
Identidad nacional y deporte
FUTBOL Y PATRIA Por Pablo Alabarces-(Prometeo)-227 páginas-($ 15)
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Si la nacionalidad es una construcción, el armado de la identidad argentina no puede entenderse sin el fútbol. Más que deporte, el fútbol es el "ritual de masas por excelencia" que nos define entre nosotros y ante el mundo, divide pasiones, crea ídolos y provee una identidad cálida en la que refugiarse ante tantas seguridades perdidas. A demostrarlo dedica Pablo Alabarces las páginas de Fútbol y patria: el fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina , una recorrida por el siglo XX de nuestra historia tras el rastro del fútbol como "una máquina cultural productora de nacionalidad", en la que se entremezclan la historia, el cine, diarios y revistas, la publicidad y hasta la disección etnográfica de las hinchadas.
Profesor titular en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA e investigador del Instituto Gino Germani, Alabarces recibió recientemente su doctorado en la Universidad de Brighton. Inglaterra, el archirrival futbolístico de la Argentina tiene una larga tradición en combinar la sociología, los estudios culturales, la antropología y la historia para desentrañar el fenómeno futbolístico.
La estación de partida en Fútbol y patria... es la década del 20, cuando el fútbol se instaló como un terreno aglutinador de las clases populares de inmigrantes europeos, y se sumó así, en forma espontánea, al proceso de integración nacional que desde el siglo anterior se había propuesto desarrollar la escuela pública. Describe Alabarces cómo, en el "crisol de razas" que caracteriza a la idea de la Argentina en esa época, el fútbol se criollizó para diferenciarse de la invención inglesa, adquirió un estilo propio -la agilidad y el virtuosismo frente a la disciplina europea- y generó sus primeros ídolos. La década del 30 inauguró la profesionalización del fútbol, la institucionalización y el desarrollo de los clubes y la instalación de este deporte como forma legítima de ascenso social.
El recorrido del libro se detiene en el primer peronismo (1945-1955), que instauró la "patria deportiva" de manera contundente, cuando "el espectáculo deportivo, vinculado con lo popular, apareció por primera vez como válido para integrar el repertorio nacional", dice el autor. Las sucesivas dictaduras militares también echaron mano del deporte nacional para reforzar su propia retórica. Afirma Alabarces que lo hizo, por ejemplo, la Revolución Argentina de Onganía, desde 1966, cuando en plena época de "modernización" del fútbol, en la cancha se privilegiaba "la estructura defensiva, el temperamento, la disciplina y el espíritu de lucha" sobre el anterior juego sólo habilidoso, en una metáfora de lo que el onganiato reclamaba a los argentinos. Y fue la última dictadura militar, entre 1976 y 1983, la que llevó el nacionalismo futbolístico a la cima, durante el Campeonato Mundial de 1978.
En la línea histórica del libro aparece Diego Maradona, síntesis de la épica deportiva, que encarna simultáneamente el ascenso social, la rebeldía, la oposición a los poderosos y la perversidad del sistema que destruye lo mismo que idolatra. Su periplo, y especialmente su caída, se convierten en una clave valiosa para leer la transformación que la sociedad argentina atravesó en la década del 90.
Según Alabarces, durante los últimos diez años del siglo XX el fútbol perdió su carácter estrictamente popular para integrar, como espectadores y jugadores, a miembros de las clases medias. Aunque este proceso puede rastrearse ya años antes, es innegable la transformación del fútbol en espectáculo deportivo, escudriñado hasta el límite por las cámaras de televisión, esponsoreado, invadido por el merchandising , envuelto por la lógica comercial que transforma a los jugadores en modelos y actores, los compra y los vende por cifras millonarias y deja al hincha como única reserva legítima de pasión futbolera.
Así transformado, superado por la televisión como nueva máquina cultural, para Alabarces, el fútbol de la Argentina en crisis ya no puede ser el articulador de una narrativa nacional. Ante el retiro del Estado, la debilidad de la sociedad civil y la ruptura de todas las legitimidades, argumenta el autor, el fútbol es insuficiente para devolvernos la ciudadanía perdida.
También la escuela, también las instituciones políticas son hoy impotentes para hacerlo. El libro deja allí un espacio abierto para pensar si no pueden adivinarse ya, en esta nueva fisonomía del fútbol, los rasgos de la identidad nacional que se asoma. Finalmente, como dice Alabarces, el fútbol puede ser señal, pero no es respuesta: por más que la publicidad pretenda encolumnarnos detrás de una camiseta celeste y blanca, "la crisis, la nación, un destino comunitario, no se resuelven en un estadio".
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