El 70% de los colegios mantiene el sistema de amonestaciones
Aunque dejaron de ser obligatorias, la mayoría de las escuelas elige aplicarlas
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LA PLATA.- Parecía que iba a ser el fin de las amonestaciones, pero no. A seis meses de la entrada en vigor de los "acuerdos de convivencia" en todos los colegios bonaerenses de nivel polimodal, la gran mayoría conserva esa forma de sanción, aunque ahora en un nuevo contexto, que las autoridades educativas conceptúan como "más democrático" que el anterior.
Las amonestaciones, que fueron el terror de los estudiantes durante 45 años, se resisten a morir. La expulsión del colegio, en cambio, es un fantasma en retroceso.
El año último, el 70% de las escuelas provinciales de nivel medio decidió que las viejas amonestaciones, vigentes desde 1958 en reemplazo de los castigos corporales, aún tendrían un lugar en ese nuevo marco. Sólo en esta capital, el 90% de las escuelas conservó la opción de las amonestaciones como forma de sanción para las faltas disciplinarias.
En esos establecimientos, sin embargo, ya no rige el viejo sistema que dejaba libre al alumno al llegar a las 25 amonestaciones: cada uno adoptó su propio límite y su propio sistema. En general, una o dos instancias de diálogo preceden a la aplicación de amonestaciones. El resto de los colegios optó, directamente, por eliminar ese método y reemplazarlo por otras sanciones, como la realización de tareas comunitarias.
El estudio
Los datos surgen de un relevamiento realizado por la Dirección General de Cultura y Educación (DGCE) entre las 1700 escuelas de nivel polimodal de la provincia, que nuclean a unos 570.000 alumnos.
Desde septiembre último, cada establecimiento se rige por su propio código de convivencia, consensuado entre directivos, docentes, padres y alumnos. En ese marco, las amonestaciones son reservadas, en general, para penalizar las faltas más graves, como las agresiones físicas entre alumnos, la evasión de las clases (o "rateada") o los insultos y otras faltas de respeto hacia docentes y autoridades.
El trabajo también arroja otro resultado significativo: "Prácticamente ha desaparecido el mecanismo de la expulsión", destacó Daniel Virué, subdirector de la Rama Polimodal de la DGCE y responsable del estudio.
En efecto, sólo una décima parte de los colegios de nivel medio sigue contemplando la posibilidad de dejar fuera de la escuela a los alumnos con problemas disciplinarios.
Hasta ahora, el nuevo sistema funciona sin grandes sobresaltos. Sin embargo, no todo son rosas. Virué reconoció que aún hay algunos problemas, aunque dijo confiar en que se irán resolviendo con el tiempo.
Por ejemplo, si bien los acuerdos de convivencia fueron bien recibidos por directivos, docentes y alumnos, "los padres participaron, pero en menor medida".
Tal vez por eso, desde la puesta en vigor de los acuerdos, hubo ciertos roces con "padres que se resisten a aceptar las nuevas pautas" o que "creen que sus hijos deben tener ciertos permisos, o hacen reivindicaciones que desde el punto de vista individual son atendibles, pero que en el ámbito de una comunidad no funcionan", según el estudio.
Pedido de los alumnos
En la escuela media N° 7, de General San Martín, las amonestaciones son todavía una opción válida para castigar las faltas. "Las conservamos porque los mismos alumnos piden un sistema que podríamos llamar de premios y castigos", dijo a LA NACION su directora, Rita Bannutini.
Sin embargo, ya no constituyen el eje del sistema disciplinario, como antes, sino una "última instancia" a la que se recurre cuando el diálogo y los apercibimientos han fallado.
El caso es similar en la escuela media N° 2 del partido de 25 de Mayo. Su directora, Stella Maris Coirini, dice que allí las amonestaciones siguen siendo una opción válida: "Esta es una comunidad chica y aquí una amonestación todavía significa algo", explicó a LA NACION.
En otras escuelas, sin embargo, el efecto de esa forma de sanción parecería haberse diluido.
"Las amonestaciones, como sanción, no nos daban ningún resultado -dijo a LA NACION María Rosa Donari, directora de la escuela media N° 3 de Bahía Blanca, la más grande de esa ciudad-. Los chicos solían ponerse de acuerdo y, cuando alguno de ellos cometía una falta, le echaban la culpa a otro que tenía pocas amonestaciones, para evitar que el primero quedara libre."
Además, como las amonestaciones caducaban al final de cada año, "sólo eran efectivas durante los primeros meses. Cuando amonestábamos a los alumnos cerca de fin de año, se nos reían en la cara", contó Donari.
En esa escuela las amonestaciones ya no existen, pero eso no significa necesariamente que las sanciones sean más blandas. Las faltas graves se castigan con la "separación transitoria del establecimiento" (otro término para la suspensión), y cada día de efecto de esa medida se computa como una inasistencia. Al alcanzar determinado número de inasistencias, los alumnos deben rendir los exámenes de todas las materias.


