Cada vez más chicos bailan tango

Tienen entre 5 y 12 años y recuperan el gusto que ven en sus abuelos por la música ciudadana
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23 de junio de 2002  

Hay que verlos. No alcanzan aún el metro y medio de estatura y ya rodean la cintura de unas damas en miniatura al ritmo del dos por cuatro, mientras se desplazan con la cadencia del tango.

Una tendencia parece insinuarse en la geografía porteña: cada vez más niños se suman a las clases de tango en centros culturales públicos y privados.

En los cinco centros dependientes del gobierno porteño que enseñan tango ya superan los 100 chicos, en un año que es el de mayor registro de aspirantes a tangueros. A eso se suma la infinidad de cursos y talleres que se ofrecen en instituciones privadas y en los centros de gestión y participación, presentes en todos los barrios.

Claro que una cosa es la historia fresca que los chicos cuentan alrededor de la música ciudadana y otra bien distinta la que narran los mayores, que a veces aprueban y otras desaprueban que pibes de 5 a 12 años se conviertan en émulos de Juan Carlos Copes y María Nieves.

La cita se cumple a rajatabla. Los jueves, a las 18, en el Centro Cultural Tato Bores, que funciona -como la mayoría de los que dependen de la Secretaría de Cultura porteña- en una escuela pública.

Un puñado de chicos baila ante la mirada atenta de la profesora Mónica Paz. Y surgen preguntas: ¿bailar tango es una decisión de los niños o de sus padres? ¿Cómo pueden aprender un arte tan complejo sin comprender las dramáticas historias que entretejen estas canciones urbanas?

Paz les cuenta anécdotas y los estimula a que ellos también narren historias familiares alrededor del tango. "Nadie elige lo que no conoce. Ellos entienden bastante del lunfardo. Para ellos, el tango es como el rock u otra música. Les gusta." La mayoría de los chicos admite que le gusta aprender tango porque lo bailan sus abuelitos.

De madres y vástagos

Un grupo de madres sigue el aprendizaje de sus hijos. María Cristina Paz acompaña a Facundo, de 7 años, y Lucas, de 10. Elsa Herrera lleva a su hija Irupé, de 9, que a su vez la convenció para que empiece a tomar clases. Liliana Roldán trajina con Nicolás, de 11, Natalia, de 10, y Lucas, de 8.

"A los tres años, Irupé se movía con los tangos de Piazzolla, pero ahora le gustan los de Pugliese", dice Herrera, que a duras penas sale adelante con la música ciudadana. A la nena el tango le fascina. Como baila muy bien, le sobran candidatos. Como Facundo, un rubiecito tímido que dice preferirla entre todas para bailar.

Manuela Bottale, de 8 años, llega a la clase vestida como para una milonga. Vestidito color morado con brillos, medias negras de lycra y zapatitos de tacón. Es rubia y seductora. "A mí me gusta el tango por mi abuela y mi abuelo, que antes bailaban. Me gusta Junior porque baila bien". Junior es Carlos Durán, cuyo padre lo lleva a clase cada jueves.

Pablo Castro, de 12, ya está ensayando el perfil del compadrito que tiene a las chicas en un puño. "Al principio, a las chicas les parece que es música de viejos, pero cuando te ven bailar, se enloquecen", dice, con el coro aprobatorio de los hermanitos Ariel y Macarena Lipiello, de 8 y 6 años, dos bailarines increíbles. No es que sólo de tango vivan estos niños. También se sacuden al son de la cumbia villera y el rock. Aunque, como dice Natalia Amadeo, de 12, "una cosa es de salón y la otra, de fiesta. Bailar tango es una experiencia imperdible".

La coordinadora del programa cultural en barrios porteños, Silvia Madoni, dice que la semilla del tango para chicos fue sembrada por los adolescentes, cuando los grupos de rock empezaron a revalorizarlo.

Daniel Tagini, coordinador del Proyecto Tango, una asociación civil sin fines de lucro que convoca cada año a "tanguereadas" infantiles en espacios públicos, celebra que la música ciudadana despierte la curiosidad infantil. "El tango es el ADN de los pibes porque es ancestral. Es una expresión poética de la cultura y está volviendo a las familias de la mano de los pibes", dice.

"El tango hace a nuestra identidad y es muy positivo que los chicos tengan una iniciación", opinó la vicepresidenta de la Academia Nacional del Tango, Ana Sebastián. Pero, agrega, "hay un elemento emotivo, vivencial, que tiene que ver con la maduración. El riesgo es que si se crean estereotipos, el tango se empobrece. Por eso es saludable que los chicos bailen como lo sienten".

El joven académico Julián Peralta, de 27 años, que creó hace dos años una orquesta de niños tangueros, advierte sobre "la presión de los padres sobre los chicos".

Para Julio Zurita, coreógrafo y bailarín de la exitosa obra de teatro "El romance del Romeo y la Julieta", "el tango es un género que habla de situaciones muy dramáticas y adultas. Para bailarlo, hay que tener una madurez de la que un niño carece".

Dónde pueden ir a aprender

  • Centro Cultural Colegiales, Conde 943. Martes, a las 18.
  • Centro Cultural Tato Bores, Soler 3929. Jueves, a las 18.
  • Escuela Argentina de Tango, Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín. Costo: $ 5, con horario por convenir.
  • La Usina, Santo Domingo 2752. Miércoles, a las 18.
  • Centro Cultural Barrio Copello, avenida Dellepiane Norte 4700. Lunes, a las 18.
  • Centro Cultural Teatro Fray Mocho, Ecuador 380. Costo: $ 10 por mes; los lunes, a las 19.
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