
Ingeniería: sólo se gradúa el 5,9%
Las dificultades de la carrera y la deficiente formación en el secundario explican el fracaso
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Si los números actuales se prolongan en el tiempo, la Argentina podría sufrir, en algunos años, una preocupante escasez de ingenieros.
Según cifras elaboradas por el Ministerio de Educación, a las que tuvo acceso LA NACION, sólo el 5,9% de los estudiantes que ingresaron en carreras de Ingeniería en universidades públicas en 1990 se había recibido en el año 2000. En otras palabras, de los 13.596 inscriptos en 1990, sólo 802 tenían su título al finalizar esa década y otros 974 se habían anotado ese año para seguir estudiando.
Los números, elaborados a partir de datos provistos por las propias instituciones -no incluyen a la UBA ni la Universidad de La Rioja-, muestran diferencias significativas entre ellas, que incluyen porcentajes de graduación del 31,3% en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), de casi el 18% en la del Sur, del 12,85% en La Plata y del 3,11% en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). El mismo estudio revela que los estudiantes tardan en recibirse, en promedio, casi dos años más de lo que establecen los planes de estudios.
A estas cifras preocupantes -se calcula que el promedio de graduación en el país para todas las carreras es del 19%- se suman otras: durante la década del 90, la cantidad de alumnos de Ingeniería se redujo de 86.483 a 68.469, mientras los nuevos ingresantes pasaron de 20.055 a 15.991.
"Cuando la Argentina empiece a salir del pozo necesitará ingenieros jóvenes para poner en marcha la industria que producirá todo lo que antes se importaba. En cinco o diez años va a faltar gente", dijo a LA NACION Luis De Marco, decano de la regional Buenos Aires de la UTN, con 10.000 alumnos y un ingreso en disminución.
Según los especialistas, las causas de la baja graduación de ingenieros están en las estructuras mismas de las carreras, que sus propios directivos califican de "densas" -con carga horaria y contenidos de dificultad-. A eso se suma la deficiente formación con que los alumnos llegan del nivel medio, sobre todo en materias como matemática, física y química, que retrasan a los estudiantes en los primeros años o directamente motivan el abandono.
A fines de este año estarán listos los primeros resultados del proceso de acreditación de carreras de Ingeniería, que conduce la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), a la que se sumaron voluntariamente 189 carreras.
En todas las etapas
"La deserción más grande está en primero y segundo año. La enseñanza media es deplorable: los chicos no están preparados para una carrera técnica", dijo De Marco.
A los conocimientos tambaleantes se suman los miedos que desde afuera provocan las carreras de Ingeniería. "Hay un imaginario de que son difíciles y eso agrava las dificultades de los primeros años", dijo Cristóbal Lozeco, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL, con 1500 estudiantes.
Los que sortean el primer impacto encuentran otras dificultades. "Hemos reducido a cinco años los planes de estudios, pero la carga horaria y la exigencia académica siguen siendo fuertes. La carrera se extiende y muchos abandonan porque aparecen obligaciones laborales y familiares", apuntó Jorge González, ingeniero y rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), quien marcó diferencias. Según dijo, el ingreso anual en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de su universidad, donde se estudian ocho carreras de Ingeniería, es de 1200 alumnos, con unos 450 graduados cada año.
Hacia el final de la carrera se concentran otros obstáculos. Mientras muchos estudiantes necesitan trabajar por cuestiones económicas, la propia carrera promueve la experiencia laboral. El acceso a un sueldo y el tiempo que demanda el empleo retrasan la graduación y hasta le quitan atractivo.
"Las universidades ofrecen posibilidades laborales interesantes a sus alumnos. Eso les da la oportunidad de una vida económica más tranquila frente a un horizonte de dificultades después de la graduación. La presión personal y social por graduarse rápido desaparece", dijo Lozeco.
Desde el mundo académico se registraron en los últimos años algunas propuestas para mejorar el panorama. Por ejemplo, la reducción de la duración de las carreras -en el 90% de los casos es de cinco años-, la intención de brindar una formación más general en el grado y dejar lo específico para el posgrado -motivado esto por los acelerados cambios en la tecnología- y vincular las especialidades.
Sin embargo, persiste aún cierto desorden, con más de 250 carreras de Ingeniería en el país, una oferta que se superpone en muchas regiones y una gran cantidad de alumnos que dejaron de cursar en los últimos años, pero continúan registrados como regulares.
El menor esfuerzo
- Desde el mundo profesional, la alarma está encendida hace tiempo. "No hay conciencia de la importancia de la ingeniería para sacar al país de la crisis. Los dirigentes sólo buscan soluciones a problemas coyunturales y miran el corto plazo", dijo a LA NACION Roberto Echarte, presidente del Centro Argentino de Ingenieros. Según afirmó, "hay una falta de estímulo por las carreras de Ingeniería", que adjudicó, simplemente, a que "hoy está desvalorizado el esfuerzo. La gente se vuelca a carreras de menor dificultad".
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