
Esplendor del grabado
En el Borges se exhiben aguafuertes y aguatintas de Marc Chagall, uno de los grandes de la Escuela de París
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En el Centro Cultural Borges se presenta una exposición integrada por más de doscientos grabados al aguafuerte y aguatinta, realizados por Marc Chagall entre 1923 y 1939 para ilustrar varios libros de tirada reducida, destinados a bibliófilos y coleccionistas. Las obras, que corresponden a las ediciones con grabados originales de Las almas muertas, La Biblia y Los siete pecados capitales, provienen de la Fundación Mazzotta de Milán.
Chagall, uno de los artistas más célebres de la cosmopolita Escuela de París, nació en 1887 en Vitebsk (en la actualidad, Bielorrusia), donde tuvo una infancia impregnada de cultura jasídica. Comenzó sus estudios en la Escuela de la Sociedad Imperial para la Defensa de las Bellas Artes de San Petersburgo, en 1907. Durante un tiempo recibió lecciones de León Baskt, el escenógrafo de los Ballets Rusos fundados por Serge Diaghilev. Tres años más tarde viajó a París y se instaló en un estudio de La Ruche (La Colmena), donde nació su amistad con Amedeo Modigliani, Chaim Soutine, Guillaume Apollinaire, Fernand Léger y Alexandre Archipenko.
Regresó a su ciudad natal en 1914 y permaneció en ella durante la guerra. Después de la Revolución de Octubre, en 1917, fue nombrado comisario de Bellas Artes de Vitebsk, ciudad en la que fundó un Instituto de Arte Moderno. No permaneció mucho tiempo en su cargo de director, renunció por discrepar con la fracción más radical de la vanguardia soviética abstracta, en especial con Kasimir Malevich y El Lissitzky, que veían en su pintura un carácter demasiado tradicional.
Por ello se trasladó a Moscú, pero en 1922, cuando advirtió que su obra era inaceptable para las autoridades bolcheviques, abandonó Rusia para siempre y se instaló en Berlín, donde se inició en el grabado. Retornó a París un año más tarde, durante la mayor efervescencia del surrealismo, en vísperas de la aparición del Manifiesto de André Breton.
Poco después, Ambroise Vollard, uno de los más importantes marchantes franceses de su tiempo y notable editor de libros ilustrados, le encomendó los grabados al aguafuerte para Las almas muertas de Nicolás Gogol.
Las artes del libro
Durante quince años Chagall trabajó sin cesar para las ediciones de Vollard. Luego de los grabados para Gogol (1924-1925) realizó las planchas para un libro de La Fontaine (ausente en la muestra). Más tarde grabó las láminas al aguafuerte para el Antiguo Testamento, tarea que inició en 1931, después de un viaje de documentación a Palestina. En 1926 ejecutó los quince aguafuertes para Los siete pecados capitales, un álbum editado por Simon Kra con textos de Jean Giraudoux, Paul Morand, Pierre Mac Orlan, André Salmon, Max Jacob, Jacques de Lacretelle y Joseph Kessel.
En total, Chagall ilustró con grabados ochenta y cinco libros; ese número sólo fue superado por Pablo Picasso, quien firmó ciento treinta y cuatro, en su mayor parte editados por el marchante Daniel Henri Kahnweiler. En los mismos años apareció buena cantidad de libros con grabados de Léonard Tsuguharu Foujita, Sonia Delaunay, Juan Gris, Giorgio De Chirico, Amedeo Modigliani, etcétera.
Era la época de oro del libro ilustrado de la Escuela de París, en la que se inició una nueva manera de trabajar. Ya no se trataba de realzar un texto con algunas láminas, sino de componer un libro entre un editor, un escritor y un grabador; todos colaboraban estrechamente en un proyecto único.
En su primera estadía en París, Chagall sufrió la influencia de la visión simultaneísta de Robert Delaunay, pero como señala Jean Cassou en su monografía sobre el pintor, ésa y otras tendencias sólo lo marcaron superficialmente. Su estilo personal maduro fue una interpretación original del lenguaje de la figuración, al que añadió elementos del cubismo y del surrealismo. Sin duda fue un artista de compleja identificación estilística.
Por otra parte, nunca abandonó en su obra los recuerdos de la vida religiosa y cotidiana de los judíos de su pueblo. En pinturas y grabados los representó con una suerte de compromiso personal entre la fantasía y el folklore.
Marc Chagall murió en 1985, a los noventa y siete años, en Saint-Paul- de- Vence, Francia. En 1973 se había inaugurado el Musée National Message Biblique Marc Chagall, en Niza, Francia; en sus salas se exhibe de manera permanente un importante conjunto de obras de un tema al que dedicó una parte sustancial de su trabajo.





