
Exámenes: estrategias para aprovechar el tiempo de estudio
Organizarse según la propia disponibilidad y lograr hábitos de lectura durante el año acercan al éxito
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Pocas situaciones son tan universalmente estresantes como un examen. En cualquier nivel, disciplina y materia, ser evaluado genera ansiedades varias, desde el cosquilleo estomacal hasta el bloqueo total de la memoria.
Si bien estudiar es un remedio casi infalible para obtener buenos resultados en un examen, existen estrategias que permiten aumentar considerablemente las posibilidades de aprobar y ayudan a mantener el miedo a raya.
Pensar en el examen como una parte del aprendizaje, organizarse según el tiempo disponible, contar con todo el material de estudio necesario, combinar la actividad individual con el intercambio en grupo y conservar un tiempo final para dedicar al repaso de contenidos son algunos de los consejos que aportan los especialistas.
Según dicen, los estudiantes coinciden en los problemas que expresan ante las inexorables evaluaciones: la falta de hábitos de estudio –sobre todo, el estudiar de memoria–, el mito de que es “imposible” leer y recordar todo el material que piden las materias, el miedo a enfrentar a los profesores cara a cara, la imposibilidad de expresar lo que se estudió y la sensación de que desaprobar Fisiología, por ejemplo, anuncia un futuro fracaso como médico.
“El examen involucra al individuo afectivamente y, muchas veces, el alumno no puede tomar distancia y se siente evaluado como persona, en todas sus dimensiones”, dijo a La Nacion Emma Di Tullio, titular de la materia Comprensión y Análisis de Textos del ciclo de ingreso en la Universidad de Belgrano (UB).
“Esa carga emotiva aparece cuando los chicos están estudiando y, por eso, lo primero es hacerles comprender que una evaluación pone en juego solamente lo que se aprendió en una materia”, agregó.
Una primera recomendación es evitar el hábito de la mayoría de los alumnos, casi una práctica que no se puede evitar en la universidad: estudiar todo a último momento, pasando noches en vela con café y mate como combustible.
“Al examen se llega después de un camino de aprendizaje que se va construyendo durante toda la materia. No se prepara un examen en tres días, sino que se tiene que haber adquirido una rutina de estudio durante el año”, dijo Di Tullio.
Así, entender la evaluación como una parte más de la cursada reduce las ansiedades. “Hay que pensar en la situación de examen desde el comienzo del cuatrimestre. En la medida en que se logran ritmo y regularidad de estudio, la situación de evaluación deja de ser excepcional”, dijo Diana Aisenson, a cargo de la Dirección de Orientación al Estudiante de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El segundo paso es organizarse. “Es necesario distribuir los horarios según el tiempo disponible y armar una rutina de estudio. Es importante, además, programar las fechas de los exámenes de una manera lógica, según la cantidad y profundidad de estudio que demanda cada materia”, aportó Di Tullio.
Para armar esta estrategia hace falta contar con información, es decir, conocer cómo será el examen (oral, escrito, qué tipo de preguntas o problemas se plantearán), buscar antecedentes de cómo suele evaluar el profesor en cuestión y conocer la profundidad de conocimientos que se requerirá.
Más que apuntes
Malas noticias para muchos universitarios: los apuntes de clase no son, ni por lejos, suficientes para preparar una materia, sino sólo “un elemento de apoyo que sirve para organizar las ideas fundamentales”, como señaló María Delia Traverso, coordinadora pedagógica de los cursos de Metodología de Estudio en el ciclo de ingreso de la Universidad de Morón.
Al disponerse a estudiar, entonces, hay que poner sobre la mesa toda la bibliografía necesaria y el programa de la materia, con frecuencia olvidado, pero de utilidad fundamental: se trata de una guía que permite tener claros los objetivos que persigue el docente y los conceptos fundamentales de la asignatura, para guiar qué leer y con qué profundidad encarar cada texto.
Otra mala nueva: repetir hasta memorizar no significa estudiar. “Hay que concentrar la bibliografía de cada unidad, tomarla como un bloque, ir leyendo según lo que indica el programa e integrar los conceptos”, dijo Di Tullio.
Dicho esto, queda claro que el repaso no es un recitado, sino “un momento de integración final, que permite armar un esqueleto de la materia, un mapa conceptual, encontrarle el sentido a toda la asignatura. Eso facilita después responder las preguntas del profesor en el momento de la evaluación”, resumió la profesora.
Los especialistas recomiendan, a coro, combinar el estudio solitario con instancias grupales, por ejemplo al finalizar cada unidad, que pongan a prueba lo que se estudió y permitan ensayar la situación de examen. “Es importante que haya un momento de contraste con otros compañeros, para hacerse preguntas, aclara conceptos, discutir contenidos, rescatar los núcleos fundamentales de la materia, trabajar preguntas hipotéticas o que obliguen a inferir, es decir, que no estén contenidas explícitamente en los textos”, apuntó Traverso.
Prueba de fuego
Las estrategias para el éxito no terminan cuando uno pone el nombre en la hoja o se sienta frente a los docentes, sino que continúan durante el examen.
“Normalmente, el alumno ve las preguntas y arremete. Pero hay que tomarse un tiempo para entender qué se está preguntando y organizar las respuestas, es decir, pensar en qué orden se contestarán y calcular cuánto tiempo se puede dedicar a cada una. No hay que perder el reloj de vista”, dijo Viviana Sánchez Negrette, psicóloga a cargo del servicio de orientación en la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
Ser prolijos en la presentación, ordenados al contestar y guardar un tiempo final para repasar lo escrito son recomendaciones por tener en cuenta.
A pesar de lo generalizado del temor a la evaluación, no muchos lo admiten con facilidad. “Hay que dejarse ayudar y ver que a la mayoría le pasa lo mismo”, dijo Sánchez Negrette, quien coordina los talleres de organización del estudio y técnicas para preparar exámenes que se dictan en Ciencias Económicas. En ellos, contó, los participantes se asombran de compartir ansiedades tan parecidas.
Recurrir a los servicios de orientación de las facultades y a los mismos profesores que tomarán la evaluación es un camino cuando la ansiedad se torna inmanejable.
“La masividad de algunas materias hace que muchos chicos piensen que no tienen espacio ni siquiera para hacer una pregunta, pero ese espacio existe. Se pueden acercar a los profesores, a quienes en general les agrada recibir las inquietudes de sus alumnos, chequear si se entendieron los temas y despejar dudas sobre cómo serán evaluados”, dijo Aisenson.Finalmente, saber dar examen en Historia social general, Filosofía contemporánea, Química orgánica o Técnica impositiva también prepara para la vida. “Aprender a dar examen es aprender a ser profesional, porque es una situación que se repetirá en otros momentos, como en entrevistas laborales o al presentar un proyecto”, resumió Sánchez Negrette.
Antes
- Tener claro que un examen no es una evaluación personal, sino de los conocimientos sobre un área.
- Pensar en el examen como una parte de la cursada.
- No empezar a estudiar en los últimos días, sino ocuparse de adquirir una rutina de estudio de la materia durante el año.
- Distribuir las fechas de exámenes según la cantidad y profundidad de estudio que demanda cada materia.
- Organizar el estudio según el tiempo disponible y armarse una rutina.
- Tener claro cómo será el examen.
- Contar con toda la bibliografía necesaria y estudiar con el programa de la materia como guía.
- Dejar un tiempo para la integración final de los conceptos.
- Combinar el estudio individual con momentos de discusión y repaso grupales.
- Buscar ayuda en los servicios de orientación si la ansiedad se vuelve inmanejable.
Durante la prueba
- Llegar puntualmente.
- Tomar un tiempo para leer las consignas con tranquilidad.
- Pensar en qué orden se contestarán las preguntas y qué tiempo se dedicará a cada una.
- Ser prolijos en la presentación del examen y en la exposición de las ideas.
- Reservar un tiempo para releer lo escrito.
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