
En la sangre
EN EL PRESENTE DE LA PULSACIÓN Por Nicole Brossard-Botella al Mar-Trad.: S. Cohen y A. Genovese-142 páginas-($15)
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"Escribir yo soy una mujer está lleno de consecuencias", apuntó Nicole Brossard. Su vasta obra explora, hasta sus más complejos efectos, las huellas y representaciones que ese enunciado inscribe en la cultura occidental.
Nicole Brossard (Montréal, 1945), poeta, narradora, ensayista, es una de las intelectuales más importantes de Canadá. Es, sobre todo, una lúcida indagadora cultural de la diferencia, de las libertades personales y los derechos civiles articulados en sus matrices sociales y simbólicas. Independentista, militante del feminismo, defensora de las minorías sexuales, activa participante de la cultura de Québec, Brossard escribe, además, en lengua francesa, en el seno de una cultura de predominio anglosajón, en la vecindad del país más poderoso del planeta.
Cabe celebrar la primera publicación de uno de sus numerosos libros de poemas en la Argentina, en edición bilingüe, con traducción y prólogo a cargo de las poetas Sara Cohen y Alicia Genovese.
El pulso arterial es el ritmo elemental de todo cuerpo viviente. Su eco es el de la sangre que fluye, donde la energía orgánica se despliega en un tiempo propio, único e inexorable: el tiempo presente. Brossard halla así una imagen absoluta de la música del vivir: el ritmo arterial como isocronismo de la actualidad más pura. A esa pulsación Brossard superpone otra música, la del lenguaje, que alcanza su realización más completa en los vívidos ritmos del poema. Así, cuerpo y lenguaje se entrelazan, sometidos a una irreductible presencia corporal en un espacio propicio a su reunión: el poema. Por ello mismo el poema nunca es neutral o indistinto. En él, una mujer es la que habla y un enunciado femenino el que se encarna: "el cuerpo lo juro la lengua difunde/ su género y la infancia", escribe Brossard.
Su poesía procura adentrarse en ese lugar donde el lenguaje recibe las señales mínimas de las sensaciones, los flujos de la experiencia, los visajes de la conciencia reflexiva, las repentinas quemaduras del deseo, las imágenes que invaden la mirada, los residuos del sueño, las miniaturas de la emoción pasajera.
La forma poética es fluyente y asociativa, de inventiva prosodia, que apenas se somete a las normas de la gramática: se asemeja a un soliloquio tornasolado por el sentido, que a menudo se torsiona en balbuceo o se agudiza en una filosa afirmación. Y en esos casos llega hasta el hueso de la lengua materna, que suele encontrar penetrada de extranjería, duplicada entre el francés y el inglés de la nación canadiense. La versión bilingüe permite percibir esas tensiones, esas ambigüedades del idioma, esos vocablos dobles y sus mutaciones abruptas.
En el pulsar de la sangre, en el presente de la pulsación, la poesía de Brossard pone en sincronía las liberadas energías corporales y los significados del lenguaje. Indaga de ese modo la imaginación literaria de una subjetividad que se desmarca de todos los límites -genéricos, sexuales, culturales, étnicos, espirituales- y reinventa, en la escritura, nuevas formas de la vida.
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