
Con el anillo de Hitler como brújula
El próximo viernes, la Nueva Biblioteca Argentina LA NACION ofrecerá la novela El viajero de Agartha , de Abel Posse, que relata una travesía iniciática hacia la Ciudad de los Poderes Universales
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Walther Werner, oficial de confianza de Adolfo Hitler y miembro de una sociedad de iniciados en doctrinas esotéricas, es elegido para cumplir en 1943 una misión secreta. El Führer, enfrentados ya sus ejércitos a la contraofensiva aliada, confiaba tanto en la eficacia destructiva de nuevas bombas cuanto en la asistencia de misteriosas fuerzas ocultas para vencer a los gobiernos de países inferiores que se habían concertado para detener su arrasador avance por Europa y el norte de Africa.
Al encomendarle la misión de buscar en el corazón de Asia la milenaria ciudad subterránea de Agartha, la Ciudad de los Poderes Universales, Hitler entrega a Werner un antiquísimo anillo de bronce con un rubí donde resalta el tallado primitivo de una cruz esvástica. Se trata del anillo que lucía en uno de sus dedos Gengis Khan, en el siglo XII, cuando alcanzó el supremo objetivo de preservar el continente asiático "de la perversión judeocristiana; el mismo anillo que Adolfo Hitler llevaba en su mano en la madrugada del 23 de julio de 1940, en su mayor momento de gloria, al ver París a sus pies desde lo alto de la torre Eiffel".
Y Walther Werner, con el anillo en su dedo anular como talismán y salvoconducto, asumiendo la identidad de un arqueólogo británico que ha sido asesinado por los SS, emprende viaje a través de una geografía desértica en busca de la mágica ciudad perdida, espacio místico del que, cree, deberá emanar una energía capaz de revestir al carismático líder con poderes sobrenaturales.
Durante su travesía iniciática, el protagonista irá cumpliendo un derrotero al que no le serán ajenos el peligro, el crimen, el amor, la experiencia mística de los lamas del Tibet, la duda y el sacrificio personal, acaso como pruebas rituales de una doctrina que, en definitiva, no podrá detener el estrepitoso fracaso del nazismo, esa suerte de teología de la violencia alimentada por Hitler con su creencia en la superioridad racial y, secretamente, en una delirante concepción de las mitologías paganas.
Obra de imaginación con fundamentos en la historia, la filosofía y el esoterismo, El viajero de Agartha se lee con el interés de un relato que es, también, de aventuras o de espionaje. El creador de memorables narraciones como Los perros del Paraíso, premio Rómulo Gallegos; El largo atardecer del caminante, premio del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, y su reciente El inquietante día de la vida, obtuvo con El viajero de Agartha el premio Diana de México. Este galardón distinguió así un relato armado con insoslayable destreza narrativa que denota, además, la capacidad del autor para alumbrar el misterio de las profundas zonas del alma. Todo ello a través de un lenguaje transparente, rico, sutil, que revela y seduce al mismo tiempo.
Abel Posse, novelista, embajador -actualmente es jefe de nuestra misión diplomática en Dinamarca- y un polémico analista de la realidad social y cultural suficientemente conocido por los lectores de LA NACION, regresa con este libro a ciertos rasgos temáticos de una novela anterior, Los demonios ocultos, pero dándoles un giro novelesco que nos introduce en climas cada vez más tensos y dramáticos.
Como en prácticamente todas las novelas de Posse se encuentra aquí esa amalgama de historia y fantasía que otorga a sus ficciones un matiz sumamente atractivo. Por detrás del trazo realista con el que retrata ambientes y personajes, aflora siempre -también en esta novela que estará en los quioscos el próximo viernes- el fascinante testimonio de una aguda capacidad de observación y de reflexión, así como la calidad literaria de uno de los más brillantes novelistas de nuestro país.


