
El tesoro olvidado
Por María Esther Vázquez
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En el cuarto estante de la biblioteca aparecen alineados los nueve tomos de grueso formato, tapa entelada y lomos emparchados que integran la Gran Enciclopedia Argentina de Diego Abad de Santillán. Esta combinación tan eufónica y sonora es el seudónimo que esconde un apellido bastante común y un nombre exótico; Diego Abad de Santillán se llamaba en realidad Sinesio García.
Don Sinesio era español (nació en León en 1897) y fervoroso anarquista, de aquellos que predicaban el pacifismo y no la violencia. Paseó su ideología en forma activa por la Argentina adonde llegó con su familia en los primeros años del siglo XX. El anarquismo estuvo en él desde muy joven; la madre, catalana, lo alentó con verdadera pasión a perseverar en el movimiento y durante la década del veinte llegó a ser uno de los organizadores de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), editor de La Protesta y fundador de una serie de sociedades de protección a trabajadores de los más diferentes ramos. El golpe militar del general Uriburu lo llevó en 1931 de vuelta a España, donde fue secretario de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y ministro de sanidad de la Generalitat de Cataluña.
Al terminar la Guerra Civil Española, don Sinesio se exilió en Francia, luego en la República Dominicana, estuvo en México donde publicó varios libros, para después regresar a la Argentina con su mujer, hija de un notable anarquista alemán. Ya en Buenos Aires siguió trabajando en la que sería la Gran Enciclopedia... a lo largo de tres lustros. El primer tomo apareció en 1956 y en él, Diego Abad de Santillán agradece la colaboración de gente como Romualdo Brughetti, Antonio Di Benedetto, Alfredo Burnet-Merlín... El último tomo, un apéndice, es de 1963.
Lógicamente, este diccionario es perfectible porque han pasado más de cuarenta años de su publicación y, además, tendrá errores y omisiones pero sigue siendo estupenda obra de consulta. Lo mismo puede decirse de su Historia argentina (1965) en cinco tomos (donde contó con el asesoramiento de Guillermo Furlong, Jorge Mitre, Alberto Palcos, Alberto Rodríguez Galán, Ricardo Piccirilli...) y de su Diccionario de argentinismos . "Son increíbles la capacidad y los conocimientos de este hombre, tan maltratado por sus editores", comenta no sin tristeza el historiador Enrique Mario Mayochi.
En la década del sesenta, un hermano de Diego Abad de Santillán, el doctor Lorenzo García, le pidió al gastroenterólogo, doctor Marcos Meroff, que lo tratara de cierta enfermedad. "Vivía con su mujer en una bohardilla de dos piezas de tres por tres, en un cuarto piso de la calle Viamonte, frente a la Morgue. -cuenta Meroff-. Vivía exigido por unos editores, con quienes, creo recordar, firmó un contrato leonino. Se levantaba al alba y escribía todo el día. En 1977 o 1978, apareció su hijo, me parece que era director de cine, y se lo llevó a España".
Murió en un instituto de Barcelona en 1983, tenía ochenta y seis años.
Hoy, la Gran Enciclopedia... , la Historia argentina y el Diccionario de argentinismos siguen siendo libros de constante consulta. Lástima que nadie haya decidido ponerlos al día y reeditarlos. Pero ya sabemos la extraordinaria capacidad de olvido que
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