
El riesgo de demonizar a los otros
EL PAIS DE LOS CATAROS Por Enrique del Carril-(Dunken)-186 páginas-($ 20)
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Este libro analiza los hechos que dieron lugar a la herejía cátara o albigense, ocurridos en los siglos XII y XIII en la región del Languedoc, en el sur de Francia. Pero no se limita al estudio de esa variante herética del cristianismo y de la cruzada que llevó a su aniquilación, sino que profundiza en su contenido y se convierte en un verdadero ensayo sobre el significado profundo del maniqueísmo en la historia humana.
La voz "cátaro" proviene del griego y quiere decir "puro". En la definición de qué es lo puro y qué lo impuro ha transcurrido la historia de Occidente y, probablemente, de todo el mundo. Del Carril define esta obra como un viaje espiritual, en parte influido por las historias de caballerías, que lo enamoraron durante su infancia, y en parte nacida de su deseo de tratar de asomarse al interior del hombre, donde se libra esa eterna lucha entre el bien y el mal.
Dice el autor que el hombre, en el difícil ejercicio de su libertad, elige a menudo mirar la vida como una opción entre casilleros bien definidos: bueno-malo, réprobo-elegido, negro-blanco. De ese modo, evita recorrer el resbaladizo camino de los grises, de los matices, de las sutilezas, que son justamente los que conforman y enriquecen el género humano. Los cátaros distinguían entre los hombres "perfectos", célibes, alejados de la sensualidad y la materia, y los hombres "creyentes", inmersos en el mundo material, sometidos al sexo, aunque irresponsables al fin y al cabo, pues estaban dominados por un determinismo del que no podían escapar.
La historia de la herejía albigense y su feroz represión es revivida en la obra como parte de un recorrido por el Languedoc. Como se expresa en el prólogo, los principios cátaros sirven para justificar cualquier enfrentamiento, "demonizando a los oponentes y presentando a la confrontación como una guerra santa". La simple lectura de los diarios de nuestro tiempo nos demuestra hasta dónde ha llegado su influencia.
La identificación del mal con la materia y del bien con el espíritu que encierra la postura maniquea han conspirado contra la unidad del hombre a lo largo de los siglos, demorando su verdadera humanización. Como señala el autor, el Concilio Vaticano II vino, al decir de Maritain, a remediar un cierto maniqueísmo larvado que se había enquistado en la Iglesia Católica. El autor ejemplifica cómo nos ha dañado esa supuesta antinomia en casi todos los aspectos de la vida y la cultura: en el amor, el sexo, el matrimonio.
La obra inicia un camino que la excede, como humildemente lo admite el autor en el comienzo, pero lo cierto es que tiene una incuestionable riqueza analítica y su lectura mueve a reflexiones hondas y valiosas sobre cuestiones vinculadas con la naturaleza última del hombre y con sus percepciones filosóficas y religiosas.



