
Cien años de un surrealista
Por Jorge López Anaya
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Hace escasos días, el 9 de este mes, se cumplió el centenario del nacimiento de Oscar Domínguez, uno de los pintores españoles que adhirieron al surrealismo en los años heroicos del movimiento. La misma ruta habían seguido otros artistas ibéricos, como Joan Miró, Salvador Dalí y Luis Buñuel.
Domínguez nació en La Laguna, Tenerife; en 1927 se instaló en París y años después entró en contacto con André Breton, Paul Eluard y los pintores surrealistas.
Comenzó muy pronto a participar en las exposiciones y en las polémicas del grupo. Además, desarrolló estrategias nuevas, típicas de una poética nacida a la luz del psicoanálisis y fundada en el automatismo. Su aporte, en esta vía, fue la "decalcomanía sin objeto preconcebido", técnica que luego utilizó Max Ernst.
El canario fue también un fecundo creador de "objetos surrealistas"; la obra de este género más reproducida y expuesta es "Las peregrinaciones de Georges Huguet", integrada por una bicicleta de juguete atravesada por un pequeño caballo blanco. Con un trabajo hoy paradigmático, "El arribo de la belle époque", participó en la Exposición Surrealista de Objetos de 1936, en París, junto con Arp, Dalí, Duchamp, Ernst, Giacometti, Magritte, Man Ray y otros.
En 1938, Domínguez conoció en París a Ernesto Sabato, joven físico argentino que trabajaba en los laboratorios Joliot-Curie. Alguna vez, como rememoró el escritor, en Montparnasse, cerca de su taller, el pintor le dijo: "¿Qué te parece si esta noche nos suicidamos juntos?". "No era una broma -comentó Sabato-; era muy propenso, como lo probó años después (pues puso fin a su vida el 31 de diciembre de 1957)". Domínguez y Sabato desarrollaron la teoría de la "petrificación del tiempo", o "litocronismo" que, años después, Sabato calificó de "disparate y humor negro", pero también como un ejemplo de la insaciable búsqueda de instrumentos para la creación artística de los surrealistas.
El mismo año de la invención, Domínguez protagonizó un lamentable incidente en su taller. En una reunión con amigos, fuera de sí, arrojó un vaso contra el pintor Esteban Francés, quien lo esquivó. El proyectil fue a dar en el rostro del surrealista rumano Víctor Brauner y le hirió el ojo izquierdo, que debió serle extirpado. Lo extraordinario es que la víctima, en un autorretrato pintado siete años antes, se había representado con un ojo izquierdo vaciado. En otro trabajo mostraba a un personaje con un ojo atravesado por una varilla con la letra "D", inicial del apellido del involuntario agresor. La premonición conmocionó a los surrealistas.
Este año, se realizarán homenajes a Domínguez en Tenerife, como la exposición de sus obras y el congreso internacional sobre el surrealismo.
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