El arte del diálogo

Las conversaciones de José Fernández Vega con Gianni Vattimo, Arthur Danto y Slavoj Žižek, entre otros, abordan con inteligencia dilemas estéticos y políticos de la contemporaneidad
Las conversaciones de José Fernández Vega con Gianni Vattimo, Arthur Danto y Slavoj Žižek, entre otros, abordan con inteligencia dilemas estéticos y políticos de la contemporaneidad
Candela Potente
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29 de noviembre de 2013  

Los diálogos socráticos fundaron un género literario que sería eternamente adorado por la filosofía. De ellos dedujo sus rasgos esenciales y, sin embargo, actualmente parece contemplar este género con cierta ternura y colocarlo con cuidado en una vitrina de triple vidrio en el museo imaginario de las ideas. Aislado y santificado en su polvoriento pedestal, el diálogo apenas forma parte de la práctica de escritura filosófica en la actualidad. Contra este triste devenir, Formas dominantes reaviva el género en cinco diálogos que José Fernández Vega realizó a lo largo de la primera década de nuestro siglo a figuras centrales del pensamiento actual: el filósofo estadounidense Arthur Danto (fallecido el pasado mes de octubre), el historiador alemán Hans Belting, el crítico belga Thierry de Duve, el filósofo italiano Gianni Vattimo y el teórico esloveno Slavoj Žižek. En todos los casos, estos pensadores formulan interpretaciones en torno a la estética y la política que conmueven los mapas de ideas que habitualmente nos orientan.

Frente al panorama del arte contemporáneo, Fernández Vega pregunta, entre otros temas, por los dilemas del pluralismo: ¿con qué criterios se valora una obra de arte hoy? ¿Cómo podremos decidir cuáles serán las obras que se preserven para el futuro en los museos? ¿Cuál es el papel del crítico de arte en un mundo en el que "todo vale"? De acuerdo con Danto, nos hallamos en una época sin manifiestos, donde no parece haber corrientes dominantes. Belting, a su vez, cree que la historia ya no determina la actividad artística a través de cánones. Mientras el pluralismo pareciera instaurar para algunos una libertad cuyo revés es una incomprensión universal en el arte –algo que Danto ilustró con la imagen de la torre de Babel–, De Duve, por su parte, no encuentra allí un problema para los artistas. Para ellos todo es posible ahora, y los límites de su actividad no deben ser expandidos, cuestionados o derribados, sino más bien construidos por ellos mismos. Lo que de Duve teme es una decadencia en la calidad del juicio estético, y en este marco presenta una interpretación lúcida y vivaz del filósofo alemán Immanuel Kant, que construyó en el siglo XVIII los cimientos de la estética moderna.

Tanto el entrevistador como los entrevistados están inmersos en el mundo del arte y la cultura, y encuentran a partir de sus experiencias problemas irresueltos que discuten de manera muy concreta, sin recurrir a jergas ni a teorizaciones presuntuosas. Fernández Vega plantea preguntas notablemente informadas que obedecen a auténticas preocupaciones suscitadas por la cultura contemporánea. Acaso una excelente síntesis de esta actitud sea la voluntad de Vattimo de formular una ontología del presente: el arte debe ser estudiado como acontecimiento, es decir, tal como se da en este mundo, y no en función de una esencia eterna y ahistórica que revelaría su verdad.

Si hay un punto en común en las cinco conversaciones, es que todas atienden a una imperiosa necesidad por comprender nuestro tiempo y reflexionar sobre él. Žižek, con sus respuestas, nos hace sospechar que algunos valores que parecieran hoy llamar a la liberación son en realidad funcionales a la opresión. Vattimo nos lleva a preguntarnos si hay aún verdad en las obras de arte, o cuál es el sentido de ellas. Danto cuestiona el hermético repliegue de los filósofos de la estética sobre la filosofía misma, y señala la importancia de que los artistas y los filósofos vuelvan a relacionarse y entablar discusiones. Interrogantes y afirmaciones se van entretejiendo, a veces incluso hasta indiferenciarse, de modo que se construyen genuinas conversaciones.

El diálogo con Žižek, curiosamente, empieza con un comentario de este filósofo a su interlocutor, donde señala la gran importancia que adquirió la palabra "interesante" en los círculos académicos. Él cuenta que cuando al terminar una de sus conferencias pregunta al público su opinión sobre ella, la respuesta usual es que fue "muy interesante", como manera amable de decir que fue "estúpida y aburrida". Si estamos de acuerdo con Žižek, entonces, tendremos que adoptar para Formas dominantes palabras menos engañosas.

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