
El lunfardo sigue dando que hablar
Un diccionario incorpora vocablos surgidos en los últimos años como "ladri", "ricotero" y "drogón"
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Ni Horacio García Belsunce (h), cuando dijo que había encontrado un pituto en la escena del crimen de su hermana, ni Freddy Pérez de Villarreal, cuando llamó Figureti a su personaje en Video Match, podían imaginar que estaban incorporando nuevos términos al habla popular argentina que poco tiempo después figurarían en un diccionario.
Esos vocablos se sumaron a otras voces surgidas en los últimos años como estresazo, drogón, federico y ladri y se cuentan entre las 6000 entradas de la segunda versión del Diccionario Etimológico Actualizado del Lunfardo que será presentado el martes a las 19 en El Ateneo, avenida Santa Fe 1860, con la presencia del locutor y periodista Antonio Carrizo.
Conde es experto en lingüística griega, didáctica de las lenguas y literatura clásica, docente e investigador de esas materias en las universidades de Buenos Aires, de Ciencias Empresariales y Sociales y del Salvador, y se interesa por la cultura popular argentina desde hace casi dos décadas.
La actualización de la investigación original, publicada en 1998, incorporó unas 600 nuevas acepciones de términos ya registrados y añadió más de un centenar de nuevas voces.
Los términos que usan hoy sobre todo los jóvenes son, según Conde, parte del lunfardo. Así, junto a clásicos como chamuyo, faso, mina y chanta figuran otros más modernos como mandanga, pocaonda, vitamina y ricotero.
"La mayoría de las palabras nuevas son creadas por los jóvenes en diferentes ámbitos, como el rock, la cumbia villera, el deporte, el mundo de la droga, el psicoanálisis", explicó el lingüista, cuyo criterio de selección es el conocimiento del término más que su uso.
"Si me dicen un vocablo y lo entiendo aunque no lo use, esa voz debe considerarse parte del habla cotidiana", dijo, y consideró que pueden existir muchas palabras que manejan los jóvenes y que todavía no están generalizadas entre los adultos. "Por ejemplo, los chicos usan «alto» para destacar algo lindo o de buena calidad."
Expurgados
Pero no todo debería ser incorporado a un diccionario del habla. Conde, miembro de número de la Academia Porteña de Lunfardo, aspira a tener en cuenta los términos usados al menos durante dos años y expurga del lexionario los internacionalismos que se usan y escriben igual que en su lengua de origen (gay, tanga, coiffeur) y los que son adaptaciones al castellano de cuestiones técnicas (chateo, faxear, escanear).
Tampoco considera como lunfardo los americanismos, términos usados por los hispanohablantes en diferentes países y a los seudolunfardismos, palabras que todo el mundo cree que son lunfardas y en realidad son vocablos españoles como plomo, espichar (morir), mechera (ladrona de tiendas).
"Para el caso de los internacionalismos, pensar que reality show, thriller o Internet son términos lunfardos, cuando se usan en casi todos los países del mundo occidental, sería parecido a sostener que la Argentina es el ombligo de la Tierra", dijo Conde.
Consciente de expresar una concepción diferente a la sostenida por otros estudiosos de la lengua, Conde define el lunfardo como parte del dialecto que se habla todos los días en las grandes urbes del país y también en algunas ciudades de países limítrofes.
"No es cosa del pasado", dijo Conde, y agregó que considera equivocada "la posición oficial de la Academia Argentina de las Letras, que juzga al lunfardo como el habla de la delincuencia que se formó con aportes de la corriente inmigratoria de fines del siglo XIX, que fue difundido por el sainete y por el tango y que llega hasta 1920 o 1925. ¿Cómo llamarían a palabras que surgieron después de esa fecha, como «trucho», por ejemplo?".
Efectivamente, en el prólogo del Diccionario del habla de los argentinos, recientemente reeditado por LA NACION, el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Barcia, define al "lunfardo histórico" como la jerga de ladrones y delincuentes que nació y se desarrolló entre 1870 y 1920.
Barcia escribe allí que "el hecho de que se incorporen lunfardismos de origen en el habla coloquial porteña, y también en la argentina general, no «lunfardiza» el lenguaje porteño".
"El idioma del delito"
En diálogo con LA NACION, Barcia dijo: "Esos conceptos son de mi responsabilidad y no de la Academia. Naturalmente, ésta del lunfardo es una cuestión disputada y, por lo tanto, debo atención a toda posición diferente de la mía, cuando está fundada en argumentación, aunque no concuerde con ella y aun la combata. Expreso mi respeto a la persona de Oscar Conde, autor de seria laboriosidad en el campo del lunfardo, aunque no coincidamos en las concepciones".
El primer diccionario lunfardo, de Antonio Dellepiane, de 1894, lleva como subtítulo: "El idioma del delito".
"Como los primeros interesados fueron los criminalistas o policías, se pensó que era una forma de los delincuentes", explicó Conde, que se une a la hipótesis de José Gobello -autor de un diccionario de lunfardo que lleva cuatro versiones, editadas entre 1959 y 2004- al rechazar que este vocabulario haya nacido en las cárceles.
También Enrique Santos Discépolo participó en la discusión sobre la legitimidad del lunfardo: "No entiendo por qué es más propio robar que afanar... Me hacen gracia esos que creen que los idiomas los han hecho los sabios. Si la necesidad de un pueblo es capaz de crear un genio, ¿cómo pretenden que se detenga en la creación de una palabra que le hace falta?".
Algunos de los nuevos vocablos
Algunos de los nuevos vocablos incorporados a la segunda versión del Diccionario Etimológico del Lunfardo, de Oscar Conde, son los siguientes:
alto, ta . adj. Gran; importante; notable, evidente/2. De excelente calidad.
bagarto . m. Persona fea, especialmente de género femenino.
drogón, na . adj. Consumidor habitual o adicto a las drogas.
estresazo . m. Cansancio extremo.
federico . m. Miembro de la Policía Federal Argentina.
figureti . adj. Que simula ser importante o pertenecer a ámbitos exclusivos. /2. Que se esfuerza por aparecer en los medios de comunicación junto a estrellas o figuras.
jugador . m. En la expresión "¡Qué jugador!": elogio polisémico que se le hace a alguien.
ladri . m. y f. Político o funcionario público corrupto o sospechoso de corrupción. /2. Cualquier persona que obtiene éxitos, especialmente económicos, sin esforzarse demasiado.
mandanga . f. Marihuana.
maraca . m. Hombre afeminado /2. Varón homosexual.
vitamina . f. Cocaína.
pituto . m. Cosa cualquiera, cuyo nombre se ignora o cuya especie no puede revelarse.
plantar . tr. Entremezclar entre los bienes de una persona o las posesiones de un territorio algún elemento comprometedor -droga, armas, documentos falsos- no perteneciente a ellos.
pocaonda . adj. Antipático, odioso, agreta.
ricotero, ra . adj. Relativo o perteneciente a la banda de rock Patricio Rey y los Redonditos de Ricota.
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