
Contrastes de formas
El mundo sutil de Dolly Alexander, la rotunda plasticidad de Prisca Mustad y la fidelidad al paisaje en los trabajos de Emilio Trad animan el recorrido por galerías porteñas.
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DOLLY ALEXANDER es una artista argentina, que divide su tiempo entre Buenos Aires y París. Su muestra en la Galería Arroyo (Arroyo 830) está formada por un conjunto de obras que confirman su dominio de la acuarela. En contados casos, las obras están acentuadas, sobre todo los blancos, con algún toque de pastel (eso al menos creímos ver).
El mundo de Dolly se divide, en términos de arte, entre las dos culturas con las que tiene oportunidad de dialogar. Por un lado, preserva rasgos que nos hacen pensar en las acuarelas de Rodin y, por otro, en amable diálogo con L´Ecole de Paris, mantiene parentesco con la Escuela de Buenos Aires (por ejemplo, en la diafanidad de la luz).
Conocíamos ya su dominio del retrato, pero ahora la artista atrapa nuestra mirada con sus desnudos y naturalezas muertas. Si tuviese que encontrar un término para definir el clima que nos propone esta creadora, no vacilaría en emplear la palabra delicadeza.
Ya el Conde de Keyserling, en su paso por la Argentina, encontró que ésa era una de las características sobresalientes de nuestro medio. Lo confirmé cuando Federico Manuel Peralta Ramos me narró cómo, al terminar una de sus obras informalistas, le preguntó a un obrero su opinión. El hombre le contestó: "Yo la hubiese preferido más delicada". Otra prueba de lo dicho es la música del tango y aun su baile, tan insinuante como sigiloso.
Lo que sorprende no es tanto la levedad y el buen gusto de las espaldas de los desnudos de Alexander sino otros desnudos que, por sus posturas más voluptuosas, en manos menos delicadas hubiesen resultado quizá atrevidos.
En las naturalezas muertas, Dolly revela su dominio del dibujo y de la composición, algo a lo que Cézanne daba tanta importancia que, cuando de modelos vivos se trataba, los sometía a pruebas de infinita paciencia. No parece ser el caso de Anyke Niemeyer, la niña que posa con gracia junto a un ramo de flores, de las cuales ha tomado una en su pequeña mano.
No me sorprende que Dolly Alexander haya sido invitada a exponer sus trabajos en galerías europeas, ni tampoco que sea ésta su segunda muestra en Arroyo. Toda su pintura tiene la virtud de capturar la atmósfera, algo que los entendidos en el difícil arte de la pintura sabrán apreciar. En síntesis, una artista de excepción para un público excepcional.
Lucidez y misterio
La pintura de Emilio Trad es tan poco común como su apellido. Este artista argentino, nacido en 1953, siguió en nuestro país los cursos de la Escuela Nacional de Bellas Artes y, después de algunas estadías en Europa y Estados Unidos, decidió instalarse definitivamente en París (1982), donde obtuvo, entre otras distinciones, el Primer Premio de pintura del Salon d´Automne (1992) y donde expone con éxito regularmente. Sus obras se exhiben también en el Líbano y se mantiene vinculado, en Buenos Aires, a la galería Palatina (Arroyo 821), donde realiza actualmente su tercera muestra en la última década.
Especialmente en sus figuras hieráticas, que parecen uno más de sus recursos compositivos (en particular, la esfericidad de sus cabezas), no podría considerárselo un pintor realista. Pero tampoco podemos decir que Trad desprecie los elementos naturalistas que le brindan paisajes y balcones. Esos elementos están sometidos a una visión rigurosamente personal y a un orden que permite ubicar al artista como un representante de la Nueva Figuración, en cuya obra se vislumbran, a la vez, ciertos rasgos de sabor surrealista. Los animales o pájaros que acompañan a los personajes humanos mantienen una proximidad a lo real que enfatiza el contraste con esos humanos cuyas cabezas se parecen, por su contundencia geométrica, a los de Piero della Francesca.
Dominador del tono y del medio tono, Trad capta los paisajes parisienses con una autoridad que sin duda mana del ojo, pero también del subconsciente. Este arte lúcido, no exento de misterio, que exalta la geometría de los planos y su articulación en el espacio, es un arte que indaga y propone enigmas, bajo una apariencia irónica de inocente objetividad.
Mundo bovino
En Galería El Socorro (Suipacha 1331) se exhiben pinturas de Prisca Mustad. Esta artista española, nacida en San Sebastián, trabajó en la famosa Academia de San Fernando de Madrid y en talleres de arquitectos. En su obra, el mundo bovino constituye un tema recurrente, trascendido por la plasticidad con que la artista logra captar a estos animales.
En los cuadros exhibidos hay vaquitas y terneros de todos los tamaños y colores, en cantidades no soñadas por Cordiviola ni por los holandeses. Asoman por allí con timidez algunos ovinos y hasta un oso polar, que parecería fuera del contexto general. Mustad es una artista realista que merece todo mi respeto y admiración.
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