
Geometrías indigenistas
Alejandro Puente combina la racionalidad y la sensibilidad en el conjunto de trabajos reunidos en el Fondo Nacional de las Artes
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La exposición del platense Alejandro Puente (1933) verifica la coherencia de su camino. Después de una etapa informal practicó una pintura organizada que se enderezó hacia la denominada geometría sensible. Sostuvo el paso hacia una actitud combinatoria de significado amplio con formas y signos aplicados simétricamente sobre fondos de vibrante configuración.
La selección resume un proceso empírico de concienzuda investigación sobre sus propias posibilidades que lleva más de cuarenta años. Realizó su primera exposición en su ciudad natal cuando en 1960 integró el grupo Sí, del que participaron también César Ambrosini, César Paternosto, Dalmiro Sirabo y Juan Antonio Sitro. Con ellos, y también con Gabriel Messil y Enrique Torroja, se presentaron aproximadamente siete años después en el Museo Nacional de Bellas Artes con la exposición Visión elemental . Procuraban crear imágenes autosuficientes, que no encontraran en la naturaleza el impulso inspirador. Pero sus primeras exposiciones individuales las hizo en las galerías Rioboo y Lirolay, en 1963 y 1964, respectivamente.
Esa década fue de clara definición. Se orientó hacia una pintura de formas octogonales que acentuaba el volumen de sus elementos y se revelaba en estructuras de configuración espacial. Las caracterizaba su ubicación en un contexto relacional de correspondencias y la huella que, a diferencia de las producciones de la industria, señalaban la manualidad de su factura. La aproximación a la geometría de los elementos en juego no se definía con bordes netos y superficies planas absolutas, sino con una aplicación sensible del color. La intención comunicativa excedía la rigidez de otras configuraciones.
Por lo demás, le agregaba a la visión del plano sobre el que habitualmente se desarrolla la pintura, una connotación temporal. Las tres dimensiones de su configuración estructural, que venía de la posición de sus elementos, obligaba al observador a desplazarse para apreciar las formas y los colores en su totalidad. El hecho acentuaba así, contemporáneamente, lo que Lessing afirmaba en el Laocoonte al establecer las diferencias entre las artes espaciales y las temporales.
El título de la exposición, Mirando el tiempo , señala metafóricamente cómo su transcurso puede unir lo viejo con lo nuevo, lo arcaico con lo actual; pero también la medida en que su función se une a la noción de espacio, como si fuese una realidad visible. Viejas tradiciones determinan el significado de muchas de las formas, que se arraigan en los fondos del indigenismo americano. Algunas de las piezas de 1985 están realizadas con plumas aplicadas sobre arpilleras con las que forman figuras geométricas.
Las obras que hoy se muestran no dejan dudas sobre la seriedad de los planteos. La certeza de su finalidad justifica las diferencias que caracterizaron los distintos momentos dándoles continuidad; las variantes modificaron la manera de manifestarlos más que su sentido esencial. Su planificación y su factura respondieron a un propósito estructural que se combinó con lo cromático para configurar una imagen esquemática de gran equilibrio formal.
Es constante el control de la ejecución; pero también la elasticidad de su práctica, suficientemente libre para no limitar lo sensorial. La forma y el color se manifiestan por medio de un entramado delicado y vibrante que, a menudo, tiene la apariencia de un tejido.
En ciertos casos, los materiales de soporte escalonan la superficie de desarrollo en diferentes planos o definen las superficies combinando su conformación natural con la de lo pintado o dibujado sobre ellos. Tal el caso, por ejemplo, de Nazca o Ñaquin , donde la pintura se combina con el corcho y el aglomerado, o de Auca y Portada .
Otras piezas, como Iruya y Haura , de 1996, o Pucay , del año siguiente, están dibujadas y coloreadas a lápiz sobre papel y se asemejan a planos de construcciones imaginarias a las que se puede considerar de origen remoto. Un discreto propósito figurativo permite atisbar lo que sugieren.
Entre las distinciones de Puente, que es miembro de número de la Academia y se presentó en numerosas exposiciones individuales y colectivas, figuran la beca Guggenheim, debido a la cual vivió en Nueva York entre 1968 y 1971, y el gran premio del Salón Nacional.
(En el Fondo Nacional de las Artes, Alsina 673. Hasta el 26 de abril. )
Los trabajos y los días
Puente nació en La Plata y estudió Teoría de la Visión con Héctor Cartier. Integró el grupo Si y poco después expuso con César Paternostro en la galería Lirolay, presentando La Geometría Sensible. Becario Guggenheim, vivió en Nueva York donde participó en la muestra Information show, organizada en el MoMA. Es académico de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. En 1985 representó a la Argentina en la Bienal de San Pablo. El año último fue distinguido con el Gran Premio Salón Nacional de Pintura.
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