"Creo que el tema esencial de mi novela es el gusto por la vida"
A fin de mes, saldrá su memoria La suma de los días , diálogo intenso con Paula, su hija muerta en 1992
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-Escribe unas memorias, Isabel.
-A mi familia no le gusta verse expuesta, Carmen.
-Si hay que escoger entre contar una historia y ofender a los parientes, cualquier escritor profesional escoge lo primero.
Este diálogo sincero y contundente entre Isabel Allende y su agente literaria, la poderosa Carmen Balcells, alumbró La suma de los días (Sudamericana), el reciente libro de la narradora chilena, que se lanzará internacionalmente el 28 de este mes.
Esta no es sólo una autobiografía. Es la vida de Allende agitándose sin pausa detrás de la narradora que en los últimos 15 años acometió el oficio de contar, disfrutado por miles de lectores en el mundo. Y es un largo diálogo con Paula, su hija muerta en 1992. El comienzo de La suma de los días es precisamente el final: la muerte de Paula, que la autora registró en una biografía desgarrada. Desde aquellas profundidades emerge este reality book rebosante de anécdotas -divertidas y amargas- que le ocurren a la gente empeñada en vivir.
Como escenas de ese relato vital, allí están la desaparición de Jennifer Gordon, la única hija mujer de Willie, el esposo norteamericano de Allende; su matrimonio; la bisexualidad de su ex nuera Celia; las distancias con su hijo Nico; la infertilidad de su nuera Lori; la adicción a las drogas duras de los hijos de su marido; los viajes por el mundo. Todo matizado con autocrítica, humor y sentido común.
La autora lo dice al comienzo del libro: "Cada uno de nosotros es el protagonista de su propia leyenda". Desde su refugio de California, donde vive con su marido y una enorme "tribu" familiar integrada por sus descendientes de sangre y los amigos "adoptivos", Isabel Allende contestó por correo electrónico las preguntas de LA NACION.
-La experiencia de la muerte y la eternidad del espíritu son dos de las cuestiones centrales del libro. ¿Por qué las eligió?
-La muerte, el amor, la amistad, caerse y levantarse... ésos son los temas de mi vida y por eso están en este libro. Sobre todo porque ahora, que estoy más vieja [la autora tiene 65 años], veo la muerte más cercana. Creo que el tema esencial del libro es el gusto por la vida.
-En un mundo donde la familia ha mutado, ¿apela a preservar una familia tradicional?
-Al terminar el libro no pude menos que comparar a mi familia de California con la familia de Esteban Trueba en mi primera novela, La casa de los espíritus . ¡Esa sí que era tradicional! La mía es una pequeña tribu cuyos miembros -salvo excepciones- no tienen lazos de sangre, vienen de diferentes lugares del mundo y lo único que tienen en común es el deseo de permanecer juntos. Me siento como una matriarca en torno de cuyas faldas se reúne esta familia hechizada. Para mí, la familia es fundamental, porque en los caminos del exilio y de la vida perdí a la que tenía originalmente. Por eso he tratado de armar otra. En una familia la gente se ayuda, nadie se queda tirado, los niños crecen en el regazo de varias generaciones, los viejos no se mueren solos en un hospicio. Es cierto que todos queremos privacidad y es una lata hacerse cargo de los parientes. Pero la alternativa a la familia es la soledad y el desamparo.
-¿Cómo fue el proceso previo a ese abrir su vida al mundo?
-Fue fácil escribir el primer manuscrito, porque me basé en las cartas que le he escrito a mi madre durante estos años, donde está el acontecer cotidiano con toda la frescura del momento. Lo difícil fue después, cuando lo leyeron los miembros de la familia, unos en castellano y otros en inglés. Cada uno vino a confrontarme con su propia versión y entonces comenzó el proceso de indagar en los sentimientos, meterse en los secretos, ahondar en los acontecimientos. Mi hijo lo resumió en una frase: "Nunca nos pondremos de acuerdo sobre el pasado, pero estamos de acuerdo en que queremos seguir juntos en el futuro". No me planteé abrir mi vida, porque ésta siempre ha estado abierta.
-"No es la verdad expuesta lo que nos hace vulnerables, sino los secretos", dice su marido. ¿Lo comparte?
-Vengo de un ambiente muy pacato, de una familia conservadora, católica, clasista y bastante típica en Chile, en la que hay muchos secretos. Con la excusa de que los trapos sucios se lavan en casa, la gente acumula porquería debajo del catre. Tuve la buena suerte de vivir 13 años en Venezuela, donde a nadie le importaba un bledo quién era yo o lo que me podía pasar. Eso me dio una gran libertad interior. Desde mi primera novela, en la que mi familia figura como protagonista, me sentí libre de exponer los secretos y no me autocensuré. Willie, en cambio, viene de la calle. A los seis años lustraba zapatos en el barrio mexicano de Los Angeles. Cuando lo conocí en la primera cita me contó sobre sus hijos drogadictos, sus amores frustrados, sus problemas financieros. Pensé entonces que no buscaba impresionarme. Me enamoré de su fuerza y su franqueza.
-¿ La suma de los días es un libro de reconciliaciones?
-No lo pensé así. Escribí desde el alma, sin pensar. Lo que hay en esas páginas son simplemente vivencias acumuladas.
-¿Esa suma de señales mágicas que acompañan sus días realmente existen?
-Creo que todos vivimos rodeados de señales, pero en el apuro y el ruido de la vida moderna no podemos percibirlas. Mi trabajo me obliga a estar sola y en silencio durante muchas horas, meses y a veces años. Es una forma de meditar que agudiza mi intuición y mi imaginación. Se me afinan las antenas y me pongo en contacto con el mundo invisible, veo conexiones, empiezo a tener toda clase de sueños reveladores, me pongo muy rara
-¿A su marido le gusta concentrarse en los hechos y a usted, en la verdad?
-Willie es abogado. Muchas veces le he reprochado que en su profesión no hay una búsqueda de justicia o de verdad, sino una acumulación de hechos. Como escritora y como ser humano no puedo pensar así. Una novela es ficción, un atado de mentiras, pero no funciona si no tiene una verdad fundamental que la sostenga. Los hechos no siempre coinciden con la verdad. En mi trabajo hay que indagar muy profundo en busca de la verdad y tratar de entregarla a los lectores mediante una historia bien contada. Si para ello tengo que inventar, no me siento en falta.
-Su libro es un diálogo con su hija Paula. ¿Qué le dijo ella a su corazón cuando el libro estuvo listo?
-Durante el año y medio que me tomó la escritura tuve a Paula presente todo el tiempo. Se lo he contado palabra a palabra. Voy al bosque a menudo con Willie y con Olivia, nuestra perra. Caminamos en silencio bajo los árboles y sentimos la presencia de su hija Jennifer, de Paula y de otros espíritus que nos acompañan. Creo que Paula aprueba que haya escrito este libro, pero no sé si aprueba que se publique.
-¿Es usted feliz?
-Vivo agradecida, no sólo por lo bueno, que es mucho, sino por todo lo que me ocurre, incluso el dolor. Siento lo divino en todo lo que existe. Todo está lleno del espíritu divino. Y yo también.
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