
Hay menos interés por estudiar la carrera
Se debe a la incierta salida laboral
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Como parte de un sistema de salud sobrecargado, empobrecido y vapuleado por crisis de todo tipo, el ejercicio de la fonoaudiología enfrenta hoy múltiples desafíos.
En principio, hay menos interés por estudiar una carrera que supo convocar -entre los 60 y los 80- a una matrícula creciente y bien motivada por las entonces inmejorables perspectivas en materia de inserción laboral.
Las dificultades que enfrenta hoy el sector de la salud y la disparidad de criterios para incluir ciertos tratamientos fonoaudiológicos dentro de las coberturas de obras sociales y pre pagas, entre otros problemas, han vuelto más conflictivo el ejercicio de la profesión.
Se trata de escollos coyunturales, por cierto, porque el campo de acción de los fonoaudiólogos es muy amplio.
En efecto, un licenciado en Fonoaudiología está capacitado para actuar en la prevención, evaluación y terapias de las alteraciones de la voz, habla, lenguaje y audición, y para participar en la colaboración diagnóstica en equipos multidisciplinarios. Además, la licenciatura -que en la mayoría de las casas de estudio donde se dicta dura cinco años- los acredita para realizar docencia e investigación.
Menor interés
En los hechos, sin embargo, la distancia entre las posibilidades teóricas y las prácticas son bastante grandes. Por otro lado, en la actualidad hay muchos graduados desocupados.
"Lamentablemente, la inscripción está bajando -dice María Elena Vaccari, directora de la carrera de Fonoaudiología de la Facultad de Medicina de la UBA-. Notamos menos interés, y esto no ocurre sólo en las privadas sino también en las que dependen de universidades nacionales, que, como se sabe, son gratuitas", agrega.
Vaccari lo atribuye al incierto panorama laboral y a la falta de conciencia sobre la importancia de la prevención fonoaudiológica, entre otros factores.
Y explica que, actualmente, todo lo relativo a este campo las obras sociales tienden a recortarlo y a derivárselo a las ART: por ejemplo, detección temprana de problemas auditivos, en preescolar y primer grado, prevención de alteraciones del lenguaje, prevención de patologías de la voz en docentes y profesionales como actores o profesores de música.
"Pero la ART lo cubre cuando no hay más remedio o, en todo caso, con una visión más económica, de ahorrarse dinero o problemas ante un posible juicio, más que por un criterio de salud", sostiene.
También Nora Neustadt, presidenta de la Asociación Argentina de Logopedia, Foniatría y Audiología, coincide en que fonoaudiología es una de las áreas que primero se recortan. Pero también está convencida de que, dentro de las llamadas carreras jóvenes, Fonoaudiología tiene futuro.
Según explica, hay alrededor de 7000 profesionales en todo el país, entre fonoaudiólogos, licenciados y doctores en Fonoaudiología, y nueve universidades que dictan la carrera: cuatro nacionales (UBA, Córdoba, Rosario y San Luis) y cuatro privadas (del Salvador, Santo Tomás de Aquino, Católica de la Plata y Aconcagua).
"Pero parte del interés que despiertan estos estudios la da el hecho de que se prevé la apertura de tres facultades más", dice Neustadt.
Algunas posibilidades de trabajo se dan en los gabinetes escolares e industriales, en los hospitales públicos -donde existen poquísimas vacantes y las mayores oportunidades surgen de las pasantías ad honórem o con viáticos de $ 50 mensuales- y en las pre pagas y obras sociales, donde se paga entre $ 5 y $ 10 la sesión.
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