De la Rúa y Cavallo se juegan su destino

Rosendo Fraga
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10 de diciembre de 2001  

El nivel de consenso que tiene la gestión del Presidente en la opinión pública es muy bajo y no llega al 10 por ciento.

En términos internacionales, se considera que cuando una administración cae por debajo del 20 por ciento de aprobación, se pierden las condiciones políticas necesarias para la gobernabilidad.

Históricamente, el nivel al cual ha caído la aprobación de la gestión presidencial, está por debajo de la que tenían tanto Alfonsín como Menem en su final. El problema es que esta situación se da cuando De la Rúa está cumpliendo sólo dos años de gestión.

Pero, paralelamente, la mayoría de la población prefiere que el Presidente termine su mandato y esta es la actitud que hoy predomina en la dirigencia argentina, ya sea política, empresaria o incluso sindical, más allá de algunas figuras específicas que bregan por una elección anticipada, como el sindicalista Hugo Moyano.

Pero la pregunta es si el Presidente podrá terminar su mandato, ya que hoy uno de cada dos argentinos piensa que no podrá hacerlo.

Los que pasaron

De la Rúa cumple, el día lunes, dos años en el Gobierno. Machinea, López Murphy y Cavallo: se suceden los mejores economistas del país en el cargo, y no logran sacarnos de la crisis.

Tuvimos blindaje, delegación de facultades, megacanje, déficit cero, reprogramación de deuda, acuerdo con el Fondo y ninguno de estos estos programas logró sacarnos de la crisis.

¿Por qué? Más allá de sus aciertos o errores, sin un marco político adecuado no se va a lograr resolver la crisis.

Con la designación de Ramón Puerta como presidente provisional del Senado, el justicialismo no pretende cogobernar,- sería compartir el desgaste,-ni tampoco precipitar un “golpe institucional”, como dijo el nuevo titular de la UCR, Angel Rozas.

Es que la profundización de la crisis económica, a partir del control de los depósitos y la salida de capitales junto con la decisión del FMI de no entregar más fondos a la Argentina, plantean la duda de si una administración débil desde el punto de vista político, estará en condiciones de controlar la situación.

En mi opinión, mientras De la Rúa logre evitar la devaluación y mantener la convertibilidad, no tiene riesgo de una entrega anticipada del poder, como sucediera con Raúl Alfonsín a fines de los años ochenta.

Es que los efectos políticos y sociales de una devaluación pueden tener consecuencias similares a las que tuvo la hiperinflación doce años atrás.

Desde esta perspectiva, conjurar la actual crisis económica evitando la devaluación, no es sólo un objetivo económico del Gobierno, sino que es también una necesidad política vital y ello será determinante de la estrategia del tándem De la Rúa-Cavallo durante las próximas semanas.

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