
El misterioso "doctor" Robinson Crusoe
Podría haber sido un cirujano londinense y no un marinero náufrago el personaje que inspiró la obra
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WASHINGTON.- Todo el mundo cree que para su más famoso personaje, Robinson Crusoe, Daniel Defoe se había inspirado en un marinero que desde 1704 a 1709 vivió en soledad en una isla del archipiélago Juan Fernández, en el Pacífico, a la altura de Valparaíso: el marinero Alexander Selkirk, de 33 años, cuya odisea fue más tarde narrada en los periódicos británicos por sus salvadores, los dos exploradores corsarios Woodes Rogers y William Dampier, a la caza de botín en las posesiones españolas en América.
Todo el mundo cree eso, excepto Tim Severin, viajero y escritor galardonado con el Premio Livingstone de la Royal Society de Londres, célebre por haber seguido los pasos de Ulises, Jason, Marco Polo, Gengis Khan, Simbad el Marino, los Cruzados e incluso de Moby Dick (la ballena blanca), y por haberse ocupado de fascinantes libros de aventuras.
Severin anuncia que el modelo de Robinson Crusoe no fue Selkirk, sino un conocido cirujano londinense, Henry Pitman, enviado como esclavo a las islas Barbados, en el Caribe, por su participación en la fallida revuelta de 1685 contra Jacobo II. De allí se escapó a las Tortugas, también en el Caribe, las islas de los Corsarios negro, rojo y verde de Emilio Salgari.
Pitman se escondió en una isla deshabitada -la Salt Tortuga- y al cabo de increíbles vicisitudes consiguió repatriarse y publicar un libro autobiográfico, treinta años antes de que se editara Robinson Crusoe.
Defoe -afirma Severin- seguramente lo leyó, y no se descarta que conociera a Pitman o hubiese oído hablar de él. La tesis de Severin, contenida en el libro "En busca de Robinson Crusoe"-editado por MacMillan en Inglaterra y por Basic Books en Estados Unidos-, ha provocado gran conmoción: ¿es posible que Defoe haya plagiado, siquiera en parte, al culto Pitman?
Muchos historiadores de la literatura, entre ellos Diana Sohuami -la autora de "La isla de Selkirk"-, lo niegan terminantemente. Y las autoridades chilenas -país que en 1966 rebautizó la isla de Juan Fernández con el nombre de Robinson Crusoe e hizo de ella un resort turístico- han acusado de fraude al escritor-viajero.
Pero Severin, que peregrinó por Juan Fernández y por las Tortugas, se siente seguro de sí mismo y cree que su descubrimiento ha de entusiasmar a los admiradores de Crusoe, "cuyo personaje no tuvo nada que ver con Selkirk, un hombre ignorante y burdo, incapaz de inventiva y de introspección, ni con la inhóspita isla Juan Fernández".
Según Severin, "casi todo lo de Crusoe, desde su introspección hasta su compañero Viernes, desde los caníbales a la descripción de la flora y la fauna del Caribe, se debe a Pitman".
El cirujano que tuvo la desgracia de comparecer ante el despiadado juez Jeffrey (conocido también como "el sanguinario") fue un hombre de coraje y un buen médico.
Aun corriendo el riesgo de ser sometido a flagelación y a la inscripción en la frente -con un hierro al rojo- de las letras FT (por fugitivo-traidor), escapó de Barbados en una embarcación junto con otros detenidos. Se dirigió a Tortugas, donde a menudo naufragaban los galeones españoles, no lejos de la Costa Mosquito, entre Nicaragua y Honduras; una región infestada de caníbales, pero también de piratas que lo apresaron y de los que logró escapar en dos oportunidades.
Pitman sobrevivió gracias a sus conocimientos científicos y a su capacidad de adaptación. Y Viernes -sostiene Severin- era un aborigen que permaneció con él durante un tiempo.
Después de algunos años, Pitman fue embarcado en una nave de paso. Volvió a Londres, fue indultado, se reintegró a su profesión y ofreció su diario a la prensa, que lo publicó con cierto éxito.
Severin, que refiere haberlo examinado, subraya que Daniel Defoe, lector apasionado de relatos de viajes y coleccionista de mapas, "hizo dos más dos": copió el personaje con sus problemas prácticos y con sus estados de ánimo y ambientó la historia en el Caribe.
¿Caso cerrado? Nada de eso. A lo sumo, lo que Diana Sohuami estaría dispuesta a conceder a Severin es que Crusoe fuera la copia psicológica de Pitman y que Defoe hubiera tenido acceso al diario del cirujano.
El verdadero Viernes
Pero en el escritor -insiste- influyeron, sobre todo, las vicisitudes de Selkirk, por más que éste fuese un sujeto sin escrúpulos y violento con cuentas pendientes con la justicia. Entre otras cosas -hace notar Sohuami- veinte años antes que el marinero inglés, había naufragado en la isla Juan Fernández un indio miskito, de nombre Will o William, que allí pasó unos tres años completamente solo, entre las cabras. Probablemente Viernes habría sido modelado sobre él y no sobre un "indio caribe".
En realidad, como en el caso de Pitman, Selkirk no fue un náufrago. Fue abandonado por la tripulación del barco mercante -o él mismo lo abandonó- a raíz de un altercado con el capitán, creyendo que pasaría en la isla sólo unos meses y no cuatro años y medio. Una vez rescatado, participó en las correrías de Rogers y Dampier, sus salvadores, contra las colonias españolas en América del Sur.
De regreso en Inglaterra, no habría de permanecer mucho tiempo vivo, por más que se hubiera convertido en una celebridad. Quizá porque tenía dos esposas, una inglesa y otra escocesa, y lo buscaba la policía, no se sabe si por bigamia o por lesiones en riña.
Murió a los 41 años, de fiebres tropicales, a bordo del velero Weymouth en aguas africanas, y su cuerpo fue arrojado al mar.
Sin descanso
- Alexander Selkirk, el marinero en quien se cree se basó Defoe para describir a Robinson Crusoe no tuvo un descanso tranquilo, ni siquiera muerto. Las dos esposas se disputarían la mísera herencia: el último salario no percibido, una espada con la empuñadura de plata y escasos muebles. Defoe, perpetuamente endeudado, escribió otras dos novelas sobre Robinson Crusoe para hacerse de algún dinero (ambas, especialmente la tercera, fueron decepcionantes). Lo único que prosperó -lentamente- fue la isla chilena en el archipiélago Juan Fernández, que hoy tiene cerca de 500 habitantes e invita a los turistas a visitar la gruta en la que presumiblemente vivió Selkirk.
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