El celibato, una práctica que surge de la tradición y no es dogma de fe
Los escándalos que involucran a sacerdotes reactivan el debate sobre su vigencia
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Los escándalos por las recientes denuncias de abuso sexual que involucraron a sacerdotes católicos en los Estados Unidos sacaron a la luz el debate sobre la vigencia y el sentido del celibato sacerdotal, una tradición que se remonta a los primeros siglos de la vida cristiana.
Se trata de una exigencia que rige en el rito latino de la Iglesia Católica, pero que no constituye un dogma de fe ni forma parte de la doctrina eclesiástica inmutable. Así lo explicaron a LA NACION cinco sacerdotes que hablaron sobre el significado del celibato, al tiempo que desvincularon el tema por completo de los escándalos por las denuncias de abusos deshonestos.
Los curas consultados valoran el requisito del celibato y lo definen como una práctica posible que, a veces, puede sonar extraña en esta sociedad posmoderna. Pero admiten, en coincidencia con los cuestionamientos que surgen en la sociedad, que en la Iglesia podría abrirse un debate sobre el tema. Y afirman que si se convirtiera esa exigencia en un requisito opcional, esto no modificaría la esencia del orden sacerdotal.
En los primeros siglos del cristianismo, el celibato no era una exigencia. Según el jesuita español Eduardo López Azpitarte, catedrático de teología moral en Granada, comenzó a regir a partir del Concilio de Elvira, en el siglo III. Se lo vinculó con el nuevo modelo de cristianismo más unido al cenobita, al hombre que se va al desierto y busca la santidad en soledad con Dios. Nunca se lo tomó tan en serio como en el Concilio de Trento de 1545, cuando se crearon los seminarios y el celibato se impuso como requisito.
Atender necesidades afectivas
El teólogo Luis Pérez Bahamonde, profesor de Historia de las religiones, rescata la dimensión de servicio que tiene el celibato, pero sostiene que necesita confrontarse con la realidad actual, en la que predomina una corriente personalista que destaca las necesidades afectivas. "Estas están en primer plano y requieren ser atendidas, lo que plantea la necesidad de un sacerdocio alternativo", sostuvo.
Además, cree que las desviaciones (homosexualismo, pedofilia) interpelan esta tradición cristiana y actúan como una alarma para que las necesidades afectivas sean más tenidas en cuenta.
El rabino Mordejai Levin, de la Asociación Religiosa y Cultural Israelita Lamroth Hakol, prefirió no opinar. "Es algo propio de otra religión; no corresponde que yo opine al respecto", señaló.
El sacerdote Guillermo Marcó transmitió una postura firme. "Me resulta chocante enterarme de estos casos de abusos. Una persona que entra en la vida sacerdotal y luego abusa de un menor, le hace daño a la Iglesia. Pero no veo ninguna relación entre esta aberración y el celibato", confesó.
El padre Enrique Fabbri, sacerdote jesuita, guarda una visión un poco distinta: "Parecería que algunos hombres consagrados no saben cómo resolver esta exigencia". Cree que, como el celibato no es esencia del sacerdocio del clero diocesano, sería conveniente que la Iglesia lo disponga como un requisito facultativo. Hace la salvedad con los religiosos (como él, que es jesuita), porque dice que para ellos sí es requisito esencial.
Experiencia enriquecedora
¿Cuán problemático o enriquecedor es para estos hombres consagrados vivir la abstinencia sexual?
"En mi experiencia, el celibato me ayudó a desarrollar una actitud más maternal frente a la feligresía. El celibato es un signo de otro desposorio con Cristo", comentó un presbítero que optó por el anonimato.
Para López Azpitarte, el celibato tiene un sentido humano y religioso. "Cuando una persona descubre un ideal puede entregarse por completo a Dios, renunciando a conductas humanamente válidas. Esa meta tiene la fuerza y dignidad suficiente para la entrega y sacrificio", aseguró.
Además, precisó que detrás del celibato hay un amor hacia una persona, un sentimiento religioso de querer hacer presente el Reino en este mundo. Y comentó que lo vive "no tanto como una exigencia sino una vocación".
"Ninguna experiencia se sostiene y valora por 2000 años encarnada en vidas reales si no tiene un valor auténtico", dijo un presbítero que prefirió no revelar su nombre. Cree que el celibato no es más problemático que el sexo en general. "El problema profundo es el sexo y su integración con la personalidad", agregó.
En su último libro, "Qué mundo nos ha tocado" -escrito con la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú-, el padre Rafael Braun explica que uno de los argumentos que sustentan el celibato indica que, teológicamente, la sexualidad genital está vinculada a la reproducción, y la reproducción a la muerte.
"En el mundo de la resurrección ya no existirán la corrupción y la generación y el que vive el signo del celibato vive proféticamente un anticipo del Reino", sostiene Braun en el libro.
Qué pasa en distintos credos
El Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado en 1992 por Juan Pablo II, establece que "todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuando los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato por el Reino de los Cielos".
También explica que desde hace siglos está en vigor una disciplina distinta en las iglesias orientales: mientras los obispos son elegidos únicamente entre los célibes, hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros, una práctica considerada legítima desde tiempos remotos.
El celibato no es una exigencia en el judaísmo, donde los rabinos -que son maestros y no sacerdotes- pueden casarse libremente. Es más, esta religión valora como ideal para el ser humano el estado matrimonial y ve a la familia como el lugar donde se vive y transmite el las tradiciones judías.
Tampoco el islam ni la iglesia protestante requieren el celibato para los imam o los pastores. Las iglesias cristianas de rito oriental y los patriarcados de Siria y Antoquía se rigen por la tradición antigua, que no exigían esa práctica. En su pontificado, Juan Pablo II admitió la incorporación de pastores que se alejaron de la Iglesia Anglicana y se unieron al catolicismo sin la exigencia del celibato.




