
El nazismo en la historia
LA DICTADURA NAZI Por Ian Kershaw-(Siglo XXI)-Trad.: Julio Sierra-440 páginas-($ 35)
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La Dictadura Nazi. Problemas y perspectivas de interpretación, de Ian Kershaw, aporta una decisiva síntesis sobre el problema del nazismo elaborada por el que puede considerarse el especialista británico sobre el tema más conocido entre los lectores de lengua española. Autor de una imponente biografía de Adolf Hitler, Kershaw se propone en La Dictadura Nazi la laboriosa tarea de poner algo de orden en la profusa bibliografía que la segunda posguerra ha dedicado al enigma central del siglo XX y al debate por esclarecerlo: el surgimiento, en el seno de una sociedad industrial, compleja y sofisticada, de la dictadura criminal y homicida más mortífera de la historia humana.
Plenamente consciente de que le resultará imposible abordar el fenómeno del nazismo desde cualquier pretensión de neutralidad o indiferencia moral y filosófica, Kershaw decide, sin embargo, afrontar plenamente los riesgos de elaborar trabajosos balances históricos que, por muy desapasionados y ecuánimes que se presenten a especialistas y estudiosos, provocarán siempre reacciones en sus lectores porque, en cualquier análisis de la llegada de Hitler al poder y de los efectos de ese proceso, se verán involucrados de manera inevitable valores, creencias y actitudes.
Una vez presentadas y expuestas las dificultades de su empresa, el autor se lanza con notable pericia a recrear, aprobar o rechazar los supuestos, hipótesis y conclusiones a las que han arribado los historiadores del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial desde 1945 hasta el presente. Afectados por la polaridad soviético-estadounidense y los efectos derivados de la Guerra Fría -afirma Kershaw-, los abordajes anteriores a 1989, fecha de la reunificación alemana, si bien no han perdido toda su eficacia explicativa, resultan bastante insuficientes para comprender la Alemania de Hitler. Esto se debe a que se habían erigido en instrumentos de una lucha ideológica: por un lado, el comunismo veía al nazismo como el instrumento del Occidente capitalista para destruir la Revolución Rusa a cualquier precio; por otro, los defensores de la democracia se inclinaban a constatar, con plena convicción, las sugestivas semejanzas entre la ferocidad y el terrorismo de los nazis y los menos espectaculares, pero igualmente letales, de los agentes de Stalin.
Ya más allá de aristas conflictivas, Kershaw cree que han quedado muchas cuestiones por resolver y se mantiene optimista respecto de las posibilidades de arribar a algunas certezas verificables. El autor dedica cada capítulo de su libro a plantear esas cuestiones como parte de un debate entre los historiadores que pretenden ver en la dictadura de Hitler una resultante compleja de las condiciones socioeconómicas y culturales de la posguerra alemana y los que, en cambio, indican que todo abordaje del nazismo que deje a un lado la figura de su líder sería una forma de trivializar sus aspectos más sombríos y excepcionales, aquellos que más concitan la interminable condena que pesa sobre el nazismo.
En rigor, Kershaw se pregunta si el nazismo fue una forma de fascismo o un instrumento de poder y de terror imposible de clasificar; si el Führer fue un obediente ejecutor de los planes de una burguesía y un ejército ansiosos de resarcirse de las pérdidas de la Primera Guerra Mundial a expensas de Europa, o si estos últimos fueron agentes de un poder político ilimitado que los sometió a sus objetivos; si los planes de exterminio y conquista del nazismo resultaron tan terriblemente exitosos por la capacidad de su líder de imponerse al ejército y la burocracia o si ambos se prestaron de buen grado a una empresa que invitaba a ejecutar una brutalidad y una opresión desconocidas hasta entonces; si Hitler fue un genio iluminado por sus innegables éxitos diplomáticos y militares, o un afortunado chantajista que explotó de la mejor manera las debilidades de propios y de extraños para adueñarse de todo lo que no fue capaz de oponerse a su falta de escrúpulos.
El moderado criterio de exposición y balance de Kershaw, su exhaustiva erudición y, sobre todo, su ilustrada vocación de conocer con detalle la verdad sobre el capítulo más oscuro de la historia humana hablan muy bien del oficio historiográfico del autor y enseñan, aunque sea de manera provisoria y contingente, la delicada tarea de juicio y valoración que el ejercicio de la historia puede aportar a sus lectores como antídoto contra la banalidad, el culto del poder, la brutalidad y el repudio de la razón que el nazismo representó tan bien en su apogeo, pero que nunca están completamente ausentes en la vida de los hombres.


