
El memorable salero de Benvenuto Cellini
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En la madrugada del 11 de mayo de 2003, en el museo Kunsthistorisches de Viena, alguien robó una obra maestra de Benvenuto Cellini: el famoso Salero que hizo para Francisco I de Francia entre 1540 y 1543. La alarma había funcionado cuando el intruso rompió la ventana, pero los agentes de seguridad entendieron que era una falla del sistema, por lo que la desconectaron y luego la activaron, sin advertir la ausencia de la pieza. Poco después llegó el pedido de rescate por diez millones de euros.
Hace escasos días, el Salero fue recuperado en un bosque de la Baja Austria, donde el ladrón lo había enterrado. Pronto volverá a su lugar de exhibición. El autor del audaz robo, el vienés Robert M., de 59 años, era inexperto en esas operaciones. Para ingresar en el museo simplemente escaló un andamio que estaba adosado al edificio con motivo de unas reparaciones, luego se valió de los conocimientos de su oficio: la instalación de alarmas.
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El florentino Benvenuto Cellini (1500-1571) fue uno de los orfebres, también escultor, más importantes del siglo XVI en Italia. Se sabe, sobre la base de su Vita (autobiografía), así como por el inventario redactado después de su muerte, que realizó ciento ochenta y ocho obras de diverso carácter. Hoy sólo se conservan veintitrés.
Contratado por Francisco I, Cellini se instaló en París en 1540, allí realizó el célebre Salero de oro, esmalte y ébano, cuyas figuras principales, Anfitrite y Neptuno, son las personificaciones de la Tierra y del mar. El recipiente central, destinado a la pimienta, se encuentra a la derecha de la Tierra, generadora de esa especia valiosa.
En 1545, después de un entredicho con la amante del rey, el escultor retornó a Florencia, donde trabajó para Cosme de Médicis. Allí realizó el notable busto de su mecenas y la colosal estatua en bronce de Perseo, que se conserva bajo la arcada de la Loggia dei Lanzi, en Florencia. El héroe griego, de más de tres metros de altura (recién restaurado), se encuentra no muy lejos de la estatua de David, de Miguel Angel, y de la dedicada a Judith y Holofernes, de Donatello.
Cellini, por su extraordinaria autobiografía, es una de las personalidades más conocidas del Renacimiento. De manera espontánea y coloquial, en sus páginas se muestra como un genio que posee algún don divino. Muchas veces se mezclan los hechos reales y la fantasía, pero no faltan los relatos detallados de sus huidas, aventuras e intrigas, que en ocasiones lo situaron en la ilegalidad, como cuando mató al orfebre Pompeo de Capitaneis. Poco después de este hecho recibió el perdón del papa Pablo III, quien más interesado en su obra que en el crimen, lo tomó a su servicio.
Es notorio que Benvenuto Cellini estaba seguro de no tener obligación alguna de regirse por las mismas leyes que los hombres. Su único compromiso era el arte. Cuando murió, fue enterrado con gran ceremonia en la iglesia de la Santissima Annunziata de Florencia.
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