
Escuelas en barrios cerrados
Por Agustina Lanusse De la Redacción de La Nación
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Una tendencia que se afianza, a la par del crecimiento de la instalación de familias en los barrios cerrados de las zonas norte y oeste del conurbano, es la apertura de colegios privados para satisfacer la demanda educativa.
En los últimos cinco años se abrieron 41 establecimientos nuevos en countries o en lugares muy cercanos a estos barrios. Sumados a la expansión del servicio escolar registrado en esas zonas en los años setenta, se estima que hay unas 108 escuelas privadas que albergan a 20.217 alumnos, según estimó la Dirección de Educación de Gestión Privada del gobierno bonaerense.
"En el año y medio que llevo en mi gestión la expansión mayor se dio en la zona de Pilar y muchos en barrios cerrados", afirmó Juan Odriozola, director del organismo, al ser consultado por La Nación .
Los distritos que hoy tienen la mayor cantidad de estudiantes que asisten a establecimientos en predios cercados o cercanos a ellos son Pilar (con 4582 estudiantes), Tigre (4149) y Esteban Echeverría (2940). Les siguen luego San Miguel (1265), Escobar (1406) y Moreno (912).
La apertura de estos colegios se da tanto en las cercanías de los countries, y muchas veces pegados a ellos -un ejemplo es el Saint Mathews, al lado de Saint Mathews y La Pradera-, como en los mismos predios de los barrios privados, como el San Jorge Norte, emplazado en el San Jorge Saint Mary of the Hills, International Southern Cross en el complejo Abril.
Lo cierto es que mientras crece la oferta educativa, se alzan también ciertas miradas críticas sobre este fenómeno.
Si bien no se cuestiona la capacitación e infraestructura escolar, que generalmente son de un muy buen nivel, muchos advierten sobre la fragmentación que poco a poco va sufriendo la educación, con brechas que se abren entre los que tienen más posibilidades económicas y los más rezagados. Se pone en duda, así, el papel de sociabilización, que lentamente va perdiendo la escuela.
"La cuestión de fondo es cómo miramos la escuela. Si como un lugar importante de sociabilización o sólo como un lugar de transmisión de conocimientos", comenta Daniel Filmus, secretario de Educación porteño, para quien las investigaciones demuestran que el mejor clima de aprendizaje es el francamente heterogéneo.
Varios barrios
Y si de novedades se trata, lo último como fenómeno ha sido la apertura de establecimientos en emprendimientos compuestos por varios barrios cerrados unidos.
Este año, por ejemplo, abrieron sus puertas los colegios Cardenal Pironio y Northlands, en Nordelta, una ciudad-pueblo de 1600 hectáreas, compuesta por varios barrios cerrados unidos, un centro comercial y comunidades barriales.
Hace tres años, también abrió sus puertas el Colegio Los Robles, en Estancias del Pilar, que es la unión de cinco barrios cerrados. Para algunos padres preocupados por que sus hijos no vivan en una caja de cristal esto asoma como una opción interesante, pues lo ven como oportunidades de educación seguras (algo que les importa y mucho en medio de la inseguridad que se vive en todos lados hoy) y a la vez más heterogéneas.
"Para que estos emprendimientos comiencen a funcionar es condición esencial que cuenten con un colegio", afirmó Hernán Mieres, de Mieres Propiedades, que comercializa varios proyectos, sobre todo en la zona norte.
Pedagógicamente, resulta interesante observar lo que están haciendo los colegios que de alguna forma se relacionan con los countries para no cerrarse en un alumnado demasiado homogéneo. Los Robles, por ejemplo, dispuso que un máximo de 60% de su matrícula lo puede componer alumnos que viven en el barrio cerrado que está pegado al establecimiento (Estancias del Pilar). El Michael Ham, que en algunos años abrirá en Nordelta, Tigre, como varios otros, dispone dentro de su currícula una materia relacionada con el servicio a la comunidad. "Hay que estar donde está el problema", admitió su directora, Caroline Díaz Mathe. "Nuestra propuesta es de integración social y con la comunidad", agregó Díaz Mathe, para quien Nordelta es un lugar interesante para estar porque "es lo suficientemente grande para no ser un barrio cerrado y la filosofía sobre la cual se sostiene es abierta".
Elegir los colegios y universidades que funcionarán en Nordelta, como el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), no ha sido fácil, según explican quienes desarrollaron el proyecto.
Eduardo Costantini comentó que eligieron institutos muy diversos, de primera calidad y larga trayectoria, para "ofrecer un menú variado y óptimo para las 1000 familias que estimamos se instalarán por año. Por eso optamos por un colegio laico, como el Northlands, y dos religiosos pero a la vez muy diversos entre sí (Michael Ham y Cardenal Pironio)", explicó.
Los habitantes de Nordelta gozarán de un descuento por asistir a estos establecimientos, pero "estimamos que el 80% del alumnado vendrá de afuera", agregó Costantini, para quien su emprendimiento será poco a poco reflejo de una ciudad abierta y no cerrada y controlada.
Sobrevivir, pero no vivir
A pesar de los esfuerzos que muchos establecimientos hacen por acentuar sus salidas extracurriculares hacia la ciudad -visitas a museos, teatros y organizaciones barriales, para que los alumnos tengan una buena integración ciudadana-, no son pocos los especialistas que miran con desconfianza la tendencia a vivir en barrios cerrados y asistir a colegios bilingües, de alta calidad y poca movilidad social.
"Es una señal de cómo se fragmenta la sociedad. Cada cual vive en su gueto. De este tipo de escuelas saldrán chicos que estarán autorreferidos sólo a su grupo", expresó con preocupación Guillermina Tiramonti, directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
"Es un riesgo para la sociedad entera que la escuela deje de ser un espacio de representación de otros y de articulación social. Además, si estos chicos serán la clase dirigente del mañana, ¿qué tipo de representación tendrán de los grupos sociales sobre los cuales ejercerán el poder", se preguntó la especialista.
Para el filósofo y ensayista Santiago Kovadloff, esta tendencia es un indicio del "fracaso de la polis como escenario legítimo de la convocatoria educativa".
"Cuando el colegio se convierte en un espacio amurallado, se renuncia a la integración nacional. El colegio se convierte en un contrasentido. Aspira a transmitir ideales de solidaridad en un contexto de negación de la solidaridad. Y a mayor reclusión, mayor indiferencia hacia el otro y mayor comprensión del contexto como aquello de lo cual hay que defenderse y no como aquello a lo cual hay que integrarse", reflexionó el pensador.
Kovadloff cree, además, que a medida que se garantiza seguridad, renunciando a la participación, se sobrevive pero no se vive. "Vivir es proyectar a la comunidad la práctica educativa, y no cercenarla del contexto social amplio. Todo lo que se limita a ser elitista termina por agonizar en su aislamiento", expresó el filósofo, para quien la solución es más bien de orden político.
"El poder político debe persuadir a la ciudadanía de que la democracia es una oportunidad con objetivos, convicción y habilidad. De lo contrario, la democracia cae como ideal y el aislamiento se impone como destino", concluyó Kovadloff.


