
¡Ajá! Sí lo es
Por Frank McCourt Norma/532 páginas/$ 22
1 minuto de lectura'

Autor: A los 66 años, Frank McCourt se convirtió en una de las grandes revelaciones de la literatura irlandesa: su libro Las cenizas de Angela (1997), que vendió 4 millones de ejemplares, resultó el debut más explosivo de la década. McCourt, que es maestro, sorprendió por la habilidad de su prosa, un estilo galante y liviano capaz de revelar los pliegues morales de la infancia y la primera adolescencia.
Tema: ¡Ajá! Sí lo es continúa la saga íntima que Las cenizas de Ángela dejaba inconclusa, con su autor-personaje a punto de desembarcar en Nueva York. Y si Las cenizas... es la impecable crónica de una infancia dolorosa, ¡Ajá!.. .se construye como otro fragmento de ese mapa iniciático, en donde se siguen las huellas que el adolescente McCourt deja por una ciudad desconocida y una edad llena de arrebatos poco prácticos. Inmigrante a su pesar, esclavo de una idea hollywoodense de Nueva York (antes de llegar sueña con "la Quinta Avenida o el Central Park o el Greenwich Village, donde todo el mundo tenía pinta de estrella de cine, con la piel intensamente bronceada y los dientes blancos y resplandecientes"), su viaje terminará por asimilarlo a esa antiutopía urbana y a su propia e insospechada madurez.
Opinión: El lector que disfrutó Las cenizas de Ángela no va a defraudarse con ¡Ajá! Sí lo es , ya que ambos textos se repiten en sus virtudes y defectos. Por un lado, destaca el trazo ágil y atrapante que McCourt dibuja en cada cicatriz de su historia personal, ciertamente una tensión discursiva que le debe mucho a Mark Twain y Ambrose Bierce. Tierna y amable, ¡Ajá!... se dispara hacia un horizonte de desventuras simpáticas y más o menos previsibles, siempre a partir de una linealidad excesiva y del abuso de la perplejidad como recurso narrativo-sentimental. Ahí es donde el libro exhibe sus carencias, fruto de una mirada bastante típica sobre las humillaciones del inmigrante y el dolor de ya no ser niño. Con armas idénticas, Las cenizas de Ángela asaltó el éxito masivo bajo el disfraz de la ingenuidad. ¡Ajá! Sí lo es evoca la misma fórmula, ya agotada por el libro que le sirvió de antecedente.

