El legado del talento

Grete Stern, fallecida a fines del año último, fue mucho más que una notable fotógrafa. Las imágenes innovadoras de los Sueños cuestionaron los valores establecidos
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6 de agosto de 2000  

En 1935, Grete Stern y Horacio Cóppola, recién llegados a la Argentina, realizaban una exposición de sus fotografías en la Editorial Sur, invitados por Victoria Ocampo.

Enmarcada por el auge de la fotografía como uno de los medios de expresión artística más frecuentados por los jóvenes, se considera aquélla como "la primera exposición de fotografía moderna realizada en el país", según ha consignado Luis Príamo en el libro sobre Stern publicado por el Fondo Nacional de las Artes en 1995.

De forma paralela a Encuentros Abiertos de Fotografía-Festival de la Luz 2000, la Galería Principium inauguró una exposición de la serie "Sueños", que Grete Stern realizó entre 1948 y 1952.

Stern, que fue pionera del arte fotográfico nacional, en realidad nació en Wuppertal, Alemania, en 1904, pero tuvo la generosidad de considerarse siempre una fotógrafa argentina por haber desarrollado una labor sistemática de más de cincuenta años en este país.

Más allá del aporte que significa el legado de su obra al arte argentino, Grete Stern constituyó una personalidad de lúcida visión, que supo descubrir los focos de gravitación de nuevos lenguajes y, también, rodearse de los artistas que los practicaban.

Su obra en Alemania la desarrolló en el estudio ringlepit, que fundó junto a su amiga Ellen Auerbach. Realizaban especialmente fotografía publicitaria.

Cerca de las vanguardias

La opción por la excelencia y la avanzada estaba inscripta en ella desde su instrucción.

En la Escuela de Artes Aplicadas de Stuttgart estudió dibujo y tipografía. Comenzó luego a trabajar en diseño publicitario. Al sentirse atraída por la fotografía, le fue aconsejado recurrir al fotógrafo Walter Peterhans. Lo hizo a partir de 1927, primero de forma particular.

Cuando, en 1929, Peterhans fue convocado a dirigir el departamento de su asignatura en la Bauhaus de Dessau, ella lo siguió.

Esta disciplina no había formado parte de los programas del instituto hasta esa fecha. Con anterioridad, por cuatro o cinco años, Laszlo y Lucía Moholy-Nagy habían incentivado a los alumnos hacia una fotografía de tipo experimental. Para Peterhans, la fotografía era "pintura hecha con luz", además de un modo de precisa reproducción visual.

El enriquecía sus clases al aplicar un proceso de pensamiento especulativo y filosófico, que convertía los problemas técnicos en elementos de desafío para la mente del alumno.

Más tarde, ya en la Argentina, comenzaría a conocer a artistas e intelectuales, muchos de los cuales serían retratados por ella. Su casa de Ramos Mejía, construida por Amancio Williams, fue desde su mudanza, en 1940, escenario de encuentros memorables. Un hecho fundamental tuvo lugar allí: la segunda exposición del que sería luego el Grupo Madí, llamado entonces Movimiento de Arte Concreto Invención. Participaron Gyula Kosice, Rod Rothfuss y Arden Quin, entre otros. Este fue uno de los pasos iniciales de las vanguardias de los años 40, momento clave en que el arte no figurativo con base geométrica echaba sus raíces en nuestro medio.

En 1956, Jorge Romero Brest, director del Museo Nacional de Bellas Artes, la llamó para dirigir el taller de fotografía. Permaneció allí hasta 1970. Ese era el lugar ideal para estar en contacto con artistas, justamente en un período de apertura e internacionalización del arte argentino, como el que promovería el citado director, desde esa institución primero y desde la cúpula del Di Tella luego.

Los sueños cumplidos

El encargo, en 1948, del psicoanalista Gino Germani, que colaboraba con la revista Idilio, fue la excusa para que Grete realizara una parte sustancial de su obra: "Sueños", serie de fotomontajes. El nombre de la sección era El psiconálisis le ayudará. Las asiduas lectoras escribían al profesional, relataban sus sueños y lo consultaban. El propósito de Germani era que las fotografías hicieran gráfico el relato y que cada protagonista viera su sueño objetivado en la ilustración. Esta colaboración duró tres años y dio como resultado alrededor de ciento cincuenta fotomontajes. Con ellos Grete Stern cumplió con su cometido, pero a la vez tuvo suficiente margen de libertad para manifestar su interpretación personal.

Los antecedentes de fotomontajes en el país eran escasos y aislados. El origen de esta técnica había surgido del dadá de Berlín, en los finales de la Primera Guerra, de la mano de los maestros John Heartfield y Raoul Haussmann.

El collage y las fotos superpuestas y pegadas eran tanto una solución creativa como una poética adecuada para la crítica social que se proponían. Este método no pudo ser más adecuado para la tarea que Stern debía emprender. Una gran cuota de sarcasmo e ironía se descubre en el espíritu de las imágenes de los "Sueños" asociadas con la mujer argentina de aquellos años. Era evidente que la revolución de la década del 60, que cambiaría valores y hábitos, aún no había llegado.

Una mujer que se peina es a la vez una lámpara, cuyo interruptor es accionado por una mano masculina de un tamaño mucho mayor. Otra se deja atrapar por una red que le tira con superioridad su enamorado. El cuerpo femenino aparece a menudo desmembrado. Uno de los sentimientos femeninos más reiterados son el susto, la sorpresa, la indecisión.

La artista requirió poses especiales de modelos para la serie. Los paisajes de fondo, en cambio, los tomaba de su propio archivo. Expresamente eligió para muchas de sus obras, cielos tormentosos; en otras, el mar es la constante como símbolo tanto del género como de la inmensidad amenazante.

La lectura histórica de estas obras desde la actualidad puede establecer relaciones permitidas por la distancia temporal. En el presente, la fotografía y la pintura caminan por carriles paralelos hasta llegar a confundirse si es necesario. La situación no era similar cuando esta serie fue publicada en Idilio, revista del corazón.

El medio argentino de las artes visuales no había conocido hasta entonces una rebelión dadaísta. Recién a fines de los cincuenta se percibirían un clima y ciertas acciones con esa raíz. La típica imagen surrealista de conjunción de elementos heterogéneos no había sido demasiado explotada en el país tampoco.

La propuesta de los "Sueños", con sus composiciones insólitas, se colocaba en la avanzada y aun sin proponérselo, enfrentaba los estilos tradicionales. Esta concepción formal innovadora conducía a una mejor comprensión del mensaje: cuestionar valores establecidos, tanto plásticos como sociales.

Esta serie ha sido objeto de numerosas exposiciones. Algunas de ellas en el país; otras, en el IVAM de Valencia (1995), en Francia y en España (1996), en Portugal y en Holanda (1997) y en Alemania (1998/ 1999).

(En galería Principium, Esmeralda 1357, hasta el 26 de este mes.)

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