
El poema olvidado
El gran poeta español entregó a la revista Estampa , en 1933, una composición que jamás incluyó en sus libros posteriores. La escribió a los 51 años, en plena madurez, pero por coquetería literaria dijo que ésos eran sus primeros versos
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En 1933, Juan Ramón Jiménez entregó a la revista madrileña Estampa un poema manuscrito, sin título, para que fuese publicado bajo este encabezamiento: "Lo primero que escribieron nuestros grandes autores". Sin embargo, no era su primer poema, sino muy reciente, y después lo olvidó, sin recogerlo en ningún libro o cuaderno, pese a su indudable calidad literaria.
Deseaba la revista conocer los inicios del escritor, y reproducirlos. Tarea inútil en el caso de Juan Ramón, ocupado en la revisión de toda su escritura, publicada e inédita, hasta el último momento de su actividad intelectual. Es conocida la persecución a que sometió a todos sus primeros libros, los editados entre 1900 y 1913, que eran nada menos que quince, para destruirlos.
Así que el propósito de Estampa tenía que fracasar; porque Juan Ramón no iba a permitir que se reprodujera su primer escrito de ninguna manera. Sin embargo, por ser siempre buen corresponsal de las revistas, a las que no sólo enviaba generosamente sus colaboraciones, sino que se suscribía a ellas, quiso atender la petición del periodista y lo recibió en su casa, para conversar con él antes de entregarle el manuscrito solicitado.
La crónica comenzaba con una declaración del poeta: "Empecé a escribir a los quince años;pero a publicar en libro, a los diez y siete. No conservo, en absoluto, nada de aquel tiempo. Es más: lo he destruido todo. Menos lo que ya, por ser del público, no lo consideraba de mi propiedad absoluta. Con esto, lo que sí he hecho, ha sido rehacerlo, reconstruirlo, conservando el acento y los aciertos. En realidad, mi verdadera obra comienza el año 1913 o 1915". Sorprende que dudase entre los años 1913 y 1915 para datar el verdadero comienzo de su obra literaria. Solía afirmar que su renovación le llegó a principios de 1916, al viajar en barco a los Estados Unidos, cuando descubrió el ritmo de la poesía denominada por él desnuda. En 1933 se hallaba en la plenitud de esa fase, terminada a causa de su marcha al exilio político.
¡Luz azul, verdor negro, arrullo
de tórtolas, en libre
corona, sobre la hora
tranquila!
El viento trae, vivo
y grato, las seguridades
de cien bellezas más y más lucientes,
de todas partes.
Triste
sólo sea el que ignora,
o el que se obstina ¡en una cosa única
sin mirar a los mares y a los campos
por todas las ventanas de la vida!
¡Vencer al año mismo
y verdecer en tantas primaveras
como anhele el espíritu o la carne;
tiznar el corazón -los dos, el alma,
la sangre-, en una rosa grande,
igual y renovada
constantemente, como
la rosa
en el rosal idéntico
que cada día es de una manera!
¡Sol alto, color agrio, arrullo
celoso, en rota
guirnalda, sobre el alma
y la carne tranquilas!



