
China, frente al desafío de una revolución educativa
Tiene 285 millones de alumnos, cerca del 25% del total mundial
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PEKIN (The Economist).- Los niños chinos creían estar soñando. En marzo, en su discurso anual ante el Parlamento desde el estrado del Gran Salón del Pueblo, el primer ministro Zhu Rongji dijo que las escuelas deberían "reducir en forma efectiva las tareas para el hogar de los alumnos de los niveles primario y secundario". No fue una promesa para captar futuros votantes. Zhu exponía sus ideas respecto del gran cambio educacional, que, según el gobierno, hoy constituye una de las prioridades máximas.
El sistema educativo chino es asombrosamente vasto y está muy arraigado. La población estudiantil total (o sea, de todos los niveles) ronda los 285 millones alumnos, lo cual equivaldría a un 25% de la cifra mundial. Sus filosofías y métodos han sido modelados por siglos de tradición confuciana y décadas de burocracia socialista. En suma, no será fácil reformarlo.
En verdad, ya ha resistido numerosos cambios. En los muchos siglos de historia china, la educación ha estado estrechamente ligada a nociones de gobierno. Durante el régimen imperial, los postulantes a cargos públicos (cualquiera fuera la jerarquía) debían aprobar una serie de exámenes sobre textos clásicos chinos. Los reformistas de las dinastías Ming y Qing creían que la clave de la gloria nacional -o, al menos, de la preservación del sistema imperial- estaba en las reformas educativas. Tenían razón: las reformas sustanciales no echaron raíces y, a comienzos de este siglo, el régimen se derrumbó.
Cuando los comunistas se adueñaron del poder, en 1949, experimentaron la necesidad ideológica de alfabetizar y educar a las masas, y la necesidad práctica de capacitar a multitudes de funcionarios para equipar la gigantesca burocracia en gestación. El gobierno jugó con la idea de reemplazar los caracteres chinos por un alfabeto, pero, finalmente, optó por crear versiones simplificadas de aquéllos. Hasta sus críticos más acérrimos reconocen los firmes logros del gobierno de Mao en el mejoramiento de la educación y la alfabetización básica.
El futuro
Los desafíos actuales son más complejos. Uno de los debates fundamentales es si China ha centrado demasiado su atención en unas pocas universidades de primer nivel, situadas en las metrópolis, en lugar de tratar de mejorar los niveles inferiores de la educación en todo el país.
En una de las tantas fusiones recientes, cuatro instituciones de Hangzhou han constituido la Universidad Zhejiang, la mayor del país. Los funcionarios alegan que esto minimiza los gastos administrativos de las facultades, ayudando a hacer grandes economías. También esperan que estas "megauniversidades" atraigan mayores subsidios e inversiones chinas y extranjeras.
Pero el estudiantado universitario actual no llega a 7.000.000, sobre una población de 1300 millones. Apenas la mitad de los egresados del nivel escolar intermedio cursan el secundario, aunque sea parcialmente. Para los niños de muchas familias indigentes, el solo hecho de encontrar una escuela puede ser todo un problema.
El dinero, o su carencia, tiene mucho que ver con las deficiencias de la educación china. A fines de los 80, el gobierno empezó a recortar la subvención de los sistemas de enseñanza provinciales, obligando a los funcionarios locales -o a las mismas escuelas- a sostenerlos como pudiesen. En 1994 casi todas habían sido "destetadas", pero no todas mejoraron.
China contempla otras reformas, además de las administrativas y financieras. El Ministerio de Educación quiere que los estudiantes tomen contacto con métodos de investigación y modalidades de aprendizaje más amplios. En agosto, anunció varios planes para utilizar numerosos libros de texto extranjeros en las universidades chinas. Dejó en claro que los pasaría por un fino tamiz, pero aun as, la decisión indica cierto relajamiento.
Los funcionarios comienzan a hablar más del bienestar emocional de los estudiantes. Existe el temor creciente de que el énfasis tradicional en la memorización no sólo les impida habituarse al pensamiento innovador, sino que además resulte demasiado estresante. Meses atrás, un caso copó los titulares de los medios: un estudiante destacado, de 17 años, mató a su madre a martillazos porque no le permitía dejar de estudiar para jugar al fútbol. El público se puso de su parte. A decir verdad, el clamor nacional impulsó a Zhu a exponer sus ideas acerca de los deberes. Sin duda, están en camino recreos más largos, un régimen más laxo y mejores almuerzos en los comedores escolares. © La Nación
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