
El uso de la escarapela, un hábito vigente
Menos ventas por la crisis económica
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En la plazoleta San Nicolás, en la avenida Corrientes, suena "Adiós Nonino" desde un viejo bandoneón. Tulio Monferré, de riguroso negro y peinado a la gomina, interpreta el clásico de Piazzolla con el oficio de sus 76 años. Para coronar esta perfecta estampa de la porteñidad, el músico luce una escarapela en la solapa izquierda de su saco, y dos cintas celeste y blancas asoman tímidas desde el fuelle del instrumento.
Durante las fechas patrias, la escarapela vuelve a las calles de las ciudades argentinas. Pero, al parecer, ni siquiera este símbolo patrio, que ya se usaba durante la segunda invasión inglesa, queda a salvo de la crisis económica: según una recorrida por puestos callejeros, las ventas en esta Semana de Mayo son inferiores a las de años anteriores.
Sin embargo, a pesar de los problemas, la gente no abandonó la costumbre de lucir esta insignia en los días de fiesta. Así se lo podía ver ayer en la calle Florida.
Según una ordenanza municipal, los vendedores callejeros sólo están habilitados para vender símbolos patrios el 20 de junio y el 9 de julio, y en las semanas del 15 al 25 de mayo y del 10 al 20 de junio.
Porteños orgullosos
"Siempre uso la escarapela: soy argentino todo el año, y no sólo durante las fiestas patrias -dijo orgulloso Monferré-. No entiendo cómo a algunos les da vergüenza usar este símbolo argentino."
"La uso todos los años, pero sólo el 25 de Mayo. Este es un día que marcó nuestra historia", expresó Gabriel García, un porteño que portaba su escarapela en la solapa izquierda de su campera. "Hoy estuve en una compañía norteamericana y tenían una bandejita con escarapelas argentinas para todos los que entraban. Esto no es algo que suceda en nuestras empresas", contó Mario Casinelli, que porta la escarapela desde el último viernes.
"Creo que trabajamos menos por los problemas de plata. Antes, a la gente no le importaba gastar 50 centavos en una escarapela, pero ahora muchos no la pueden comprar", describió resignado Javier Roldán, que desde hace diez años vende símbolos nacionales en la calle.
En los puestos callejeros, los precios de las escarapelas varían entre 50 centavos y dos pesos. Por esos precios pueden conseguirse desde las clásicas cintas anudadas hasta modernos prendedores con los colores patrios. Pero, según los vendedores, las más baratas son las que más éxito tienen.
"La crisis pegó fuerte. Si bien siempre vendemos bastante, este año es uno de los peores", contó el vendedor Ariel Ojeda, mientras señalaba su panel todavía repleto de escarapelas y banderas.



