Arte étnico que se exporta
Conocí a Ricardo Paz cuando era un anticuario especializado en arte europeo y fascinaba a su clientela con una tienda de estirpe otomana hecha con kilims, alfombras bukharas y caucásicas, en la Feria de Anticuarios. Sabía reconocer la calidad en las tapicerías flamencas, la platería continental y los muebles firmados, conocimiento compartido con su madre, Mimi Bullrich.
Con los años, de tanto viajar por el mundo buscando antigüedades en culturas ajenas, Ricardo y su mujer, Belén Carballo, decidieron emprender un viaje "interior" y, camino de la Puna, descubrieron a las teleras del monte santiagueño, único bosque seco subtropical del planeta, donde el paisaje está formado por árboles acostumbrados a vivir casi sin agua.
Son especies rústicas de la familia de los espinillos, chañares, algarrobos, mistoles, istines y quebrachos. Allí, en esa tierra mestiza, los Paz descubrieron tesoros de textiles milenarios, hechos por teleras que tejen a la sombra de un algarrobo, con herramientas caseras, en ranchos sin luz eléctrica, coloridas cobijas de técnica y diseño exquisito.
El anticuario porteño encontró en Andreína Rocca una aliada para la conservación de estas tradiciones. Juntos crearon la Asociación Adobe ( www.asociacionadobe.com ), que busca mantener vivas esas formas de producción, difundirlas y comercializarlas internacionalmente, a través de la marca Sumampa, con local en Milán.
Los secretos y sueños de este proyecto de arte étnico argentino están contenidos en dos libros: "Un arte escondido" (Gaglianone, 1998) y "Teleras, memoria del monte quichua" (Gaglianone, 2005). Ricardo Paz suele decir, con el alma en la voz, que "esas teleras son su piedra de David". "Las cobijas son nuestras banderas y con ellas enfrentaremos a las topadoras del desmonte", dice. La difusión internacional tiene una nueva cita, en junio, cuando se presenten en la Feria de Anticuarios Olimpia, de Londres.





