
Fito Páez cautivó con la poesía popular
Ante un lleno total, habló en el ciclo de LA NACION y rescató figuras de la música; dijo que Bob Dylan y Chico Buarque son poetas capaces de iluminar la oscuridad; lamentó que la Argentina viva en un "parricidio permanente, matando lo que vale"
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Fito Páez habló de todo. De poesía, de literatura, de cine, de los clásicos del rock, de política, de sus hijos, de los argentinos, del tango, y deleitó a más de mil personas que colmaron la Sala Jorge Luis Borges, de la Feria del Libro.
El diálogo con el periodista Jorge Fernández Díaz, secretario de Redacción de LA NACION, fue ágil y el artista estuvo comunicativo, divertido y a gusto entre sus seguidores. La gran mayoría de los asistentes fueron jóvenes que lo fotografiaron con sus celulares y muchos le gritaron: "¡Bravo, Fito!". El artista dijo que había disfrutado el momento.
Todo empezó con la poesía inolvidable de 11 y 6 , tema musical compuesto por Fito Páez, que está incluido en su álbum Mi vida con ellas , que Fernández Díaz eligió para abrir el diálogo: " En un café se vieron por casualidad/cansados en el alma de tanto andar/ ella tenía un clavel en la mano. El se acercó y le preguntó si andaba bien/ llegaba a la ventana en puntas de pie/y la llevó a caminar por Corrientes... ".
Muchos, con el recuerdo de esa canción entrañable, se atrevieron a tararearla en voz muy baja. Y el periodista preguntó: "Señores, si esto no es poesía, ¿la poesía donde está?"
Así había ocurrido el mes último en Cartagena de Indias, durante su participación en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, donde su presencia despertó admiración y afecto entre los jóvenes y el auditorio vibró al ritmo de Yo vengo a ofrecer mi corazón .
Fito enumeró sus primeras lecturas. En la escuela primaria le dio por El exorcista , "porque estaba de moda la película y el tema era tabú. Era lo contrario a lo que me enseñaban en el catecismo y me daba mucha curiosidad".
Luego, este representante de la generación del 60 -nació en 1963- se prodigó con los títulos de la colección Bruguera ( Viaje al centro de la Tierra y otros libros de Verne), y a fines de los años 70 y principios de los 80 se sumergió en Lautremont y Los cantos de Maldoror . De allí dio un salto al surrealismo.
Figuras que admira
Su recorrido por la literatura -en la que exhibió temple de lector- se completó con poetas que inspiraron, entre otros, a Luis Alberto Spinetta, a quien se refirió con enorme admiración.
Artaud, Bukowski, Girondo, Gelman desfilaron en un diálogo matizado por referencias musicales, artísticas y, sobre todo, por la alusión constante a los referentes de la música popular que Fito admira. "Estos dos hombres -Girondo y Gelman- han interpretado parte de la complejidad argentina- y como padre de Martín y de Margarita me siento contento. Hay en ellos un espíritu poético salvaje", señaló.
Admitió luego que su inclinación por Bukowski se conecta con que, en sus años locos, "siempre terminaba en lugares sórdidos como él, rodeado de tipos más grandes. Me sentía menos solo cuando lo leía".
Ahora, dijo el artista, lee varios libros a la vez. "Hago como con la música". Y reveló que acaba de terminar de leer a Kenzaburo Oe.
Habló luego sobre la inspiración del cine y la literatura en sus creaciones musicales. Por caso, la referencia a Thelma y Louise , la película de Ridley Scott, contenida en su tema Dos días en la vida . "No siempre las letras de las canciones son poesía y mucho menos relato", argumentó. Y arrancó con el recitado íntegro de un tango con mayúsculas, La última curda , de Troilo y Castillo, para ejemplificar que en ese caso se funden la letra de un tema, la poesía y el relato de una historia.
Versátil y entusiasta, se atrevió luego a esbozar una opinión con miga para el debate: que el rock es la continuidad absoluta del tango. "Hay un contacto carnal; decir que no están conectados obedece sólo a cuestiones culturales."
Tuvo luego palabras de admiración para Litto Nebbia, el mencionado Spinetta y el talentoso Charly García, "porque inventaron todo lo que hoy se conoce como rock latino", y de allí saltó a Discépolo, Gardel, Manzi y los tangos que escuchaba en su casa, para deleite de su padre.
En una de sus críticas a la actitud tan argentina de fustigar sin piedad al otro, Fito dijo: "Los argentinos vivimos en un parricidio permanente. No entiendo por qué siempre hay que vivir con la ilusión de que se está fundando una nueva tradición".
Y tuvo una crítica fugaz sobre los menemistas años 90 que "se cargaron a la música popular". Sugirió entonces que, como propuso el ministro de Cultura Gilberto Gil en Brasil, se incluya una materia como "música popular argentina" en la escuela. Y destacó que un artista se hace aprendiendo a tocar los instrumentos.
Fernández Díaz cerró el diálogo con otra perlita, de su trabajo Abre Páez : " Me gusta estar a un lado del camino/fumando el humo mientras todo pasa/...vivir atormentado de sentido/creo que ésta, sí, es la parte más pesada/en tiempos donde nadie escucha a nadie/ en tiempos donde todos contra todos/... habrá que declararse incompetente/en todas las materias de mercado .



