque se sentían desatendidos. Le dimos más apoyo que un dietista real.
–Wanna: Nuestro call center estaba operativo 20 horas al día, lo nuestro no era precisamente comprar online, nuestra telecompra era entrar en los hogares de los italianos y darles la oportunidad de entrar cada día al nuestro. Las ventas, tal como se hacen ahora, que han tenido esta explosión especialmente durante el Covid, me parecen aterradoras porque han provocado el cierre de mil tiendas en todos los países. Millones de pequeñas realidades que ya no existen, y esto en muy poco tiempo. Han fortalecido empresas como Amazon, que no nos quitan ni nos dan nada. No apruebo las ventas online de hoy, trabajan en condiciones desastrosas, mal remuneradas, y esto es vergonzoso. No entiendo por qué lo permiten. Cuando una pequeña tienda no emite un recibo de 10 euros, la masacran, la humillan, la hacen sentir como un criminal, mientras que Amazon, que roba miles de millones, es utilizado por todos excepto por Stefania Nobile y Wanna Marchi.

–¿La serie lo ha dicho todo?
–Stefania: Aún hay mucho que decir, por eso confío en una continuación. Harían falta otros 6 o 10 episodios para contar la vida de Wanna Marchi. Los profesionales de Netflix no creyeron inicialmente en este proyecto hasta el final, no habían calculado el gran éxito que iba a tener esta serie en todo el mundo, por lo que seguramente habrá una continuación. La realidad no es como si Wanna Marchi y Stefania Nobile terminaran después de su arresto y no existieran más. Hemos hecho miles de millones de cosas. Seguimos siendo emprendedores. Sobre todo me gustaría explicar que si Wanna Marchi y Stefania Nobile hicieron trampa, seguramente no lo hicieron en la medida en que se describe. Una base de estafa hubo, aunque no sólo de nuestra parte. Estaban los canales, que ganaban millones, y el Estado, porque el juego de los números del maestro do Nascimento se hacía en las taquillas de la Lotto, que iba al Estado.
Wanna: Con ese juego el Estado restauró la mitad de Italia. Lo llaman estafa, para mí eso es otra cosa. La estafa es que si te vendo una alfombra y te digo que es una alfombra voladora, te la llevas a casa y te das cuenta de que no vuela. Pero si te vendo la ilusión –de eso se trata: me llamas porque te meten los cuernos y te vendo esa seguridad que te llevará a tomar medidas–, no lo es. Fue eso lo hicimos. Lo sigo haciendo a través de las redes sociales, la gente nos cuenta todo porque se siente protegida por nosotras, que somos reales.
–¿Cambiaría algo de su vida?
–Wanna: La prisión se acabó. Son cosas que me han hecho quien soy, me amo mucho y soy muy amada, así que no cambiaría nada.
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