
El hábito cotidiano de comprar arte por millones
Ya se vendieron obras de Bacon, Rothko, Fontana y Modigliani
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MAASTRICHT.- El ex premier italiano Silvio Berlusconi pasó inadvertido ayer por la feria de arte Tefaf (The European Fine and Art Fair). No se atrevió a subirse a uno de los monopatines eléctricos con los que acorta distancias el presidente de la feria, Willem van Dedem. Berlusconi, en cambio, caminó y compró a piacere sin ser molestado.
Tampoco sorprendió a nadie que en sólo 72 horas una tajada importante de las obras más atractivas hubiera bajado de cartel. Esta feria, capaz de aglutinar lo mejor del arte mundial, acecha al coleccionista y al profesional del arte con el temor de la escasez. Y, aunque suene contradictorio, propaga simultáneamente en el gran público una ilusión de abundancia o sobreoferta que no es tal.
Así piensan, al menos, los operadores del mercado de arte, para quienes el intercambio de piezas millonarias es tarea habitual. Los hechos les dan la razón. Esto explica que ya tengan puntos rojos -signos de que fueron vendidos- el estudio del papa de Francis Bacon (US$ 40 millones, cotización ayudada por su reciente récord en Christie s); la composición abstracta Rojo, amarillo, azul, negro rojo , de Rothko (US$ 18,5 millones); el rostro de mujer con forma de almendra de Modigliani (US$ 10 millones), y los tajos de Fontana en su célebre invención de los años 60, bautizada Concetto Spaziale (US$ 2,3 millones).
Todo ello, sin contar obras de menor valor, como la serigrafía coloreada de Marilyn por Warhol (98.000 euros); el rostro cubista de Dora Maar en un dibujo de Picasso (175.000 euros); la grotesca salchicha de hígado, en una escultura pop de Claes Oldenburg (70.000 euros), y el torso griego de mármol del siglo II a.C., "herido" felizmente por el tiempo (350.000 euros).
Marea de visitantes
Los compradores están entre la marea de 7000 visitantes diarios de Tefaf y por la noche uno los puede volver a encontrar en restaurantes exóticos, como el instalado en una caverna natural de piedra caliza -refugio durante las guerras- en las afueras de la ciudad.
Son una legión, si se incluye en ese grupo a los jóvenes financistas europeos, a los asesores en arte especialmente contratados por los fondos de inversión y a los adeptos a las antigüedades y a las piezas arqueológicas.
"Ya no se trata de entronizar objetos bellos detrás de una vitrina", explicó a LA NACION Axel Vervoordt, el famoso decorador belga, coleccionista y art dealer, cuyo espacio es una de las paradas obligadas de Tefaf. "Se trata de convivir e integrar piezas de todas las épocas, latitudes y culturas en nuestros hogares para transformarlas en un auténtico lugar, entrañable, pero sin tiempo."
Vervoordt es consecuente con aquello que sostenía Stendhal de que "la belleza es una promesa de felicidad" y la encuentra tanto en la forma en que traza una vasija egipcia como en la de una tetera de porcelana japonesa o un buda de terracota.
En junio próximo, la 53a. Bienal de Venecia lo recibirá con una muestra paralela en el Palazzo Fortuny, donde junto a Mattijs Visser, ex director del Pompidou, rastreará lo universal y sin tiempo en el lenguaje de las artes con obras tan disímiles como las instalaciones de Anish Kapoor y la pintura metafísica de De Chirico.
En sintonía con esa misma forma de impregnar con arte los hogares, desembarcaron en Tefaf los decoradores paolistas Jorge Elías y Sig Bergamin. Tras intensas horas de trajín y observación, confeccionaron sendas listas con sus piezas de deseo.
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