
El arte, el dolor y la muerte
BODY ART Por Don DeLillo-(Circe)-Trad.: Gian Castelli-141 páginas-($ 25,50)
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Después de su portentosa novela Submundo , en la que combinaba las teorías conspirativas con la metáfora del reciclamiento de la basura como coordenada explicativa del pasado y el presente del american way of life , Don DeLillo se aparta en Body Art de la crítica cultural y social para adentrarse en el también peligroso terreno de la intimidad de una mujer en su peor momento de angustia y soledad.
El novelista es ya un referente indiscutido de la narrativa posmoderna y uno de los exégetas más brillantes de la sociedad y la cultura norteamericanas entendidas como texto abarcador, multiforme y de casi inexpugnable complejidad. Sibien Body Art abre una nueva etapa en la producción novelística del autor, existe, no obstante, un punto de contacto con trabajos anteriores: el puntilloso interés por subrayar y descifrar el enorme poder de la palabra, la expansiva capacidad del lenguaje a la hora de representar tanto lo minúsculo como el más amplio espectro de lo materializable en términos literarios.
Lauren Hartke, la protagonista, es una figura reconocida de las artes performativas que se apoyan en la expresividad del cuerpo, una artista original y casi consagrada, que se oscurece en el matrimonio con Rey Robles, cineasta barcelonés que otrora tuvo importantes logros en la pantalla internacional a través de relatos fílmicos poco convencionales. Pero todo se quiebra abruptamente cuando el director de cine se suicida. Asaltada por el dolor, Lauren se refugia en el caserón que ambos compartieron en los primeros tiempos del matrimonio, en un rincón desolado de la costa de Maine, donde la orilla del mar parece ser la única frontera entre el presente y los recuerdos. La artista necesita esa soledad que la daña, que la va marcando en cuerpo y alma, casi como las estrategias de maquillaje y transformación que utiliza para sus performances . Pero Lauren, que está ensayando un nuevo trabajo escénico autobiográfico, no está preparada para un aislamiento tan esencial: el mar comienza a rugir extrañamente, el cielo y la tierra se confunden y, de la nada, aparece un hombre sin edad y sin lenguaje que se instala en el caserón y comienza a hablar, primero mediante susurros y balbuceos, luego expansivo y admonitorio, con la voz y las palabras del difunto Rey Robles.
El paisaje de desolación que la trama despliega es doble: la playa desértica y el interior ruinoso de Lauren. Su lento decurso trata del ensayo de una obra mayúscula: la aceptación de la muerte ajena que, en definitiva, es la aceptación de la propia finitud. Pero Body Art es también la historia de la interrupción de un proceso anímico y físico por culpa del lenguaje de otro, quien, aun muerto, sigue interponiéndose e instalando su percepción del mundo en la viuda. Así tenemos, por un lado, el relato de las vivencias de una mujer posiblemente alucinada y en la suma de su angustia; por otro, la narración más detallada y obsesiva del trance de construcción de un texto artístico, con sus vaivenes y contradicciones, con lo público que se extrapola en lo privado. La trama se construye en torno a la depresiva viudez de la protagonista, pero también explora la capacidad de la escritura como espacio de cruce entre la conciencia del autor y el destino de los personajes.
DeLillo bucea notablemente en las aristas mínimas de lo introspectivo, en el interludio de los momentos de mayor aislamiento, en el amargo vórtice entre el tiempo subjetivo y el devenir indiferente del mundo, con un lenguaje rico y riguroso. Body Art recorre las distintas regiones del cuerpo y la mente, expurga el dolor de un espíritu atormentado en la fluidez de su propio delirio y escarba en la convergencia entre las incógnitas esenciales de lo humano y la más rampante cotidianidad del quehacer doméstico. En esta reflexión sobre el vínculo indisoluble entre el impulso artístico, el dolor y la muerte, las palabras acechan lo íntimo de una psiquis maltrecha pero se elevan a una sinfonía acerca de los sentidos, la conciencia, la inexplicabilidad de la índole de las cosas.
Una novela sobre las palabras y los cuerpos, que DeLillo nos propone como un recodo de reflexión en la vorágine de la narrativa contemporánea, pletórica de grandes simulacros o de engañosas convicciones. Breve, además, porque, en su estética del detalle y lo particular, importa el hecho de la lectura, un instante en el que se cruza el sentido del texto con la experiencia de un lector agradecido por este compacto tableau vivant sobre la índole de la literatura y el tiempo.



