
Falleció el académico Pedro Laín Entralgo
Fue un destacado intelectual español
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MADRID (EFE).- Pedro Laín Entralgo, una de las más destacadas figuras de la cultura española del siglo XX, falleció ayer en Madrid, a los 93 años. Laín fue director de la Real Academia de la Lengua; miembro de las de Historia y de Medicina, y autor de una extensa obra, reconocida con numerosos premios, entre ellos, el Príncipe de Asturias de Humanidades, en 1989.
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En la línea de los grandes intelectuales españoles, Pedro Laín Entralgo era uno de esos multidisciplinarios , más propios del Renacimiento que de estos tiempos de forzosas especializaciones.
Nacido el 15 de febrero de 1908 en la provincia de Teruel, su biografía refleja cabalmente esa amplitud. Recibido de químico y de médico a los 23 años, inició poco después el "derrotero de un humanista", según su propia definición, que lo llevó a establecerse, primero en Viena, para estudiar psiquiatría con un calificado maestro llamado Sigmund Freud.
De regreso en su país, además de ejercer como médico, cursó las carreras de Filosofía, Antropología e Historia. También se dedicó al periodismo.
Durante muchos años, el suplemento literario de La Nación publicó artículos suyos que son verdaderos ensayos sobre literatura y política o reflexiones sobre la condición humana. En la década del 60 vino a la Argentina para dictar varias conferencias.
Laín Entralgo fue asimismo un prolífico escritor. De su extensa bibliografía se destacan "Las generaciones de la Historia" y "La generación del 98" (ambos de 1945), "España como problema" (1949), Historia de la Medicina" (1954) y "Teoría y realidad del otro" (1961). En su juventud, Laín tuvo una incursión política de signos contrapuestos. Militó en la Falange, durante la Guerra Civil, pero después fue muy crítico con el régimen franquista. A comienzos de 1999, presentó su último libro: "Qué es el hombre", ganador de la quinta edición del premio Jovellanos.
No quiso Laín que ese reflexivo comentario sobre la realidad, el compromiso humano, la evolución y el sentido de la vida empañara su habitual sentido del humor: "Con este ensayo, a mi edad -dijo en ese acto-, me he querido echar una cana al aire."



