
El público no asusta, si se aprende oratoria
Las universidades incorporan más cursos especializados; enseñan a enfrentar cualquier auditorio
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Salvo para unos pocos caraduras , hablar en público es uno de los temores más extendidos entre los seres humanos. Disertar frente a un auditorio de 300 personas, dar una clase, presentar un proyecto ante quienes deben aprobarlo, dar el discurso de despedida de un colega o rendir examen son -para la mayoría- situaciones muy semejantes al infierno.
Sin embargo, son también experiencias que deben atravesarse con frecuencia en la vida profesional, para las que el paso por las aulas no entrena. O, al menos, no lo hacía hasta ahora.
Porque cada vez más universidades incorporan la expresión oral como materia en sus carreras u ofrecen cursos de oratoria abiertos al público. Los interesados tienen profesiones y objetivos diversos: son médicos, abogados, veterinarios, empresarios, docentes universitarios, sacerdotes, diplomáticos y hasta políticos interesados en perfeccionarse.
El universo de los que enseñan a hablar en público también es heterogéneo y reúne a psicólogos, locutores, actores y fonoaudiólogos.
Aun con esas diferencias, los contenidos de los cursos apuntan a reducir el "pánico escénico" y crear los hábitos del "buen hablar" -como eliminar ciertos gestos, posturas y expresiones-, pero también a organizar de manera efectiva lo que se dice, para atraer y mantener el interés de quien escucha.
"Ante el temor a hablar, la gente genera tics y defensas. Pero hay que hacer exactamente lo contrario. Aprender a hablar en público es como aprender a nadar: si uno se pone tenso se hunde. Hay que tirarse al agua y relajarse para poder flotar", graficó Ariel Barchilón, licenciado en Letras, actor y dramaturgo, que utiliza técnicas teatrales en sus clases de Oratoria Estratégica, en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
"La oratoria no es hablar, sino actuar para lograr algo -afirmó-. Es un fenómeno emocional, del campo de lo no verbal, por eso trabajo de manera práctica, para que cada uno pueda comunicarse desde su propio estilo."
Se aprende o es un don
El psicólogo y profesor de oratoria Javier Pizarro Miguens se inició en este campo con conocimiento de causa. "Trabajaba en una empresa y tenía que dar una conferencia ante 300 personas. Pensé seriamente en renunciar", contó a LA NACION.
Tras formarse en el área, Pizarro Miguens enseña oratoria en varias universidades, como la UCA -donde se convirtió en materia en carreras como Publicidad, Periodismo, Ciencias Económicas-, y en la UBA, como curso de extensión en varias facultades.
"Saber hablar es un don o puede aprenderse, pero es cada vez más necesario en el mundo profesional. Puede ser incluso la diferencia entre un ascenso y un despido", dijo.
En sus clases, Pizarro Miguens apunta a crear los hábitos del "buen hablar" -mirar a los ojos al auditorio, usar las manos, evitar los gestos con el cabello-, tanto como a organizar los contenidos para captar la atención e iniciar y cerrar una intervención saliendo del lugar común.
El primer ejercicio es, por ejemplo, relatar una anécdota ante los propios compañeros. La perspectiva suele acobardar a varios: de hecho, la segunda clase es la de más alta deserción. Terminado el ejercicio, "la persona cuenta cómo se sintió y sus compañeros dicen cómo lo vieron, porque estas dos visiones suelen no coincidir", dijo.
Ya en la Universidad aparece una prueba importante de exposición pública: los exámenes orales. Pero pocos están preparados.
"La educación argentina primaria y media está basada en la expresión escrita", dijo Jorge Fernández, locutor y profesor de Técnicas de Expresión Oral en la Universidad de Belgrano.
Dificultades de los docentes
Fernández trabaja en sus clases "la manera en que la comunicación oral afecta la relación interpersonal". Advierte: "El mentiroso usa tonos altos, la caída del tono en los finales reduce la credibilidad, la articulación muy cerrada o que patina genera desatención y la falta de entusiasmo dificulta la comprensión". Una parte importante la lleva el lenguaje gestual, ya que "más del 50% de la efectividad de un discurso depende de los gestos".
En buena medida el aula no entrena para hablar porque los propios docentes carecen muchas veces de esta capacidad. "Desconocer técnicas de expresión oral distorsiona la transmisión de lo que saben", dijo Fernández.
Suele ser esto particularmente cierto en las disciplinas más duras , como las ciencias básicas o la ingeniería, donde, sin embargo, la habilidad de dar una clase, presentar un proyecto de investigación, dictar una conferencia o explicar los resultados de las investigaciones al público no especializado es requerida casi a diario.
Lo saben, por ejemplo, en la Facultad de Veterinaria de la UBA, donde el año último dos docentes comenzaron a dictar el curso de extensión "La presentación oral".
"Enseñamos que el stress no afecte la manera de expresarse, a armar apoyos visuales -como transparencias o power point -, organizar los contenidos para hacerlos atractivos y establecer contacto con el público", dijo uno de los docentes, Enrique Capdevielle.
Los asistentes tuvieron las motivaciones más diversas para acercarse. Hasta hubo un productor agropecuario interesado en mejorar su performance ante los grupos de alumnos que suelen visitar su campo.



