
El vacío de poder y los males del país
EL ESTADO AGREDIDO Por Alberto F. Robredo-(Del Umbral)-271 páginas-($ 26)
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No han sido pocas las obras que han intentado explicar la decadencia de un país como la Argentina, que en las primeras décadas del siglo XX parecía llamado a ser una potencia económica. El Estado Agredido también se ocupa de esa cuestión, pero se diferencia por la crudeza y por el estilo llano con que su autor enuncia el origen de los males argentinos: la dirigencia.
Robredo fue profesor de Derecho Político y de Teoría del Estado en la Facultad de Derecho de la UBA, además de cofundador de la Alianza Popular Federalista primero y del Partido Federal después, del que fue coordinador nacional hasta su desvinculación, tras solicitar el procesamiento de la junta militar luego de la Guerra de las Malvinas, hecho que le provocó un enfrentamiento con las autoridades de la agrupación política.
Con precisos fundamentos en ocasiones y con juicios más que polémicos en otras, Robredo concluye que quienes componen la dirigencia argentina, bajo la apariencia del respeto de formas conciliables con la democracia, devinieron en ocupantes antinaturales, ilegítimos, usurpadores de cargos en un sistema político donde el verdadero poder está vacante.
El autor sostiene que, detrás de las apariencias democráticas, los roles gubernamentales fueron colocados bajo el férreo control de dirigentes llamados políticos, constituidos en una corporación ilícita, que sólo busca satisfacer intereses particulares.
Su hipótesis es que la crisis argentina reconoce como causa profunda la existencia de una disputa entre dos ordenamientos jurídicos: el del Estado y el de los dirigentes. Esta tensión ha dado origen, según Robredo, al nacimiento de otro orden jurídico dentro del mismo Estado.
A lo largo del libro, el autor desarrolla un contexto histórico para identificar a la corporación dirigente y asocia los acontecimientos posteriores al golpe de 1943 con el nacimiento de una oligarquía político-partidaria que, a su juicio, se ha mantenido hasta nuestros días.
En un capítulo consagrado a la afectación de la economía, Robredo da numerosos ejemplos de cómo la dirigencia desnaturalizó el papel protector del patrimonio de las personas que tiene el Estado. Por citar sólo algunos casos, da cuenta de la privatización, estatización y reprivatización de algunos servicios públicos, y concluye que para la dirigencia, la calidad de estatal o de privado de un bien o servicio no se define por cuestiones ideológicas, estratégicas, históricas o económicas; "para la dirigencia, ir a lo estatal o a lo particular es sólo cuestión de invertir la situación de lo que esté, de modo de lucrar con la transformación", asevera el autor.
Del mismo modo, señala que cuando todos los fondos previsionales estaban en poder de cajas, el Estado se apropió de ellos para financiar su ineficiencia y sus negociados, mientras que cuando se formaron las AFJP, se estatizó la inversión supuestamente reproductiva de los recursos de los futuros jubilados.
Uno de los aspectos más controvertidos del libro es la hipótesis de que la desarticulación de las Fuerzas Armadas por el poder político obedece a la necesidad de la dirigencia de impedir que aquéllas le impongan límites a su propio orden jurídico, que ha reemplazado al del Estado.
La solución que propone Robredo al conflicto es drástica: "O perece la dirigencia, o el Estado, paulatinamente, continuará su despeñamiento por los abismos de la decadencia".
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