
El tiempo como obra
En la videoinstalación que presenta en Ignacio Liprandi, David Lamelas busca que el espectador sea consciente del entorno y de su realidad más profunda
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"En el principio era la acción ", escribió Goethe en Fausto en 1808, con la inquietud de llevar a su lengua alemana y a su presente aquellas palabras de Juan el Evangelista, "en el principio era el Verbo". Razón y palabra habían sido las expresiones más utilizadas al traducir el término logos en tan célebre pasaje. Esto implicaba en la modernidad de Goethe que el conocimiento se fundaba en una elaboración activa y no sólo contemplativa, como se lo había considerado en la Antigüedad griega. El enunciado implica también el tiempo.
Buenos Aires Time as Activity es la obra site specific que David Lamelas presenta hasta hoy en Ignacio Liprandi Arte Contemporáneo. Lamelas lleva más de cuarenta años de una vida nómade fuera de la Argentina. Este dato biográfico no es anecdótico, porque la versión Buenos Aires 2010 de Time as Activity es la séptima de una serie que comenzó en Düsseldorf en 1969 y continuó en Berlín, Los Ángeles, Nueva York, San Galo y Friburgo.
Con aquella primera versión, Lamelas integró la primera camada de artistas conceptuales en el escenario occidental y se sumó a la corriente que, como respuesta a la tradición, era partidaria de desmaterializar el objeto artístico.
La obra siempre incluyó tomas de la ciudad en cercanías de la sala de exhibición, realizadas con cámara fija de 16 milímetros y stills del mismo rodaje. En este caso, se trata además de un lugar emblemático de la ciudad, como es la Plaza del Congreso, con algunas tomas interiores de la sala de sesiones en actividad.
De este modo, Lamelas replicó aquello que se suscita en la experiencia espacial en la galería de Liprandi. El espectador llega al lugar a ver una exposición, o bien obras en la trastienda, pero de manera inevitable queda obnubilado por la presencia de la vista de la plaza que está afuera y que pasó a formar parte de la obra del artista.
La propuesta de Lamelas no sólo logró desmaterializar el arte sino que fue más allá, al cruzar al terreno de la filosofía y de la ciencia. Inspirado en la abstracción de los artistas de las vanguardias de los años cuarenta, tanto en sus soportes despojados como en la evidencia desnuda del espacio puesto de manifiesto en obras como las de Enio Iommi -cuyas esculturas no abarcan sólo la línea de alambre sino el espacio que señala el entorno-, Tomás Maldonado e incluso en las del belga Georges Vantongerloo que veía de joven en la colección de Ignacio Pirovano, Lamelas ha pretendido, en las diversas versiones de Time as Activity , capturar el espacio-tiempo a través del discurso artístico, con su cámara de 16 milímetros. Hay un ejercicio de desestetización por medio del pensamiento y de un acercamiento a los modos del cine, sin sus connotaciones relativas al espectáculo.
A través de una obra despojada casi por completo, Lamelas pone al espectador cara a cara ante una evidencia primordial pero olvidada para el ser humano contemporáneo: la conciencia del tiempo que pasa, que vivimos, y que no retorna.
El concepto contiene una vigencia indeclinable. El transcurso puede resultar insignificante o estar pleno de sentido. Son condiciones que cada ser decide e instala desde su subjetividad, a veces casi tan dramáticas como le sucede al protagonista de la obra de Goethe.
<b> Ficha. </b>



