El elemento más controvertido de la meticulosa reconstrucción de Notre Dame de París, a siete años del incendio
Seis inmensos vitrales que describen la festividad cristiana de Pentecostés comenzarán a instalarse en el edificio; completamente nuevos, instalaron un debate: ¿es ético introducir arte contemporáneo en una obra maestra de 800 años de edad?
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REIMS, Francia.- A siete años y medio de que las llamas casi devoraran la Catedral de Notre Dame de París, los obreros que trabajan en la reconstrucción pronto empezarán a instalar el elemento más controvertido de la meticulosa restauración: seis inmensos vitrales que describen la festividad cristiana de Pentecostés. A diferencia de las gárgolas, los cuadros y otros tesoros de la catedral, que fueron recuperados y restaurados, estos vitrales son totalmente nuevos.
Los vitrales son obra de la artista francesa Claire Tabouret y muestran paisajes y tradicionales procesiones religiosas, pero en estilo contemporáneo. Irán a reemplazar los vitrales del siglo XIX que cubrían las ventanas del lado sur de la inmensa nave central, y han desatado un feroz debate público: ¿Es ético introducir arte contemporáneo en una obra maestra de 800 años de edad?
De hecho, ya son más de 300.000 las personas que firmaron la petición para exigir que se dejen las ventanas nuevas, a las que se suman los grupos conservacionistas, que hicieron numerosas presentaciones ante la Justicia para que impida su reemplazo, argumentando que infringe las leyes de protección patrimonial de Francia, casi un sacrilegio en un país que se precia de su patrimonio artístico y cultural.

“Es inaudito que quieran demoler el pasado, desmantelar algo que ya está catalogado como monumento histórico, solo para dar paso a otra cosa”, apunta Julien Lacaze, presidente de Sites & Monuments, una organización de lucha para la protección del patrimonio arquitectónico de Francia.
Pero ninguno de esos reclamos ha tenido éxito. Los nuevos vitrales ya están casi terminados y serán instalados a fines de este año. Los responsables de la restauración de Notre Dame ya se muestran cautamente optimistas: creen que a pesar de las críticas iniciales, cuando finalmente estén instalados, los fieles y los visitantes recibirán con agrado la nueva incorporación.
“Siempre es igual”, comenta Philippe Jost, presidente de la entidad pública Rebuilding Notre Dame de París. “Primero se expresan opiniones, por lo general con vehemencia y convicción. Y después, cuando la cosa ya está ahí, la gente se da cuenta de que en realidad no está tan mal”.

La fabricación de los vitrales se está realizando en un centenario taller de vidriería de Reims, una antigua ciudad situada a 130 kilómetros al este de París. En estos últimos meses tuvo la oportunidad de visitar ese taller con el señor Jost, y esa visita le dio un nuevo giro a esta intrincada historia. Porque resulta que el taller Atelier Simon-Marq, fundado en 1640, actualmente se encuentra en el sótano de una iglesia mucho más actual, la del Sagrado Corazón, de estilo modernista de mediados del siglo XX.
El situación contiene un simbolismo innegable: una iglesia de la década de 1950, construida en hormigón armado y desacralizada apenas 60 años después de su inauguración, alberga uno de los talleres más antiguos de Europa. Ese taller, a su vez, fabrica vitrales para la que quizás sea la catedral gótica más famosa del mundo, cuya primera piedra fue colocada en 1163.
En el taller, los artesanos trabajaban encorvados sobre mesas retroiluminadas, pintando y grabando piezas de vidrio tallado que luego se cocerán y ensamblarán para formar los vitrales.
La empresa fue fundada por el maestro vidriero Pierre Simon y permaneció en manos de su familia hasta hace casi dos décadas. En sus siglos de existencia, el taller colaboró con artistas como Marc Chagall y Joan Miró, y ayudó a restaurar los vitrales de la catedral de Reims tras los daños sufridos durante la Primera Guerra Mundial.
En 2011, tras atravesar graves dificultades económicas, la familia Simon vendió el taller, que posteriormente fue vendido de nuevo a dos adinerados empresarios de Reims: Pierre-Emmanuel Taittinger, expresidente de la casa de champán Taittinger, y Philippe Varin, expresidente de la automotriz francesa PSA Peugeot Citroën.
Ante la necesidad de trasladar el taller a un espacio más amplio, Tittinger tuvo la idea de reubicarlo en una iglesia desacralizada, convencido de que así funcionaría en un ambiente tranquilo, casi monástico, acorde con la restauración de vitrales.
Según Taittinger, le presentó su propuesta al recién nombrado arzobispo de Reims, Éric de Moulins-Beaufort. “Tras un par de copas de champagne”, recuerda con humor, “el obispo me dijo: ‘Sí, tengo una o dos iglesias desacralizadas que se podrían usar’.”
Más tarde, Taittinger dio la bienvenida al taller a otro arzobispo, Laurent Ulrich, de París. Y fue Ulrich quien propuso por primera vez la idea de sustituir los vitrales del siglo XIX de Notre Dame, diseñados por el arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc. El arzobispo le planteó la idea al presidente Emmanuel Macron, y el presidente, deseoso de dejar su impronta en la restauración de Notre Dame, la apoyó con entusiasmo.
Se abrió entonces un concurso internacional y el proyecto fue adjudicado a Tabouret, una artista francesa de 44 años que pinta en estilo figurativo. Tabouret dice que más que disgustarla, la controversia sobre la instalación de nuevos le produce intriga. “En Francia no es muy habitual que hagamos cosas así”, dice la artista. “Es una señal muy importante para el país y para la Iglesia”.
Quien le sugirió a Tabouret la temática de Pentecostés fue el arzobispo Ulrich, y defendió la decisión de optar por un estilo moderno argumentando que está en total consonancia con la historia de Notre Dame. Desde su finalización en 1345, sostiene Ulrich, “la catedral se ha enriquecido, ha experimentado transformaciones y las ha acogido de brazos abiertos”.
Céline Bachelot, directora del Atelier Simon-Marq, está fascinada por la oportunidad de crear algo que pasará a formar parte de Notre Dame. “Estas cosas ocurren solo tal vez cada dos siglos”, señala.
Parte del optimismo de quienes apoyan el proyecto se debe a la recepción positiva que tuvo una reciente exposición de los bocetos de Tabouret para los vitrales, en tamaño real: la muestra se realizó en el Grand Palais de París, recibió la visita de 340.000 personas, y las críticas en la prensa francesa fueron mayormente positivas.
“Estoy muy emocionada”, confiesa Tabouret sobre la inauguración prevista para fin de año. “Obviamente, a algunas personas no les gustarán: es imposible complacer a todo el mundo cuando la catedral recibe 15 millones de visitantes al año”.
La artista, que regreso a Francia recientemente tras una década viviendo en Los Ángeles, dice admirar la pasión que la conservación del patrimonio histórico despierta en los franceses, y asegura que Francia es uno de los pocos países donde uno puede escuchar a la gente debatiendo en los bares sobre los méritos y beneficios de la restauración de edificios antiguos.
Pero Tabouret desestima a quienes dicen que sus vitrales borrarán el legado de Viollet-le-Duc, cuyos vitrales fueron instalados como parte de una restauración más amplia de Notre Dame. Esos vitrales serán restaurados y exhibidos: dos en un museo de arquitectura en París y cuatro en un castillo al norte de París que fue reconstruido por el propio Viollet-le-Duc.
Y la contribución más visible de Viollet-le-Duc, la aguja de madera recubierta de plomo que se alzaba sobre el transepto de la catedral y fue consumida por el incendio de 2019, ya fue fielmente reconstruida. antes de decidirse por el diseño original, las autoridades francesas solicitaron propuestas de vanguardia a algunos de los arquitectos más importantes del mundo, incluido Norman Foster.
“Si uno visita la recién restaurada Notre Dame se da cuenta de que es un increíble homenaje a Viollet-le-Duc”, señala Tabouret.
Por ahora, sin embargo, la artista está concentrada en terminar sus propios vitrales. Cada dos semanas visita el talles donde se están fabricando, y aún sigue perfeccionando sus diseños. “Acabo de retocar algunos detalles de los rostros”, señala durante la entrevista.
“Ahora estamos trabajando en la procesión del último vitral”, agrega. “Es la última imagen que uno ve antes de salir de la catedral”.
(Traducción de Jaime Arrambide)
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