
Deseo y voluntad de poder
ARGENTINA IMPOTENCIA Por Alejandro Rozitchner-(Libros del Zorzal)-126 páginas-($ 12)
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"No es cierto que la Argentina no produzca nada: producimos crisis y desastres"; es más, "sentimos una poderosa atracción por el desastre" -afirma Alejandro Rozitchner-, pero si "hemos construido esta crisis durante mucho tiempo, con moneditas de escepticismo, crítica, desconfianza, mala onda, decepción, fracaso, etc.", eso no significa que seamos incapaces de "poner también otras moneditas" de entusiasmo, de deseo y de creatividad. Y Rozitchner no pretende ponerlas en el chanchito sino gastarlas, multiplicarlas, liberando el pensamiento -que está también "en un corralito"- como si abriera la caverna de Eolo para que surjan nuevos vientos, nuevas ideas, sin tenerle miedo a las tempestades y apostando a un pensamiento constructivo, deseante, con buenos aires.
De la caverna de Eolo, como es sabido, los vientos desatados parten raudamente en distintas direcciones, y de la caverna de Argentina Impotencia -título irónico que remite a los no tan sajones tiempos isabelinos-, de este libro que celebra el entusiasmo y la osadía, parten vientos de Nietzsche, de Osho, de José de San Martín, de Bataille, de Winnicott, y hasta de autores consagrados al estímulo de la creatividad, al management y al marketing . A estos vientos que a veces se cruzan armoniosamente y otras veces producen vendavales en el encontronazo se suman las ideas expuestas por Rozitchner en un libro inédito, La anticrítica o crítica de la crítica , del que anticipa en Argentina... algunos párrafos. En ellos se refiere a los docentes empecinados en inculcarles a los alumnos el pensamiento crítico y la desconfianza, actitud con la que logran -afirma- desposeer a los jóvenes de la capacidad de entusiasmarse y fomentar la abulia adolescente que tanto parece preocuparles. "Sería mucho mejor darles un poco de pensamiento `cítrico´, algo jugoso -escribe-, algunas vitaminas mentales, palmaditas conceptuales en su ánimo para que no desconfíen del mundo, para que se sumerjan en él, para que prueben, avancen, se equivoquen e inventen."
Desde el capítulo 3 de Argentina... soplan fuerte en este sentido los vientos de Nietzsche, que renueva el aire con su idea de libertad (más importante que liberarse de un yugo es ser libres para crear) y con una de sus nociones más discutidas, "la voluntad de poder". "Todo lo que vive tiende a dominar, a crecer en poder, todo lo que vive tiende a reinar", escribe Nietzsche, que ve no sólo en la naturaleza sino hasta en el individuo mismo una multitud de fuerzas que luchan por imponerse. La voluntad de poder no es entonces la voluntad de someter a otro a un yugo, es nada más -nada menos- que el principio vital e inocente del flujo del devenir. Retomando estas nociones nietzscheanas, Rozitchner arguye que deberíamos liberar nuestra facultad de crear y ver el juego del poder como el movimiento inevitable de la realidad, que el hecho de creer que el poder es intrínsecamente malo nos impide intervenir en el entramado de fuerzas en pugna y "lograr una configuración de poderes que haga más eficiente y lograda la vida comunitaria".
Para reconciliarnos no sólo con el poder, sino también con la autoridad, Rozitchner alude a la singular autoridad de José de San Martín, que no se imponía agresivamente sino que "emanaba" de él, como la emanación de la voluntad "del sujeto capaz de disciplinarse, de poderse a sí mismo", referencia que le permite también recordar las dificultades por las que pasó "el héroe en acción" y los que lo rodeaban y desmitificar la gravedad de la situación actual en Argentina. Si los problemas son inevitables y necesarios "en la puesta en juego del propio deseo", lo son también en las sociedades, sujetas, por añadidura, "a movimientos que van más allá de lo que éstas pueden pensar conscientemente sobre sí mismas", como el principio de la pérdida que Bataille analiza en "La noción de gasto", evocación que incita a Rozitchner a preguntarse: "¿será que nuestra satisfacción íntima, no pensada, tiene que ver realmente con producir pérdida, con no ser capaces de trabajar nuestra riqueza de manera productiva [...]?"
Pero Rozitchner no llora la pérdida, incita a la vitalidad e incluso propone la mirada del mundo de Osho, que "celebra" desde la propia respiración y el canto de los pájaros hasta el movimiento de la energía. "Siguiendo con esta línea podríamos decir que el sentido de la vida es hacer el amor con el mundo", prosigue, y agrega un poco más adelante: "Para los enamorados de la negatividad que somos, ideas como ésta resultan inaceptables. ¿Podríamos cambiar el objeto y el estilo de nuestro amor?" ¿Podríamos enamorarnos de la afirmación, impulsar el deseo y la creatividad que es, según Winnicott, la posición "de quien logra un nivel de participación en la realidad, aceptando las formas inmodificables de ésta e introduciendo la modificación que su deseo o necesidad le piden, cuando es posible"? Esa creatividad debería permitir que los argentinos saliéramos del tono quejoso y aunáramos el trabajo y el deseo en un proyecto. Pero -se pregunta Rozitchner-, "¿dónde encontrar algo más, la energía que haga posible el trabajo sostenido, enfoques que establezcan lazos fuertes y constantes entre el deseo y el trabajo en un proyecto?"
Pregunta álgida si las hay. Para zanjar la dificultad y apurado por llegar al final feliz, en los últimos capítulos, Rozitchner recurre a autores que proporcionan "recetas" para lograr la creatividad y a libros de management y marketing que parecen brindarle nuevos enfoques y energía. Más allá de todo prejuicio y de la muy discutible homologación entre una empresa y un país, los ejemplos citados (del tipo:"Viva, coma, duerma, respire prototipo, es decir, conviértase en un descarado fanático de la creación de prototipos") se parecen a las "recetas" de los libros de autoayuda y son tan banales como previsibles. Si el remedio no es peor que la enfermedad, es inocuo e irrisorio. Cuando hacia el final del libro conjuga a los autores de estas recetas con Osho y con Nietzsche, la desproporción devuelve la imagen de un Nietzsche sin bigotes que busca su Ariadna en la Gioconda bigotuda. Contra la queja y la falta de creatividad, ¿era tan urgente prescribir esas "recetas" que no son más que un pueril placebo?
Todo parece indicar que la fuente de la energía de Rozitchner no está en los libros de management , que Natura se la dio en abundancia y Salamanca no tuvo que prestársela. Y lo cierto es que lo fundamental del libro no está en el final fallido sino en el recorrido, en la posición audaz y singular del autor, en el ímpetu de su afirmación, en el lenguaje colorido, salpicado de notas de humor, con el que hace fluir un pensamiento orientado hacia la acción y busca transmitir un deseo y una voluntad de poder entusiasmarse que serían excelentes votos -valga la ambigüedad- para el año que acaba de iniciarse.
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